des. Pero también que los mismos supuestos “inocentes” integrantes de la sociedad buscan esos resquicios para hacer lo que consideran “pequeñas travesuras” como introducir obje- tos prohibidos a algún lugar, que pueden ser desde algo aparentemente inocuo como licores enmascarados como refrescos o incluso bibe- rones, hasta algo verdaderamente peligroso como drogas y armas. A manera ilustrativa se tienen las protes-
tas por las más rigurosas medidas de seguridad en los aeropuertos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y que llegaron a un clímax con la introducción de los escáneres corporales a partir de 2010, que aunque pro- ducen efectos f ísicos menos invasivos sobre el cuerpo humano que los de rayos X, provoca- ron mayor descontento debido a que proyec- tan una imagen más “real” del cuerpo a través de la indumentaria, que se podría considerar como desnudo, lo cual se percibe como una in- vasión no solo a la privacidad, sino a la intimi- dad. Y que a pesar de ello, la controversia fue superada aplicando una simple regulación, “si te niegas a pasar, te quedas en tierra”, lo que ha sido ampliamente cuestionado por las organi- zaciones defensoras de los derechos humanos. También se puede mencionar el uso de
menores de edad, incluso bebés, para inten- tar burlar medidas de seguridad restrictivas contra la introducción de objetos prohibidos, que pueden ser desde artículos de bajo o nulo
riesgo, como bebidas embriagantes hasta otros de mayor riesgo como drogas o armas, y cuyos casos más extremos han sido los de bebés dro- gados para usar su ropa, enseres e incluso sus cadáveres como medio de “transporte” por el narcotráfico. Lo cual de alguna manera justifi- ca la conveniencia de aplicar medidas de revi- sión corporal incluso a los menores en ciertas circunstancias, a pesar de los, no por ello me- nos legítimos, reclamos de respeto a la privaci- dad. Después de todo, “más vale prevenir que remediar”, y más cuando están en riesgo vidas humanas. En general los elementos antisociales, ya
sean terroristas o delincuentes, no solo no obe- decen a ninguna clase de limitación o escrúpulo para infligir daños a la sociedad, sino que bus- can aprovechar y crearse las condiciones favo- rables para desarrollar exitosamente su “nego- cio” usando las facilidades y oportunidades que per se ofrece un régimen de libertad y respeto a los derechos humanos. Por ello la sociedad debe aceptar esta condición como un reto de los nue- vos tiempos, y en consecuencia afrontar y asu- mir el costo de protegerse contra tales prácticas que atentan contra su existencia y funciona- miento, adoptando las formas pertinentes que sean necesarias en sus medidas de seguridad, a pesar de la muy probable estridencia de las voces críticas y opositoras que inevitablemente surgirán y permanecerán en su contexto, hasta que se vean afectadas y pudiesen llegar a cam- biar su perspectiva en este tema.
Emergencias y privacidad, conflicto en situaciones críticas El aspecto más sensible para la privacidad son los datos personales, en particular los de ubica- ción y condiciones de salud sobre los que se pre- tende mantener la máxima reserva ya que expo- nen las debilidades personales. Sin embargo, la disposición de estos datos se vuelve un factor crítico para la atención de una emergencia, en especial de naturaleza médica. En tal situación, saber en dónde está y qué le puede pasar a una persona, es crucial para decidir el curso de la acción a tomar. Por ello, la disposición de estos datos personales constituye la clave del éxito en un sistema de respuesta a emergencias, como es el Número Universal de Emergencias o 911,
debido a que permite reducir el tiempo de des- pacho de las unidades de asistencia al tener la certeza de la ubicación de la llamada, y permitir que la atención se dedique a la identificación del tipo de emergencia ocurrida. En nuestro país se ha retomado la idea de
implementar un servicio de este tipo, y que ya operó con éxito razonable en el pasado entre 1992 y 2004 bajo la denominación de Servicio de Emergencia 08 en la ciudad de México, en el cual se disponían de estos elementos de in- formación, con lo cual se logró agilizar el des- pacho de las unidades de asistencia en menos de un minuto. No obstante, en la actualidad los servicios de atención de emergencias son operados totalmente por las corporaciones policiacas, a diferencia de la experiencia antes mencionada, que fue operada por una entidad civil; pero con mecanismos de comunicación, coordinación y colaboración con las corpora- ciones institucionales. En las circunstancias actuales de escasa y,
en ciertos casos, nula confianza social en las corporaciones policiacas, la implementación de un servicio de este tipo podría enfrentar un serio obstáculo para propósitos de efectividad, que sería el rechazo de la ciudadanía para pro- porcionar los indispensables datos personales de ubicación y condición de salud, entre otros, puesto que en la mente del ciudadano subya- cería un cuestionamiento crucial: ¿pondrías en manos de la policía tus datos personales porque te convendría en un caso de emergen- cia? Casos como el de Iguala en el estado de Guerrero, ciertamente no propiciarían una respuesta favorable. n
David Chong Chong,
secretario general para México de la Corporación Euro Americana de Seguridad (CEAS) México. Más sobre el autor:
seguridadenamerica.com.mx/colaboradores.php seguridadenamerica.com.mx 127
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