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posible situación de riesgo que también debe atender con la máxima celeridad, pero sin dejar de atender la primera, además de considerar la posibilidad de que una primera situación de riesgo, por ejemplo, una aparente emergencia mé- dica o un choque de vehículos, sea una distracción para enmascarar la ocurren- cia de otra de índole intencional, como un robo o asalto. Estas tareas conjuntas deben realizarse de manera concurrente en unos instantes.
En
videovigilan- cia las
imágenes
de lo que se espera ver correspon- den al
perfil de
ción y las dimensiones de los monitores y de los cuadros que forman el mosaico de imágenes proyectadas.
- La modalidad de monitoreo utilizada, que puede ser de vigilancia activa con un observador dedicado o vigilancia pasiva sin un observador dedicado, así como el uso de apoyos automatizados como algunas plataformas de software para auxiliar en la valoración de las imágenes proyectadas, con base en desarrollos de inteligencia artificial. Para lo cual se tiene que sólo con la modalidad de vigilancia activa y con un elemento humano como observador cabe la posibilidad de apoyar las líneas de anticipar y reaccionar, por su capacidad de tomar decisiones aun con información incompleta, confusa e inclu- so contradictoria. Esto en virtud de que las plataformas automatizadas, por más sofisticadas que sean, no puede ir más allá de los parámetros para los que han sido programadas, aun con aplicaciones de inteligencia artificial en el estado ac- tual de la tecnología.
- El perfil de competencias de los recur- sos humanos adscritos como observa- dores en esquemas de vigilancia activa y su capacidad para aplicar correctamente los procedimientos operativos y sobre todo los protocolos de reacción. Este factor es el de mayor impacto de acuer- do a la premisa que señala: “Con mal personal hasta el mejor de los sistemas puede fracasar, pero con buen personal,
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hasta el más deficiente de los sistemas puede ser de utilidad”, porque sólo el factor humano, con su capacidad de dis- cernimiento, es capaz de continuar su quehacer con los apoyos, sin los apoyos o a pesar de los apoyos si no funcionan bien. La realidad de la videovigilancia urba-
na se puede describir como un escenario en el que un observador, también deno- minado monitorista, está atendiendo dos o más pantallas con un mosaico de múl- tiples cuadros de imagen, cada uno de los cuales muestra un espacio de varios cien- tos o miles de metros cuadrados, depen- diendo de las condiciones de cobertura de cada cámara, proyectados en marcos aglutinados de 10 por 10 centímetros, y mostrando aglomeraciones de decenas o centenas de personas y vehículos en mo- vimiento que obstruyen la visualización de sus figuras y sus actividades. Asimismo esta realidad de la video-
vigilancia urbana le exige al monitorista ser capaz de identificar y localizar en un cuadro el surgimiento de ciertas condi- ciones que pueden manifestar la inmi- nencia u ocurrencia de una situación de riesgo, en medio de un escenario con aglomeración de personas y/o ve- hículos, valorar dichas condiciones para tomar la decisión pertinente respecto al curso de acción a tomar, e iniciar, si es el caso, la aplicación del protocolo de reacción que corresponda. Y todo ello, sin descuidar los demás cuadros de imágenes por si surge otra
normalidad y las imágenes de lo que no debe
verse, al de amenazas o
posibilidades de riesgo
PERSPECTIVA El potencial de utilidad de un sistema de videovigilancia urbana en la realidad cu- bre totalmente los requerimientos de la línea de necesidades para auxiliar, más que nada por las facilidades de graba- ción con que cuentan estas plataformas de tecnología, de tal manera que se pue- de contar con este apoyo independien- temente de la modalidad de vigilancia utilizada, activa o pasiva. Pero la cober- tura de las líneas de necesidades para re- accionar y anticipar es más complicada, porque depende de una combinación particular de los factores de facilidades o dificultades para visualización, moda- lidad de monitoreo y perfil de compe- tencias del factor humano, concurrentes bajo las circunstancias del momento. El quehacer en seguridad es un pro-
blema de detalles y circunstancias, que en el ámbito de la videovigilancia urbana se materializa como una exigencia para mantener el mismo nivel de atención a los detalles bajo una diversidad de cir- cunstancias, que además pueden cam- biar de un momento a otro de manera absolutamente imprevisible. Por ello se puede considerar que el verdadero fac- tor de éxito es el elemento humano, que debe estar convenientemente preparado, pero también dotado con instrumentos de apoyo que le ayuden y faciliten a de- sarrollar su labor, como los indicadores visuales o los planes de observación, por- que para “encontrar”, primero hay que saber “qué buscar”. Como se dice entre cazadores: “el problema no es cazar al oso, sino encontrarlo antes de que él nos encuentre”. n
* Acerca del autor
- David Chong Chong es secretario general para México de la Corporación Euro Americana de Seguridad, CEAS México. Si desea conocer más acerca del autor, consulte su CV en:
seguridadenamerica.com.mx/colaborador
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