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casos y rostros

momento donde te da un ataque de páni- co”. Como profesionales de la improvisa- ción que eran casi todos, nunca se detu- vieron a pensar que ese ataque de pánico no era parte de la instrucción, sino que lo incorporaban a su rutina de actuación. El resultado es que la interpretación es bien orgánica.

-¿Qué tan “improvisado” fue el proceso de producción?

-No fue improvisado en lo absolu-

to. El proceso de produc- ción fue tan preparado y pre-producido tal y como si estuviésemos rodan- do Avatar. Ahora, ¿que si tuvimos que improvisar? Por supuesto, pero eso pasa en todos los sets. Un día, una de las escenas se fue por otro lado que no estaba en la escaleta y nos pareció mejor que lo que teníamos nosotros, sólo que ahora el resto de la historia no tenía senti- do. Esa noche nos fuimos todo el equipo creativo a casa del productor y estuvimos hasta las cinco de la mañana viendo cómo hacía- mos para encarrilar la historia de nuevo.

-¿Consideras entonces que el guión no es una herramienta indispensable para hacer una película?

-Definitivamente. No creo que el

guión sea indispensable. Sin embargo, en nuestro caso, sin una sólida escaleta no hubiésemos sido capaces de hacerlo. Ahora, ¿sabes qué es difícil? Conseguir financiamiento para una película improv, porque por lo general la gente se lee el guión, se enamora y aporta. Sin guión es más complicado de hacer, pero no te imaginas las ganas que tengo de hacer otra. La experiencia es, simplemente, única.

-¿Qué te han dicho los puristas del guión sobre tu experimento?

-Ha sido interesante. Unos piensan

que soy un loquito de carretera, otros piensan que la idea es genial. Sin embar- go, es algo que se ha hecho antes. Creo que la gente no lo ha publicitado mucho porque el término “improvisado” suena peyorativo. Nosotros no tenemos ningún problema en hacerlo, pues estamos orgu- llosos de nuestra película.

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| Abril 2010

Cine Guerrilla

Cuando vean subHysteria y lean los cré-

ditos, se darán cuenta de cómo la mayo- ría de las personas del equipo técnico tie- nen como mínimo tres cargos. No podía ser de otra forma, si se quería sacar ade- lante este proyecto con tan solo 130.000 dólares (una ganga comparado con lo que puede costar una película promedio). “Esta es la cinta venezolana más barata que se estrena en los circuitos nacionales. Por eso es que queremos meter un millón de espectadores en las salas de cine, porque sería tan paradójico que la historia de David y Goliat se repi- tiera”, comenta Zelig. Financiado entre fami-

lia, amigos, vecinos, pro- duct placement y alianzas estratégicas, la película es hija mestiza de Esta- dos Unidos y Venezuela y un claro ejemplo del lla- mado Cine guerrilla, del cual su director es fervien- te militante. “Este es un genero dentro del mismo cine independiente. Gene-

ralmente, cualquier película que se haga por menos de 500 mil dólares es conside- rada guerrilla. A eso le sumas el hecho de tener un equipo técnico súper reducido, muy pocas locaciones y pocos actores. En dos platos: Es hacer cine con las uñas. Pelí-

culas como El Mariachi, El Proyecto de la Bruja de Blair, Open Water y más reciente-

mente Actividad Paranormal, son películas guerrilla que han trascendido el umbral de más de 100 millones de dólares de taquilla. “La promoción también es estilo ‘guerri- lla’. Se nos ocurrió hacer un Taller Práctico de Mercadeo Guerrilla de Películas, usan- do como plataforma a subHysteria. Hasta ahora, tenemos casi 30 miembros que, sin ningún tipo de interés, más que ayudar- nos porque les gusta el concepto, se han convertido en nuestro motor de mercadeo. Ahora siento que en la unión está la fuer- za. Nos autodenominamos el SubHysteria Street Team y nuestra labor es convertirnos en multiplicadores de las ideas que quere- mos transmitir, desde nuestra consigna sH 30-A (subHysteria el 30 de abril), pasando por performances públicos. Si quieres ser parte, sólo ingresa el nombre en Facebook y nos encontrarás. No puedo decir mucho, porque queremos sorprender a todos. Sí les digo que subHysteria va a estar, literalmen- te, ¡hasta en la sopa!”, concluye Zelig.

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