casos y rostros
Recetario de femineidad
Aceites esenciales para la relajación y la belleza. Hacer del
vestirse un sofisticado ritual mientras se disfruta de una copa de vino. Mascarillas de yogur, miel, lechosa, avena y otras deli- cias de la naturaleza. Comer algunas golosinas con alto poder antioxidante. Cómo manejar un lenguaje corporal adecuado en todo momento. Glamour para llevar es un suculento libro que muchas mujeres consumirán como el más preciado bocado.
-¿Qué ofrece Margarita Zingg en Glamour para llevar a las venezolanas?
-Trabajé 25 años corridos en la industria de la moda y me la he
pasado dando consejitos sobre esta materia a diestra y siniestra: siempre me preguntan qué usar para ir a un matrimonio, cómo hacer una maleta, cómo vestirse para una cita de trabajo, qué com- prar… el libro incluye todo esto, es muy redondo y completo. Es ade- más muy bonito, ligero y liviano. Está lleno de anécdotas divertidísi- mas, fotografías y dibujos. Conté con un grupo maravilloso de gente para escribir el libro: las ilustraciones son de Juan Carlos Ariza, el montaje fue hecho por Jacqueline Sanz y fue editado por Cynthia Rodríguez. Todos ellos son maravillosos.
-¿El libro tiene algún propósito social? ¿Pretende ejercer algún cambio cultural?
-Definitivamente. No pretende tanto como un cambio cultural;
pienso que en la Venezuela de hoy, en vez de estar todo el día lloran- do y criticando, debemos aportar, sumar en vez de restar. Yo puedo sumar desde el área que yo conozco, que es la moda: ayudar a las vene- zolanas a verse mejor, a ser más glamorosas en todo el sentido de la palabra. Mario (Aranaga) y yo somos muy buenos amigos y conversa- mos a menudo. En una de esas conversaciones, dijimos: ¿Por qué no hacemos un libro donde juntemos todos estos consejos y conocimien- tos que tenemos los dos y se lo damos al público? Así contribuiríamos a que la gente se sintiera mejor, porque ¿qué te sube el ánimo y te hace sentirte rápidamente bien? Verte bien.
-Para Margarita Zingg, ¿qué es el glamour?
-Es una manera de estar, de ser. Va más allá de estar bien
vestido, se trata de algo más profundo. Ser glamorosa no signi- fica tener un clóset lleno de ropa: hay mucha gente que tiene un armario limitado, pero es muy glamorosa.
-¿Es lo mismo ser chic que ser glamorosa?
-El glamour se refiere más a tu manera de ser, y lo chic tiene
que ver más con lo que tengas puesto y cómo te ve la gente. Lo primero es algo que nunca vas a perder. Ser chic es más fácil que ser glamorosa. Pudiste ser chic en algún momento de tu vida y de repente lo pierdes.
-¿La venezolana ha evolucionado en cuestión de estilo?
-Ha empeorado. Fue una mujer considerada en el mundo como
extremadamente glamorosa. Cuando Christian Dior abrió su pri- mera boutique fuera de París, lo hizo en Venezuela. El diseñador opinaba que la venezolana era la mujer más glamorosa, después de la francesa, ¿te imaginas? Nuestra mujer de los años cincuenta, sesenta, setenta y diría que hasta de los ochenta deslumbró fuera de nuestra fronteras. Ibas a una montaña y, si decías que había alguna venezolana, todos querían ver cómo estaba, porque eran increíbles. Ahora, la venezolana está como el país: un poco dete-
léala en www.revistasaladeespera.com
riorada. Creo que se ha uniformado mucho. Si yo pudiera dar un único consejo, creo que sería ser individual. No queremos ser una masa uniforme, sino distinguirnos los unos de los otros.
-¿Cómo fue trabajar junto a Mario Aranaga?
-Nos divertimos muchísimo. Fue excelente, tuvimos una
comunión semanal de lo que yo había escrito y lo que él había escrito. No hubo baches de ningún tipo y los dos manejamos el tema con un criterio parecido. Coincidíamos mucho, tenemos una visión similar de la moda.
-Háblenos de su relación con Boris Izarrigue, quien siempre la nombra con mucho cariño y admiración.
-¡Qué orgullosa me siento! Boris, el enfant terrible que conocí
siendo un niño tremendo, se ha convertido en un señorazo con un éxito internacional. Para mí, Boris es como un hermano menor. Lo quiero enormemente. He estado con Boris en Madrid y es muy divertido. Salimos a caminar una noche después de cenar en su casa, pues se ofreció a acompañarme a mi hotel. Íbamos caminan- do y la gente le gritaba: “¡Boris, qué bello eres!’ (risas). Yo le decía: “Boris, me siento mal, yo soy la mujer aquí” (risas). Era muy entre- tenido, salir con él en Madrid era una aventura. La gente lo ama y se apasiona, porque los españoles son muy apasionados. Él crea un mundo de emociones. Boris es un sol, un buen amigo.
-¿A quién considera un ícono del glamour en Venezuela?
-Venezuela está llena de íconos del glamour. Hay muchas
mujeres glamorosas y no me gustaría nombrar a una en par- ticular. Creo que hay cantidades en todos los medios que se saben comportar, desenvolver y vestir estupendamente. Ade- más, la venezolana me parece excepcionalmente bonita.
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