SEGURIDAD PRIVADA
quina que desarrolle tantas funciones o que las desempeñe tan bien y con la confianza como las desarrolla un perro detector bien entrenado. Como adies- trador de su perro, usted es responsable de que su can esté siempre actualizado en su entrenamiento. Como supervi- sor, su responsabilidad es asegurarse de que tanto el adiestrador como su perro cuentan con las muestras necesarias para el entrenamiento, con el lugar ade- cuado y el tiempo necesario para que el entrenamiento esté “muy bien afinado” para la detección.
LOS MEJORES DETECTA-BOMBAS
Un problema serio: No existe tecnolo- gía práctica para detectar que alguien transporta explosivos en un metro o un autobús como lo hicieron los cuatro hombres en Londres aquel 6 de julio de 2005. El método más efectivo para encontrar explosivos en una mochila o encima de una persona que embarca en un metro o autobús continúa siendo la utilización de perros entrenados para detectar explosivos, dijeron oficiales del Bureau de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF). Los perros detectores de bombas son
utilizados por varias agencias, pero sólo hay unos 100 “caninos de detección de explosivos” entrenados por la ATF en todo Estados Unidos. Los expertos tam- bién dicen que los perros detectores de bombas tienen sus capacidades limita- das por una serie de factores, incluyen- do la proporción de olor del explosivo y
¿Cómo se utilizan los olores aprehendidos?
sencilla, es lógica: La anatomía de la nariz del perro favorece su desarrollado olfato, en cuanto a que las cavidades nasales tienen una orienta- ción que permite ampliar el campo olfatorio. Por otra parte, al ingresar el aire en la nariz, el aire se separa en dos corrientes: la primera va hacia los pulmones, pero existe también en los perros una segunda corriente que se dirige en forma direc- ta a las células olfatorias, mediante las cuales el reconocimiento de los olores se fija en forma de imagen olfativa. De esta manera, cada uno de los olores es reconocido como signo de determina- das sustancias, y cada vez que el animal vuelve a percibir un olor ya conocido, sabe exactamente a qué sustancia corresponde.
A
la pregunta de por qué el olfato de los pe- rros es más desarrollado que el del hom- bre. La respuesta, aunque no del todo
El entrenamiento del olfato Los perros de caza sabuesos o los perros de rastro detectan fácilmente los olores dejados por animales u otros individuos a lo largo de una pista. De la misma manera, aquellos entrenados para la búsqueda de personas sepultadas bajo escom- bros o avalanchas de nieve, pueden detectar su presencia. Hay otros, que por su entrenamiento, les resultan más familiares diversas sustancias como explosivos o estupefacientes; ellos detec- tan con facilidad e incluso a grandes distancias la fuente odorante (elemento que produce el olor). Pero a pesar de que su olfato está muy desa-
rrollado por naturaleza, el entrenamiento permite que el perro pueda reconocer más fácilmente un determinado olor e incluso que se haga su olfato más sensible a él, si se lo pone periódicamente en contacto. Por otro lado, el adiestramiento permite au-
mentar el poder de discriminación de olores dife- rentes, y de esta manera un perro experimentado puede incluso llegar a distinguir diferentes com- ponentes odorantes (olores) en una misma pista. Pero si bien la capacidad de distinguir o dife-
renciar olores es en el perro una cualidad dada, desde su nacimiento, no debe olvidarse que, hasta no hace mucho tiempo, el perro utilizaba su olfato para buscar su sustento y procreación, motivo primordial para él. De la misma mane- ra, para incentivar a que el animal busque un determinado olor, es imprescindible asociar una motivación al olor descubierto, de manera que el perro pueda indicar su presencia y así ayudar- nos a labores específicas con éxito.
lo lejos que están los perros de una per- sona que lleva una bomba. Compañías privadas, agencias del
gobierno y científicos de laboratorios de EE.UU. y centros de investigación de de- fensa están trabajando para desarrollar tecnologías que pudieran ser utilizadas en sistemas de tránsito masivo que tras- ladan al trabajo a 14 millones de perso- nas cada día. “Si hubiera algo más ahí fuera en este
momento, estaríamos gritando que todo el mundo en el Metro debería pasar por un detector”, dijo Richard Marianos, por- tavoz de la ATF. “Es sólo que no hay nada”. Washington ha recibido, al igual que
la Ciudad de Nueva York, la mayor can- tidad de dinero federal para su sistema de transporte -más de 49 millones de dólares desde el 11 de Septiembre de 2001-, para cámaras, unidades caninas y otro equipamiento designado para “en- durecer” el sistema y disuadir un ataque terrorista.
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Tras las explosiones de Londres, el
transporte oficial en Washington incre- mentó su seguridad utilizando perros, cámaras y armas automáticas policiales. Pero incluso el equipamiento más sofis- ticado -el sistema PROTECT de senso- res químicos instalado en varios puntos de las estaciones subterráneas del Me- tro, no está diseñado para prevenir un ataque, sino más bien para minimizar pérdidas y reducir el impacto de un es- cape químico. “¿Cómo se puede detectar a todo el
que lleva explosivos?” preguntó Fred Goodine, subdirector general del Metro para la seguridad del sistema y protec- ción de riesgos en una entrevista reciente elaborada por el periódico Washington Post. “No hay tecnología, al menos hoy. No si uno quiere tener un sistema abierto, que es lo que significa el tránsito masivo.” Después de los atentados terroris-
tas de los trenes de viajeros en Madrid que asesinó cerca de unas 200 personas
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