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romano germánico, que además docu- menta paso a paso el proceso, sino por una demoledora ineficiencia, nulo siste- ma de incentivos o mejor dicho, un sis- tema que estimula vicios, no virtudes. También lo es porque en nuestro país se viola sistemáticamente el principio de presunción de inocencia. Los reos se esperan años en proceso


para poder llegar a la etapa de cumplir la sentencia, mientras sigue el proceso desde la cárcel. Esta situación afecta a casi la mitad de los reos, ésta es una pa- tología que se encuentra enquistada en el mismo cuerpo legal. Igualmente encontramos razones en


la distribución de los reos, ya que exis- ten cárceles rebasadas por mucho en su capacidad y algunas están a la mitad. Y es que la ubicación de los juzgados


penales no siempre coincide con la de los centros de reclusión, lo que “no sólo dificulta el seguimiento de los procesos penales, sino que también pone en ries- go a la seguridad penitenciaria, al reque- rirse constantemente el traslado de reos a distintos juzgados para desahogar sus diligencias”.1 Las penas de prisión son cada vez


más largas, por lo que se puede decir que es un sistema más represivo que readaptador, a contrapelo de las tenden- cias mundiales del derecho penal.


CORRUPCIÓN


Sin duda el cáncer número uno del país es la corrupción, no sólo de las prisiones; en estas, la crudeza es mayor. Empezar porque los perfiles de los servidores pú- blicos no son los adecuados. Todavía hay una enorme dosis de improvisación, de coyuntura o de compadrazgo en los puestos críticos. También la corrupción es consecuen-


cia de la falta de control de la autoridad. Ésta queda rebasada frente a la sobrepo- blación penitenciaria y su propia incom- petencia y, por tanto, cede el poder o el control a los mismos internos. Sea por intimidación o por ambi-


ción, estas autoridades insuficientes, poco comprometidas y francamente in- eficientes, son cooptadas por el crimen organizado. Bajo estas condiciones, los centros


de reclusión se vuelven epicentros de jugosos e ilícitos negocios en donde todo se vende: drogas, aparatos, telé- fonos, alcohol, prostitución, las visitas familiares, íntimas, y toda la gama de productos que pueden conseguirse en las cárceles. En este retrato crudo, las prisiones se convierten en territorios de disputa, en


donde las autoridades son mudos testi- gos de los choques de organizaciones delictivas diversas. Y más allá, las au- toridades acaban siendo rehenes de los propios internos, en donde la disyuntiva es la plata o el plomo. Hoy las cárceles, particularmente a


nivel local, se han convertido no sola- mente en escuelas del crimen, sino tam- bién en puntos neurálgicos de la econo- mía criminal, al constituirse en grandes centros de mercadeo de todo lo ilícito que uno se pueda imaginar.


SISTEMA Y PROYECCIÓN


El sistema acusa también de falta de coordinación, no nada más entre los distintos poderes que intervienen, sino también en los distintos niveles de go- bierno. Por un lado presenta una pavorosa


asimetría. Mientras a nivel federal ya se tiene otro enfoque, con medidas que cumplen estándares internacionales y sistemas de avanzada, a nivel local hay casos que persisten en la era paleozoica. El ejemplo de Apodaca y otros dan


cuenta que a nivel local persiste un enorme rezago. Hay incluso casos extre- mos que, ignorando toda legislación en materia de derechos humanos, llegan a encadenar reos frente a la falta de celdas. Esto, pues, tiene que cambiar, y el en-


foque federal tiene que permear a nivel local y en todo el territorio nacional. Para empezar hay descoordinación


y exceso de reglamentación. Hoy en día existen 32 “leyes carcelarias en el país, reglamentos, circulares y una diversidad de disposiciones que propician la discre- cionalidad, la vulneración del principio de certeza jurídica y, en consecuencia, corrupción”.2 Es necesaria la actualización y la ho-


mologación de todas esas normas para entonces poder hablar de un verdadero sistema penitenciario mexicano. Esta necesaria homologación del marco legal tendrá que venir acompañada de una or- ganización diferente, con personal capa- citado e infraestructura adecuada. Y es que en la actualidad existe una


alarmante improvisación, en donde lo provisional se vuelve permanente por la fuerza de la costumbre. Así, se tejen redes de intereses y se cae en un círculo vicioso dif ícil de romper, con una apa- bullante “indiferencia frente a la readap- tación, una distorsión del socorro de la ley, abuso del recurso de prisión preven- tiva, lenidad en la impartición de justi- cia, y en general de la corrupción que ha permeado los distintos procesos del sistema penitenciario”.3


Se requiere una visión integral del


fenómeno carcelario que responda a la necesidad de reinserción social, de la readaptación social, del rezago tecno- lógico y estructural, así como insertarlo a la estrategia general de seguridad del Estado. Patricio Arias nos ofrece un dato ate-


rrador: El 95% de los reos salen libres. La pregunta es ¿cómo los queremos afue- ra?, ¿cómo delincuentes entrenados? o ¿cómo personas capaces de reinsertarse en la sociedad? ¿Qué sucede cuando salen de la cár-


cel y no hallan a nadie que les brinde una oportunidad de trabajo? Recurren a lo que aprendieron en la cárcel. Y ¿qué se aprende hoy en la cárcel? A robar, ex- torsionar, traficar con cuánto producto ilícito nos podamos imaginar. ¿Eso que- remos? Más bien, lo que se requiere es cam-


biar el enfoque de un sistema enfocado en el castigo a uno concentrado en la readaptación, desde que los reos entran a la prisión hasta meses después de que salgan. Para ello la solución pasa por la educación, la salud, el deporte, la ca- pacitación, el trabajo y la indispensable participación de la sociedad y la iniciati- va privada. Que los internos tengan la posibili-


dad y obligación de estudiar y trabajar dentro de la cárcel, de capacitarse, de es- tar constantemente preparándose para la vida fuera de la prisión, sin la disci- plina carcelaria; es decir, hacer una vida de provecho, aún estando tras las rejas. Sólo así construiremos un sistema auto sustentable, capaz de dar respuesta po- sitiva a las necesidades de México. Así de claro. De lo contrario, seguirá siendo una bomba de tiempo. n


*Para contactar al autor puede hacerlo a través de Twitter: @CiroDi


Referencias:


1 Patiño Arias, José Patricio. Nuevo Modelo de Administración Penitenciaria. Editorial Porrúa, 2010.


2 Idem 3 Lara Khlar, Marco. Prisión sin Condena. Editorial Debate, 2008.


* Acerca del autor


- Ciro Di Constanzo es presidente de BluGroup y titular del noticieron “Las Noticias” en Reporte 98.5. Si desea conocer más acerca del autor, consulte su CV en: seguridadenamerica.com.mx/colaborador


PRISIONES 147


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