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PRISIONES


a ella en las mejores condiciones para potenciar su desarrollo personal y profe- sional en el marco de la ley, apoyado por nuevas habilidades laborales y una mejor educación. Los costos para el sector sa- lud de individuos enfermos son elevados y más si provienen de los centros de re- clusión donde el Estado debió atenderlos. De ahí que organizaciones dedicadas a la salud en sus distintas ramas e incluso las deportivas nacionales y locales partici- pen como parte de una estrategia integral con enfoque preventivo.


Referencias


1 Término de alcance internacional utilizado para referirse a quienes se encuentran en prisión o cárcel cumpliendo sentencia.


2 Andrew Coyle, “Prison Reform Efforts around the World: The Role of Prison Administrators”, en Pace Law Review, 24 (2), 2004, pp. 825-832; Elías Carraza, “Introducción”, en Elías Carranza (Coord.), Cárcel y Justicia Penal en América Latina y el Caribe, México, Raoul Wallenberg Institute-ASDI-ILANUD-Siglo XXI Editores, 2009, pp. 11-14.


3 Véase José Luis de la Cuesta Arzamendi, “¿Es posible un modelo compartido de reeducación y reinserción en el ámbito europeo?”, en Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminológica, 10 (9), 2008, pp. 1-36, http://criminet.ugr.es/recpc/10/ recpc10-09.pdf; Juan Manuel Ramírez Delgado, “La reforma constitucional en materia penal. Artículo 18 constitucional”, en Revista del Instituto de la Judicatura Federal, Núm. 27, 2009, pp. 237-252. Para efectos de este documento se utilizará el término reinserción.


4 Andrew Coyle, La administración penitenciaria en el contexto de los derechos humanos, Londres, Centro Internacional de Estudios Penitenciarios, Reino Unido, 2009 (2ª Edición).


5 Elena Azaola y Marcelo Bergman, “El sistema penitenciario mexicano”, en Arturo Alvarado (Ed.), La Reforma de la Justicia en México, México, El Colegio de México, 2008, pp. 745-779.


6 Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, El sistema penitenciario español, Madrid, s.p.i., 2010.


7 Dirección Nacional de Gestión Curricular y Formación Docente, Programa Nacional Educación en Establecimientos Penitenciarios y de Minoridad, Argentina, Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, 2004.


8 Cfr. Reglas mínimas de las Naciones Unidas sobre las medidas no privativas de la libertad (Reglas de Tokio), Suiza, Organización de las Naciones Unidas, 1990.


9 Cfr. Consejo para la Reforma Penitenciaria, Recomendaciones para una nueva política penitenciaria, Santiago de Chile, CEJA -Universidad de Chile-Gobierno de Chile-FLACSO -Fundación Paz Ciudadana, 2010.


10 Lucía Dammert y Liza Zúñiga, La Cárcel: problemas y desafíos para las Américas, Santiago, FLACSO-Chile, 2008, p. 11.


11 Dirección General de Centros Penales, Prevención de la violencia carcelaria, Buenos Aires, Ministerio de Seguridad Pública y Justicia de la República de El Salvador, 2007; y Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, El sistema penitenciario. Manual de instrucciones para la evaluación de la justicia penal, Nueva York, Naciones Unidas, 2010.


12 Pablo Piccato, “Una perspectiva histórica de la delincuencia en la Ciudad de México”, en Arturo Alvarado (Ed.), op. cit., p. 651.


13 Cfr. Andrew Coyle, La administración penitenciaria…, op. cit., p. 24. 14 Rodrigo Pantoja, “La evidencia empírica de reducción de la reincidencia delictiva,


como herramienta para la seguridad pública y la integración social”, en Debates penitenciarios, Núm. 13, 2010, pp. 3-18.


15 Instituto Nacional Penitenciario, La Educación en Contexto de Privación de la Libertad, Lima, República del Perú, 2009.


16 Alicia Azzolini Bíncaz, Luis de la Barreda Solórzano, et. al., Los derechos humanos en la prisión, México, Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, 1997.


17 Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCRH), Protocolo de Estambul, Ginebra, Naciones Unidas, 2004; y OHCRH, Los derechos humanos y las prisiones, Ginebra, Naciones Unidas, 2005.


* Acerca del autor


- Issac Armando Arteaga Cano es consultor independiente para evaluación de programas públicos. Si desea conocer más acerca del autor, consulte su CV en: seguridadenamerica.com.mx/colaborador


144 www.seguridadenamerica.com.mx


-Derechos humanos. Las críticas a la operación de los centros de reclusión en el mundo se centran en la violación de derechos humanos.16


La situación ha


llegado a tal grado que organizaciones internacionales han priorizado accio- nes encaminadas a evitar la tortura en la cárcel y a promover entre los funcio- narios penitenciarios el respecto a los derechos fundamentales de los priva- dos de libertad.17


La ciudadanía puede


participar activamente en la supervisión de las acciones de los funcionarios pe-


nitenciarios, mediante denuncias de violaciones a derechos humanos. Sin embargo, también pueden participar mediante la promoción de acciones de concientización dirigidas a los internos, que abonen a su proceso de tratamiento en prisión, y promover entre ellos el res- peto a valores cívicos.


CAMBIO DE VISIÓN


El Estado y, por ende, el Gobierno no deben ser los únicos responsables de los resultados del proceso penitencia- rio y de la reinserción del interno. Los ciudadanos y la sociedad organizada pueden y deben asistir a las autorida- des penitenciarias generando conoci- mientos, herramientas y recursos para apoyar las tareas de reinserción en los centros de reclusión. De tal suerte, las organizaciones so-


ciales, empresariales, académicas, edu- cativas, deportivas, médicas y de dere- chos humanos, a su vez, deben transitar de una visión reactiva y negativa, a una proactiva y positiva para involucrarse de lleno en la solución de los retos peniten- ciarios y favorecer así, mejores condicio- nes de seguridad pública y un mejor de- sarrollo de la población que se ha visto involucrada en procesos delictivos. La participación de la sociedad en


los procesos de atención penitenciaria es fundamental para lograr que los in- ternos efectivamente reciban las herra- mientas para que una vez en libertad no participen en nuevos actos delictivos y acepten vivir en el marco de la ley. No obstante, el cambio más importante re- sulta en la propia visión de la sociedad sobre la cárcel y quienes en ella purga- ron alguna condena. Trascender visio- nes y percepciones colectivas a través de las cuales los centros penitenciarios son únicamente espacios de corrup- ción, crimen y contención de quienes violaron la ley y no lugares donde debe promoverse un cambio en los internos, llevará tiempo. Pero este cambio es el más sensible si se quiere transitar hacia un Estado de derecho pleno, de mayor seguridad y donde prevalezca la justicia sin distingo. n


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