REDES E INFRAESTRUCTURA TI
LOS RIESGOS DE ESPIAR A LOS “AMIGOS”
La credibilidad y el liderazgo del Gobierno de Estados Unidos se encuentran sumergidos en una crisis sin precedentes
lidar la integridad ética y moral de estas personalidades, conocer su perfil polí- tico, definir con precisión su personali- dad, saber cómo negociar con ellos, in- fluir en sus decisiones, prevenir riesgos y hasta desprestigiarlos o eliminarlos de la escena política, si actúan de manera contraria a sus intereses. Si bien es cierto que es dif ícil enten-
MÉXICO E *David Anguiano
s dif ícil entender la necesidad compulsiva que tienen algunas personas de enterarse de la vida de los demás y no me refiero a enterarse de la vida de los artistas o
cantantes de moda, sino a la vida de sus vecinos, compañeros de trabajo y hasta de sus “amigos”. Desde luego, los psicólogos tienen varias explicaciones
científicas para esta necesidad que van desde la inseguridad que tienen las personas en sí mismas, la falta de sentido y rea- lización de su existencia, hasta el temor y la necesidad incons- ciente de que otros los traicionen o superen en algún aspecto. Es cierto que la mayoría de los jefes de Estado de casi todas
las naciones del mundo, destinan en la actualidad importantes cantidades de dinero y de recursos para la práctica del espio- naje, el cual, en la mayoría de las ocasiones, va más allá de los límites, no sólo de las leyes y de la ética, sino de la propia ima- ginación. No obstante, con la creciente penetración del inter- net y las redes sociales, el espionaje internacional ha pasado de enfocarse en blancos muy específicos; es decir, de ser selectivo por definición, a la posibilidad de adquirir una dimensión ma- siva e indiscriminada para los países que van a la vanguardia tecnológica.
EL ESPIONAJE QUEDA AL DESCUBIERTO
Las agencias de “inteligencia” de los Estados Unidos, no sólo han hecho todo lo posible por ubicar, obtener evidencias y capturar a los criminales que catalogan como los más bus- cados y a los terroristas reales o potenciales que consideran como una amenaza para su seguridad nacional dentro y fuera de sus fronteras, sino que también, han hecho todo lo que es humana y tecnológicamente posible para enterarse, en tiem- po real, de las conversaciones confidenciales, las decisiones políticas, los negocios, los encuentros y la vida privada de los presidentes de diferentes naciones del mundo, incluyendo al- gunas de las más poderosas, con el propósito de calificar o va-
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der esa necesidad enfermiza de inmis- cuirse en la vida y los asuntos de otros, estarán de acuerdo conmigo, en que es aún más dif ícil y vergonzoso para el Gobierno de los Estados Unidos tener que justificar y exponer razones válidas y convincentes ante la comunidad inter- nacional para explicar por qué han es- tado espiando a diferentes líderes mun- diales; pero más aún, cuando se trata de jefes de Estado de países supuestamente “amigos” o aliados. Probablemente alguna vez escucha-
mos la frase: “¡No tengas pena, pena es robar y que te cachen!”. Hoy día podría- mos actualizar esa frase de la siguien- te manera: “¡No tengas pena, pena es espiar y que te cachen!; es decir, robar información, inmiscuirte en la vida pri- vada de otros y que te sorprendan ha- ciéndolo. Sin embargo, el embajador de Estados Unidos en México, Anthony Wayne, no pareció muy avergonzado al reunirse con el canciller mexicano José Antonio Meade, el día 24 de octubre de 2013 en la Secretaría de Relaciones Ex- teriores ya que, más allá de sus palabras, Wayne no pudo ocultar en su rostro una sonrisa sarcástica al hablar del tema ante los medios de comunicación, como si se estuviera refiriendo a una travesura co- metida por un niño. Desde luego, no podemos ser inge-
nuos, sabemos perfectamente que la in- formación es poder y que la nación más poderosa del mundo puede argumentar un sin número de razones para justifi- car el espionaje, como el hecho de que todos los Gobiernos lo hacen; pero con
las revelaciones de Edward Snowden, ex consultor de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), el daño ya está hecho y muy probablemente le va a tomar al Gobierno de los Estados Unidos varios meses o años reconstruir sus relaciones internacionales y recuperar la confianza de los jefes de estado que han sido vícti- mas del espionaje.
CONSECUENCIAS DE ESPIAR A LOS “AMIGOS”
Hoy día, los gobernantes de la nación más poderosa del mundo tendrán que aprender la lección de que espiar a los socios, a los vecinos y a los supuestos “amigos”, suele tener consecuencias y ocasionar heridas que a veces tardan en sanar varios años, si no es que nunca se curarán, cuando la otra parte descubre que ha estado siendo espiada, que su confianza en el otro ha sido traiciona- da. Lo que sigue irremediablemente es una crisis, una pérdida de confianza y credibilidad en el sujeto que ha estado espiando. Tan sólo pensemos qué suce- de cuando una persona es sorprendida por su pareja revisándole las llamadas o mensajes de su teléfono celular. Realizar una serie de tareas de espio-
naje para detectar y prevenir ataques te- rroristas y obtener evidencias de redes y líderes criminales puede tener justifica- ciones aceptables; sin embargo, espiar a los “amigos”, en realidad habla de que tal vez no son amigos de verdad, de que no se tiene una auténtica confianza en ellos, sino por el contrario, de que existen re- servas y temores, fundados o infundados sobre su comportamiento. Espiar a los “amigos”, a los aliados o a
los socios, en realidad, es muestra de una insuficiente capacidad de diálogo y de co- municación entre los espías y las personas que son espiadas, es un signo inequívoco de que no se tiene o no se ha creado la con- fianza necesaria para expresar directamen- te ciertas reservas, inquietudes o temores.
Foto: © Redbaron |
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