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pero los registros históricos describen docenas de casos más, involucrando sismos, nevadas, cenizas volcánicas, incendios, derrames de productos quí- micos, conflictos sociales y hasta actos terroristas. Como pasajeros, esperamos que las


autoridades aeroportuarias y guber- namentales tomen control de la crisis, pero lamentablemente no siempre ocu- rre así. Algunas veces porque no están preparadas y otras porque la magnitud de la contingencia obliga a establecer prioridades.


Durante el terremoto de 1985 en la


ciudad de México, el Aeropuerto Inter- nacional Benito Juárez cerró operacio- nes desde las 7:25 am hasta las 9:00 pm. A partir de esta hora, se abrieron pistas únicamente para vuelos especiales de rescate y organizaciones humanitarias. ¿Qué sucedió entonces con toda la gen- te que esperaba sentada tranquilamente para abordar su vuelo?, ¿qué decisión tomaron, apropiada o no, después del sismo?, ¿llamar a su familia o a su tra- bajo?, ¿trataron de salir del aeropuerto y llegar a casa? o ¿regresar a su hotel para conseguir una habitación nuevamente?


PUNTOS A CONSIDERAR CUANDO VIAJE EN AVIÓN


Ciudades destino y sus alrededores: Investigar la situación sociopolítica del lugar, averiguando si existen conflictos vio- lentos entre la población, potenciales intervenciones militares, toque de queda, restricciones de horario, focos emergentes de racismo o restricciones a ciertas comunidades.


Confirmar la existencia de riesgos sanitarios, declaraciones de pandemias y otros peligros geológicos como huracanes, tornados, nevadas o cualquier fenómeno que pudiera desencadenar una interrupción en las operaciones aeroportuarias.


Ciudades y comunicaciones alternas terrestres, marítimas o aéreas cercanas que puedan servir como alternativa en caso de contingencia, ya sea a la llegada o para salir, así como los requisitos documentales tales como visas o permisos especiales de entrada y permanencia.


Recopilar información sobre direcciones, números telefónicos, páginas web y nom- bres de representantes de las embajadas y consulados en los lugares de destino.


Recursos personales: Considerar medios alternos para subsanar gastos no programados en caso de


emergencia, tales como transporte, hospedaje, alimentación y medicamentos. Una tarjeta de crédito suele ser una buena alternativa, mejor aún que cheques de viajero o dinero en efectivo.


Llevar consigo medicamentos y/o prescripciones para conseguir medicinas adicio- nales o tratamiento en caso necesario. Esto debe ser observado especialmente por viajeros con hipertensión, diabetes y otros padecimientos crónicos.


Incluir una lista con direcciones electrónicas y números telefónicos locales parti- culares que pudieran brindar apoyo durante la crisis. Familiares, amigos, clientes, proveedores, oficinas regionales de la empresa o cualquier persona conocida fami- liarizada con los procedimientos locales de emergencia.


Comunicación y recursos tecnológicos Compartir siempre con al menos un contacto familiar o de trabajo los datos de los


lugares, vuelos y hoteles a visitar. Esto puede facilitar la búsqueda y comunicación en caso de una contingencia.


Tener habilitada al menos una cuenta de correo electrónico, Facebook, Twitter o cualquier red social confiable que pueda ser activada y consultada mundialmente. Las redes sociales han demostrado ser un medio de comunicación y búsqueda efectivo en situaciones de desastre.


Asegurar el uso de protocolos de comunicación con los contactos; es decir, que las personas que eventualmente necesiten iniciar una búsqueda, sepan y puedan acceder a los medios tecnológicos descritos anteriormente.


Las redes sociales


pueden ser


utilizadas por los pasajeros para ponerse en contacto con sus


familiares o


empresas en caso de una emergencia


Estas y otras interrogantes pueden


surgir una vez más en medio de cual- quier evento adverso. Si bien las comu- nicaciones han avanzado tremenda- mente en los últimos 25 años, el criterio y temple para decidir qué hacer en mo- mentos de crisis sigue siendo la parte medular que cualquier viajero debe considerar. La telefonía celular, las redes sociales


y la Internet son herramientas de gran valor para acelerar dramáticamente la comunicación, pero ¿cómo, cuándo y dónde utilizarlas? El viajero puede estar en su ciudad natal esperando abordar un vuelo a otro destino, pero también puede estar en una ciudad o un país diferente, esperando regresar a casa después de pasar algunos días de placer o de trabajo, con recursos financieros limitados, necesidades médicas espe- ciales o simplemente compromisos per- sonales o familiares que debe cumplir a su regreso. De nada sirve la tecnología si no se cuenta con un plan básico para manejar una crisis apropiadamente.


CONCLUSIÓN


Es importante estar consciente que en caso de presentarse un evento de crisis dentro de un aeropuerto, éste recinto puede ser más seguro que regresar a las calles, donde probablemente el caos y desorden proliferen sin control. Si la situación lo permite y las autoridades competentes lo aprueban, un aeropuer- to puede ser un refugio donde obtener protección y resguardo mientras las co- sas vuelven a la normalidad. Después de reflexionar sobre estas probabilidades, la pregunta es: ¿estamos preparados para afrontar una crisis? n


* Acerca del autor


- Eduardo Jiménez es global security manager en Latinoamérica de Procter & Gamble. Si desea conocer más acerca del autor, consulte su CV en: seguridadenamerica.com.mx/colaboradores


EL PROFESIONAL OPINA 133


Foto: shutterstock


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