casos y rostros
ninguno de esos factores va a limitar que desfalque los platos de todas sus amista- des a punta de pellizcazos. A la larga, su extraño plan resulta en que come más que nadie y no gasta ni un centavo. Una verdadera experta en psicología inversa.
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persona que más come en la feria y el de la persona que más se ensucia mien- tras come. En cuanto a lo primero, per- dió hace años la pena por pedir un tobo de pollo, puré, papitas fritas, maíz y una Coca Cola extragrande, todos en la misma sentada. Sus amigos aprendie- ron a quererla así con su apetito voraz, sin importar las miradas de asombro de los demás. Con respecto a lo segundo, suele no prestarle atención al hecho de que no existe alimento más desastroso para comer que el pollo frito, un alimen- to que deja marcas, olores y manchas en nuestra piel, cual si hubiésemos sido abu- sados por un pollo de dos metros duran- te el almuerzo. Si algún día nos encontra- mos en la situación de querer sobornarla con algo, no existe nada que ilumine más el brillo de sus ojos que una ración de ali- tas. Fritas: alegría grande. Al estilo Buffa- lo: júbilo desbordado.
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La postrera
Prefiere ver la feria más en tér- minos de postres que de comidas
completas. Churros, helados, golfeados, cinnamon rolls… Ninguno se ha salvado de sus dulces tentaciones. Más que cual- quier otro de los personajes en la lista, que responden a necesidades genuinas de alimentarse, la postrera suele regir- se por el principio del antojo, sólo com-
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parable con el de mujeres embarazadas (vale acotar que en los casos en que la postrera está embarazada y se encuen- tra en una feria, no existe nada, NADA, que pueda desviarla de ingerir cuanta tentación azucarada se atraviese en su campo visual). Suele tener a su lado a su pareja, un ser de paciencia ilimitada que debe estar alerta a partir de las 5 de la tarde de cada día para cuando la reserva dulce de su novia/esposa esté por agotar- se. Llamemos a esta labor una “guardia golosa”. He presenciado con mis propios ojos cómo, en uno de esos domingos de flojera, la postrera -que lleva desde que se despierta echada en su cama viendo tele- visión- brinca cual alarma de incendio al decir las palabras mágicas: “¿Alguien se anota en un helado?”
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La pellizcona
Su grito de guerra es, probable- mente, la frase más engañosa
jamás pronunciada: “no tranquilo, yo ya almorcé…”. Aquellos que se dejen conven- cer por ella serán víctimas de un intem- pestivo ataque a su bandeja al arribar a la mesa bajo la excusa del famoso “te voy a quitar un mordisquito…”. Generalmen- te, su falta de hambre inicial viene liga- da a dos factores: por un lado el hecho de que no quiere engordar y, por el otro, el hecho de que nunca tiene plata. Pero
El comesano
Resultado lógico de los movi- mientos modernos anticalorías
y prosalud, se encuentra el comesano, un sujeto que prefiere los confines de su pro- pia cocina a la hora de comer, pero cuya vida laboral y círculo de amistades obli- gan a asistir contra su voluntad a ferias de comida. Ha entendido, con el tiem- po, que esto no necesariamente tiene que traducirse en cosas fritas acompaña- das con más cosas fritas encima de una cama de cosas fritas, sino que es posi- ble hallar cosas saludables como lechu- ga y cebolla, incluso si no se encuentran entre dos panes de hamburguesa. Tener a una de estas personas comiendo con uno puede llegar a ser una experiencia muy desagradable, sobre todo si empie- za a hablar de lo importante que es la nutrición y lo dañinas que son las gra- sas mientras sostenemos con nuestras manos una hamburguesa enorme que tememos soltar por miedo a que se abra a causa de la cantidad de tocineta, queso fundido y papitas molidas que golosa- mente le colocamos.
sushi per capita, sólo superada por Tokio? Este dato lo acabo de inventar, pero no me extrañaría en lo absoluto si fuese cier- to. Solamente en Los Palos Grandes hay más locales de sushi que casa residencia- les. La come sushi fue producto del inicio de la moda japonesa en Caracas y, desde entonces, no pasa una semana sin ingerir roles. Tiende a ser un poco pretenciosa y vestir a la moda del momento. Aprendió a usar los palitos chinos a la tierna edad de los nueve años. Entre sus característi- cas negativas está que se suele burlar de aquel que no le gusta la comida japonesa, aludiendo que “no le gustan esas cosas crudas” y de aquellos inexpertos que sólo conocen el California y el Alaska. Tiene los menús de más de 40 sitios de sushi en su memoria, clasificados por ingredientes y por precios.
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La come sushi
¿Sabían que Caracas es la segunda ciudad del mundo en consumo de
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