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Un pequeño ejemplo es un incidente


personal de hace unos meses cuando es- peraba tomar un vuelo en el aeropuerto de Houston. Decidí ir a mirar en el Duty Free, como hago regularmente cuando viajo internacionalmente. Sorprenden- temente fui detenido rudamente en la entrada y me dijeron: “Si no tiene un pase de abordar internacional no puede entrar en esta tienda”. Mi reacción fue de confusión y pensé que estaba en el país equivocado. Al detenerme me comenta- ron que la medida era orden del Depar- tamento de Homeland Security. Me pregunté ¿qué tiene que ver esto


Hay una pregunta que debemos de


hacer, si alguno de los pasajeros repre- senta un peligro a los Estados Unidos y su interés es usar la aeronave como un medio para sus acciones, ¿por qué espe- rar a que cambie de avión? Su acto de terrorismo lo debe de ejecutar antes de aterrizar. De hecho los dos atentados fueron


en tránsito antes de aterrizar. Así que ¿por qué hostigar a los pasajeros otra vez? Por lo menos se pueden aceptar las medidas de ciertos países y permitir que los pasajeros que de ahí provengan lle- guen y hagan una transición normal. Los dos incidentes a que hacemos


referencia fueron de amateurs en sí, y a pesar de no haber tenido éxito y poca probabilidad de triunfo, sí han logrado causar un extraordinario caos y sobre- rreacción que vino a raíz de los actos, y aún estamos pagando las consecuen- cias. Quienquiera que esté atrás de es- tos atentados sabe que todo lo que tiene que hacer es enviar a alguien para cau- sar pánico e inmediatamente se crearán nuevas reglas y se gastarán millones de dólares, lo cual asegurará que el evento no se repita. Estos incidentes son seguidos por


una prensa hambrienta de escándalos; y quienes especulan más allá de lo razo- nable y las autoridades, que son líderes desde atrás, se sienten felices al escuchar al grupo que se dedica a decir: “y si esto, y si aquello”, mientras discuten en públi- co sus escenarios apocalípticos.


Los burócratas de TSA y otras


agencias toman una actitud muy sim- ple: “más vale estar seguros que que- mados” y hacen juego con cualquier propuesta aunque no tenga sentido -en estos días escuchamos al direc- tor de TSA iniciar la discusión con la prensa de la posibilidad de “bombas vivas”, en forma de personas, como las “mulas” de drogas que aceptan la in- troducción de explosivos en sus cuer- pos de forma quirúrgica-. Asumiendo que éstos, junto con los


bombarderos de “zapato, del calzón y del champú” pudiesen haber logrado sus objetivos, lo que el público desconoce es su capacidad real de derribar una ae- ronave o solamente hacer daño al área donde se encuentran sentados. Es necesario llevar este diálogo al ni-


vel donde se entienda adecuadamente el riesgo y, por supuesto, no dar ideas nuevas en relación a la cantidad real de explosivos necesaria y otros puntos im- portantes.


SEGURIDAD EXTREMA O ABUSO A PASAJEROS


Hay muchos ejemplos de los abusos dia- rios a pasajeros, especialmente en los Estados Unidos y éstos son legendarios. La pregunta real es: ¿aquellos a quienes les hemos dado la responsabilidad de protegernos, están convirtiéndose en defensores o guardias de campo de con- centración?


* Acerca del autor


- Coronel Eric Rojo Stevens, USA (Ret), es socio director de Magination Consulting International y coordinador de temas en Seguridad del CEDAN dentro del ITESM. Si desea conocer más acerca del autor, consulte su CV en:


seguridadenamerica.com.mx/colaboradores TRANSPORTE SEGURO 63


con no poder entrar a una tienda en el aeropuerto? Bastante, si sumamos todo lo que nos estamos haciendo en el nom- bre de protegernos de terroristas. No hay duda de la necesidad de evitar otro ataque terrorista y proteger los intereses del mundo libre. Los métodos por los que pretendemos lograrlo dejan demasiado que desear, ya que estamos permitiendo que un pequeño grupo paranoico imple- mente medidas que no dan seguridad a cambio de demoras costosas y abusos constantes hacia el público, al cual lo han convertido en el enemigo interno. Todo lo que tienen que hacer nues-


tros enemigos es despertar los temores con sólo organizar o pretender planear un incidente, esto es seguido por un desfile de escándalos de los explotadores de pánico en la prensa, las autoridades y los elementos de la sociedad que así apoyan parte de la estrategia de Osama Bin Laden. Actualmente, el grupo terrorista del


extinto Bin Laden no ha dado un golpe con bombas de nuevo; no es necesario, pues el miedo continúa en la mente de las personas, el gobierno sigue gastando billones de dólares en medidas de segu- ridad que no sirven y que muchas veces abusan de los viajeros. El objetivo debe ser plantear una es-


trategia real, en donde no se involucre lo emocional, para proteger a los pasajeros y evitar que los aviones sean utilizados como herramientas de destrucción. n


Foto: shutterstock


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