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SEGURIDAD PRIVADA


Privada y su Reglamento, que se refiere básicamente a que en la ley se incluyó una nueva modalidad referente a los sis- temas de alarmas, pero se omitió a otras alternativas de seguridad electrónica de igual o mayor proliferación, como la vi- deovigilancia y la geolocalización. A su- gerencia de algunas organizaciones del sector, sí se incluyeron en el nuevo Re- glamento; sin embargo, al mismo tiem- po, se omitió a los sistemas de alarmas, motivo original de la modificación de dicha norma regulatoria. Finalmente se tiene el caso del esta-


blecimiento de regulaciones con un en- foque de seguridad privada, pero desde un marco fuera de este ámbito, como la reciente disposición para la identifica- ción de vehículos blindados, establecida a través de una regulación de automóvi- les: la Ley del Registro Público Vehicular.


DEMANDA SOBRE LA OFERTA


En lo que se refiere al rubro del mercado de los servicios de seguridad privada, se tiene que presenta una situación de pre- dominio de la demanda sobre la oferta, condiciones de inequidad competitiva inducidas tanto por parte de las insti- tuciones comunitarias, como por las empresas irregulares, y con tendencias que incentivan la irregularidad por con- veniencia económica. Entre estas condi- ciones se pueden destacar: La intervención abierta y en algunos


casos con un respaldo jurídico incier- to, cuando no cuestionable, por parte de las instituciones comunitarias que


participan como proveedor de ser- vicios en el mercado a través de las corporaciones de policía auxiliar o del Servicio de Protección Federal, que es parte abiertamente integrante de la es- tructura de la Secretaría de Seguridad Pública federal, lo que le otorga condi- ciones de ventaja al aprovechar algu- nos atributos institucionales, y provo- ca una inequidad competitiva respecto a los particulares. Entre las principales cualidades ins-


titucionales que utilizan estas corpora- ciones de servicio público como venta- ja, se encuentran el uso de la cobertura de la licencia colectiva de armas otor- gada a las empresas de seguridad pú- blica, la posición como juez y parte en la materia para acreditar personal para la prestación de los servicios, el acceso a los recursos del sector de seguridad pública, como apoyo operativo, y el uso de uniformes, colores, insignias y distintivos muy similares, aunque no iguales, a las de estas agrupaciones, condición explícitamente vedada y sancionable para las empresas de la ini- ciativa privada. Existe una lógica y natural predilec-


ción entre los usuarios de los servicios de seguridad privada por proveedores con los menores costos financieros, aunque sin preocuparse si cumplen con las regulaciones establecidas. Esta situación incentiva la existencia y sub- sistencia de distribuidores que no cum- plen con la normatividad, debido a las facilidades de impunidad para quienes favorecen esta irregularidad, con la no-


table excepción de la legislación en el Distrito Federal, en la que al menos se señala corresponsabilidad a los usuarios de servicios irregulares. Esta preferencia suele proliferar con


mayor amplitud entre las medianas, pequeñas y micro empresas, así como entre particulares, como en el caso de conjuntos residenciales y condominios, lo que incentiva la irregularidad por la perspectiva de beneficio en forma de reducción de los costos de operación y por ende, en el precio de los servicios por parte de empresas irregulares, pero que repercute como otra vertiente de inequidad en la competencia comercial adversa a los proveedores que sí cum- plen con las disposiciones normativas en la materia. En este mismo contexto de los usua-


rios de servicios de seguridad privada, se presenta un fenómeno coincidente que consiste en el uso de subterfugios y prácticas de enmascaramiento, e incluso ocultamiento, por parte de particulares para evadir la aplicación de las regula- ciones en la materia, al designar con denominaciones aparentemente ajenas como veladores, porteros, o prevención de pérdidas a personal, que en sentido estricto desempeña tareas que corres- ponden al contexto de la seguridad. Estas prácticas suelen ser operadas en un amplio espectro de usuarios, desde residentes en conjuntos habitacionales, personal interno en grandes corporacio- nes y hasta grandes cadenas de centros comerciales. Como en cualquier ámbito de nego-


cio existen coincidencias y discrepan- cias de ópticas, doctrinas y prácticas en- tre las diversas asociaciones, empresas y organizaciones en general. Sin embargo, en el sector de la seguridad privada, las discrepancias no sólo parecen exceder a las coincidencias, sino que las abruman llegando en ocasiones al punto de la confrontación. Entre las principales causas de dis-


conformidad y sobre todo de las con- frontaciones, se puede destacar el in- tento de algunos actores para aplicar estrategias comerciales que se podrían interpretar como de prácticas tal vez no monopólicas, pero sí con un sentido de cártel en el sector, orientadas a alcanzar una posición de dominancia del merca- do a partir de la eliminación a cualquier costo y de cualquier manera, de las po- sibles fuentes de competencia relevantes o significativas, e imponiendo condicio- nes a las formas de negocio en el sector que les favorezca y les de una ventaja competitiva.


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Foto: © Tyler Panian | Dreamstime.com


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