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ARTÍCULO


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elementos de modernidad y maneras más flexibles y comunicativas, más co- nectadas con la realidad actual, más di- námicas y apoyadas en las nuevas tecno- logías. Como el uso del “telemprompter”, que consigue mejores puestas en escena y, consecuentemente, un mejor resultado final, sobre todo si el acto va a ser retrans- mitido por televisión. Otro reto para el protocolo moderno


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es la eficaz integración de la tecnología y redes sociales en la organización de los eventos. Evidentemente, no todos son susceptibles de contar con su aplicación, pero sí debemos perder el miedo a utili- zarlas buscando la interacción, participa- ción, comunicación bidireccional y retroa- limentación tanto de los espectadores, como de una audiencia más allá de la presencial, haciendo partícipe del mismo -en un ejercicio de la tan mencionada úl- timamente transparencia- a nuestro pú- blico objetivo, donde quiera que esté y a través de canales no convencionales. Use- mos las redes sociales (Twitter, Facebook, Flickr, Youtube…) y aprovechemos las di- ferentes sinergias que nos propone cada una de ellas y las herramientas a ellas asociadas para conversar sobre el evento antes, durante y después (backchannel) ganando notoriedad y visibilidad, gene- rando interés, compromiso y confianza. Todo ello con la complementariedad de páginas webs específicas e incluso apli- caciones para smartphones (apps) con detallada información como ha ocurrido en casos tan recientes como la Boda Real británica, la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, la toma de posesión del presidente estadounidense Barack Obama o según qué Cumbres Europeas. Hoy más que nunca este tipo de even-


tos son una herramienta de transmisión de mensajes, por lo general, en forma de imágenes y, si lo que se comparte no se pierde, gracias a las redes sociales no sólo conseguiremos que se comparta, sino que se hable de ello exponencialmente y transmitamos la imagen deseada. Si antes hemos dicho que el protocolo es también producción, ya se está cambian- do o adaptando la forma de organizar los actos para favorecer la reproducción de los mismos a través de los medios de co-


Marzo - Abril 2013


municación y del público, de los ciudada- nos, potenciales realizadores que con sus teléfonos inteligentes aportan su visión personal del acto en tiempo real. Saliéndonos de la faceta más insti-


tucional, quisiera mencionar también, como paradigma de la adaptación a la cultura del espectáculo y sociedad de la información actual, los actos de los parti- dos políticos. Tomando como ejemplo los


mítines, éstos se han convertido en actos de demostración de poder donde lo que más parece importar sobre todas las co- sas son las formas, la puesta en escena, en la que el candidato/protagonista es re- cibido como una estrella de cine, rodeado de gente para dar una imagen de fuerza, cercanía y de que es uno de los nuestros, presentado por un maestro de ceremo- nias con una lógica de concurso televisivo y muchos decibelios musicales al ritmo de los éxitos del momento. Es lo que algunos autores han deno-


minado “política pop” (Gianpietro Ma- zzoleni): la trivialización del discurso; la política convertida en puro espectáculo, que sirve para que el mensaje del políti- co llegue a un público que no cree en la política, pero sí consume cultura popular, sobre todo ante la saturación de informa- ción (infoxicación), y la dificultad de cap- tar la atención (economía de la atención); y que encuentra mejor acomodo en los medios de comunicación, más sensibles al sensacionalismo y a los escándalos (que es lo que “vende” periódicos y au- menta el share), apostando por el infoen- tretenimiento y politainment como me- jor manera de informar al gran público. Por tanto, y para ir concluyendo, de-


Usemos las redes sociales y aprovechemos las diferentes sinergias que nos propone cada una de ellas para con- versar sobre el evento antes, durante y después (back- channel) ganando notorie- dad y visibilidad, generando interés, compromiso y con- fianza


bemos ser conscientes de que los tiempos cambian y con ellos sus usos y costum- bres que evolucionan, afectando también al protocolo y el desarrollo de los eventos. El Presidente de la Escuela Internacional de Protocolo, Carlos Fuente, en su libro “Protocolo para eventos. Técnicas de or- ganización de actos (I)” (Ediciones Proto- colo, 2007), aboga por cambiar el clásico triángulo por la “diana” organizativa. Esto es, pasar del triángulo de la organización en el que en sus vértices se situaba la comunicación, protocolo y seguridad; a un modelo organizativo de círculos con- céntricos que representan cada uno de ellos las diferentes disciplinas transver- sales (seguridad-prevención, producción- forma, protocolo-cómo, comunicación- objetivos, creatividad-idea) en los que la perfecta conjunción entre los diferentes aros nos permitirá dar con el dardo en el centro de la diana: la idea hecha realidad, la creatividad al servicio del evento, y ello nos conducirá al éxito.


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