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mundo parece estar hasta ahora salien- do de una gran crisis económica, dice mucho que más de 50 delegaciones se reúnan para recaudar fondos y reunir esfuerzos en pro de la lucha contra el crimen, la impunidad, la violencia y la guerra en Centroamérica. La cumbre realizada en Guatemala a


fines de junio dejó pocas cosas claras. La retórica parece ser la misma, correspon- sabilidad, mayor esfuerzo, cooperación y fortalecimiento de las instituciones. Los resultados no se verán pronto. A pesar del aumento del gasto militar, y la buena voluntad de los Estados, los lati- noamericanos se sienten cada vez más inseguros.


PERSPECTIVA DE VIOLENCIA EN LATINOAMÉRICA


El panorama no es alentador y la rea- lidad es mucho más preocupante. En promedio, cada año mueren por causas violentas 33.3 personas por cada 100 mil habitantes. Muchas más fatalidades deja la violencia en Latinoamérica por año, de lo que dejan las Guerras de Iraq y Afganistán juntas. Colombia es el sexto país con mayor probabilidad de sufrir un ataque terrorista en el mundo (según el think tank británico, Maplecroft). Méxi- co pasa por la más cruel y sangrienta guerra de cárteles. Las pandillas centro- americanas cada vez más se tornan en redes de empresas delictivas multina- cionales a merced del narcotráfico. Y la marcada delincuencia y manifestación


de delitos menores, hacen parecer a Latinoamérica un lugar prácticamente “invivible”. Mucho se habló y se habla sobre


éstas y otras manifestaciones del fenó- meno de la inseguridad. Sin embargo, tras escuchar al Ministro de Defensa Colombiano, el Dr. Rodrigo Rivera, de- fender la gestión de su cartera a través de “cifras” contundentes que sostienen que se está ganando la lucha, lenta- mente, pero se está ganando, surge la pregunta, ¿entonces por qué cada vez más los colombianos y en general los latinoamericanos perciben que la segu- ridad está en declive, aunque la estadís- tica dicta lo contrario? No existe una única respuesta y la


realidad lo sustenta, pues la historia dicta que la capacidad evolutiva, de adaptabilidad y de reacción de la ilega- lidad en Latinoamérica no tiene com- paración. Metastásico es el cáncer de la inseguridad. Infinitas maneras de mu- tar en diferentes agrupaciones, meca- nismos de financiamiento, ideologías, y manifestaciones reafirman que Hispa- noamérica tiene enemigos innumera- bles e inmensurables.


SE NECESITAN MÁS QUE ESTADOS COMPROMETIDOS


Mientras se atacan los cientos de fren- tes, sin bajar la guardia, la “aparente” incapacidad de los Estados sale a flote. Muestra de ello es que mientras Colom- bia ponía toda su exitosa experiencia


en la lucha antidroga a disposición de las naciones centroamericanas en dicha cumbre, en Kennedy un joven no mayor a los 15 años ya planeaba el asesinato de dos hermanas de 14 y 12 años. Mientras los Estados Unidos vigila-


Cada año mueren


por causas violentas en


Latinoamérica un promedio de 33.3


personas por cada 100 mil habitantes


ban las “propuestas” y esfuerzos sobre la mesa para detener eso que hace de La- tinoamérica tan mal vecino, en México se vivía la semana más violenta desde que la guerra de cárteles estalló. En Ni- caragua, rectores de las diferentes uni- versidades del país, pedían a la Policía Nacional mayor vigilancia y seguridad en los recintos universitarios y paradas de camiones, con el fin de prevenir y de neutralizar el accionar delictivo que afecta a los estudiantes. Y se podría se- guir enumerando casos que hacen “per- cibir” que los Estados están perdiendo la batalla. Las “cifras” muestran la realidad y el


pueblo tiene toda su potestad de exigir mejores resultados; eso hace parte del gran sistema que es la democracia. Sin embargo, es necesario hacer un llama- do de atención a las sociedades hispanas a depositar su confianza en las Fuerzas Públicas, pues cientos y miles de héroes mueren a diario para quitar ese molesto título que las mismas estadísticas le im- ponen a la zona: “La región más peligro- sa del mundo”. Los mandatarios proponen lo me-


jor que pueden, el enemigo es amorfo y parece no tener ni principio ni fin. Pero la coyuntura dicta que más que medidas represivas, mediáticas y ur- gentes, se necesita que los ciudadanos aporten también. Históricamente, las medidas repre-


sivas no han arrojado resultados cer- teros ni duraderos. Recursos, políticas públicas en trabajo conjunto, equilibra- do y muy profundo son indispensables; pero por encima de todo ello, se nece- sitan naciones, ¡atención, naciones, no sólo Estados comprometidos! Muestra de ello, es que todos contribuyen y ha- cen parte activa de la economía de un país, ahora, ¿por qué no hacerlo para la seguridad? n


* Acerca del autor


- César Augusto Álvarez es investigador asociado para la Policía Nacional de Colombia, Dirección de Antinarcóticos. Si desea conocer más acerca del autor, consulte su CV en:


seguridadenamerica.com.mx/colaboradores SEGURIDAD PÚBLICA 121


Foto: © Konstantin Sutyagin | Dreamstime.com


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