EL PROFESIONAL OPINA
la posibilidad de que sean los propios presuntos “protegidos” la fuente de rup- tura de las previsiones establecidas para su protección. Son los propios “protegi- dos” cuando por ignorancia, displicen- cia o simple descuido, abren brechas en las previsiones de seguridad, por ejem- plo, al permitir el ingreso de extraños a la instalación sin someterlos a los pro- cedimientos de restricción y control de acceso. Estos extraños pueden ser aparentes
mensajeros, repartidores a domicilio, vendedores o supuestos visitantes. Y la consecuencia directa de estos “descui- dos” es que se abren espacios de opor- tunidad a los delincuentes, para que de alguna manera puedan explorar el te- rreno, conocer las debilidades y vulne- rabilidades de la instalación, y no sólo seleccionar a sus víctimas, sino decidir el momento propicio para atacar. En suma, se les da “la ocasión que hace al ladrón”. Otra fuente de dificultades es que en
un condominio las decisiones sobre los aspectos comunes se toman por mayo- ría, lo cual siempre deja descontentos, disidentes e insatisfechos, algunos ex-
presivos y otros silenciosos, que salta- rán ante la primera falla o expectativa no cumplida, con quejas, reclamos o remembranzas de “se los dije”, “yo nun- ca estuve de acuerdo”, o la extrema de “antes estábamos mejor”. En este caso la actitud de los descontentos, disidentes e insatisfechos suele manifestarse por la apertura intencional de brechas en las previsiones de seguridad, pequeñas o grandes, escudados en su condición de “propietarios”, y esgrimiendo su “au- toridad” sobre el personal de seguridad por ser sus “empleados”, o denunciando alguna descortesía, desatención o mal- trato por los elementos de servicio para obligar a que sean sustituidos. Este efec- to no sólo es la apertura de oportunida- des al delincuente, como en el caso de los descuidos, sino el debilitamiento de la capacidad de respuesta por el tiempo para la integración de nuevos elementos, al forzar la sustitución de otros con ex- periencia, así como por las limitaciones impuestas al personal para desempeñar sus tareas, por ejemplo, el trato a “desco- nocidos” no anunciados, y que resultan “conocidos” de un propietario.
Cuando se plantea la
prestación de servicios de seguridad a un conjunto
de personas, como es el caso de un condominio, inevitable-
mente surgen dificultades
por la múltiple diversidad de visiones,
percepciones e intereses
que concurren
EXISTEN DIFERENTES MARCOS DE REGULACIÓN PARA INMUEBLES
En algunos lugares ya existen marcos de regulación que sancionan este tipo de conductas, como es el caso del Dis- trito Federal con su Ley de Propiedad en Condominio de Inmuebles, que en el Artículo 23, fracciones I, II y III es- tablece líneas de responsabilidad en materia de seguridad, y en el artículo 87 fracción III que señala las sanciones co- rrespondientes. Sin embargo en la reali- dad, la aplicación generalizada de estas regulaciones enfrenta dificultades de orden práctico, como por ejemplo en el Distrito Federal, que se requiere la cons- titución de la propiedad como un ente jurídico de acuerdo a lo establecido en la propia Ley de Propiedad en Condomi- nio de Inmuebles, que le otorgue las fa- cultades previstas en la misma, en espe- cial en lo que se refiere a las sanciones. Una fuente adicional de dificultades
es la distracción del personal de segu- ridad en labores ajenas a su responsa- bilidad primaria de vigilancia y restric- ción, que requiere su permanencia en un puesto, como pueden ser el que se le haga abandonar la instalación para rea- lizar encargos, o bien dentro de la mis- ma, en tareas como mover vehículos, lavar vehículos o ayudar a transportar paquetes hasta el interior de las residen- cias particulares. La consecuencia es la anulación de cualquier previsión basada en procedimientos de restricción, por la simple ausencia del elemento de segu- ridad, en lo que constituye una ruptura del binomio fundamental de prevención (implementación de previsiones) – au- toprotección (aplicación de las previsio- nes implementadas) en que se sustenta la protección ciudadana. Pero también se induce una ruptura de la disciplina entre el personal de seguridad, al desa- rrollarse privilegios o cierta forma de “protección” por parte de algunos pro- pietarios hacia los elementos que ceden a sus peticiones, aunque ello signifique un descuido o incluso abandono de sus responsabilidades primarias. Estas Rup- turas eventualmente se convierten de manera inadvertida en riesgos para los mismos propietarios. Las muchas veces frustrante con-
clusión para el profesional prestador de los servicios, es que en la práctica NO existe la posibilidad de implementar una solución plausible que le permita ser efectivo en el servicio y al mismo tiempo lograr una satisfacción total por parte del cliente por el servicio propor- cionado. Tal vez en ciertos momentos se
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