REDES E INFRAESTRUCTURA TI
mientas y podríamos comprar más si nos dejamos persuadir por el vendedor en turno que nos visita. Pero ¿estamos configurando las herramientas que ya tenemos para que nos protejan eficien- temente? ¿Somos eficaces? ¿Cuántas herramientas son suficientes? ¿Estamos tomando ventaja de todas las caracterís- ticas que proporcionan? Pensemos en una herramienta de protección básica: un antivirus. Supongamos que tenemos más de tres mil agentes en el negocio. Me pregunto ¿Cada uno de ellos está funcionando adecuadamente? ¿Están todos actualizados? ¿Necesitan ser con- figurados de la misma manera? ¿Cuán- tos virus se nos están pasando? De plano este año le dije a mi equipo
de trabajo que solamente actualizaran las herramientas que ya tenemos y deja- ran de comprar nuevas con el fin de en- focar los esfuerzos para aprovechar me- jor las que ya tenemos. Esto no significa que no están bien configuradas; es sólo que creo que podemos conseguir mejo- res resultados. El peligro es quedarnos en la comodidad y nunca preguntarnos si estamos haciendo el mejor trabajo posible con las soluciones disponibles. Lo peor ¿Estamos fomentando un falso sentido de seguridad? También me pregunto por qué si
las organizaciones tienen un arsenal de herramientas de seguridad que están diseñadas para proteger la información, ocurren tantos incidentes de seguridad. Recuerdo que en los años ochenta tuve mi primera computadora: una Commo- dore 64. No recuerdo haber tenido que parchar o actualizar su sistema operati- vo. De acuerdo, está bien; la compleji- dad ha crecido en estos años; pero to- davía me pregunto, ¿por qué tenemos que aplicar tantos parches? ¿Estamos haciendo las cosas mejor? ¿Es sólo la complejidad? ¿Es un asunto de nego- cios? ¿Qué es? Vamos más lejos, ¿cuán- do hay que aplicar los famosos parches? ¿Aplicamos todos? ¿Sólo algunos? ¿Y si es más caro el remedio que la enferme- dad? Preguntas difíciles de resolver. Por otra parte, he visto que una de las
principales causas de los incidentes de seguridad yace en las aplicaciones. Re- cuerdo que en los años noventa el tema principal de seguridad era “conectivi- dad” y protocolos TCP/IP. Con el creci- miento de internet y sus aplicaciones, el hacking ha crecido exponencialmente. ¿Acaso no están preocupados los desa- rrolladores de software por la seguridad? ¿Están aplicando técnicas seguras para evitar vulnerabilidades básicas tales como inyección XSS y SQL? Creo que
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los cursos de programación están más interesados en la enseñanza de cómo desarrollar programas de fácil uso que enseñar a los alumnos cómo proteger el código que desarrollan. La seguridad no es opcional, es un requisito. Desde mi punto de vista, los estudiantes deben aprender seguridad y facilidad de uso al mismo tiempo, enseñándoles cómo equilibrarlos. ¿Estamos haciendo esto en las universidades? Piensa en cómo aprendiste a programar. El mercado de nuevos gadgets está
creciendo muy rápido. ¿Estamos listos para proteger a los usuarios que poseen estos dispositivos? Los directivos exigen estos juguetes tan rápido como los ven en los escaparates. No podemos prohi- birles su uso. Bueno, sí podemos… Sin embargo creo que la respuesta a esas personas no debe ser un definitivo “no” sino un “cómo”. En el mismo sentido, la seguridad debe ser rápida y concreta para que se considere útil. Tenemos que describir los riesgos de usar esos dispo- sitivos de tal manera que el usuario los entienda. ¿Somos buenos en eso? ¿Nos hemos visto como un obstáculo en lugar de un habilitador de negocios? Debería- mos pensar en ello. Por último, los productos de segu-
ridad son seguros. ¿Cierto? Falso. Re- cientemente he visto muchos hackers
en contra de empresas dedicadas a la seguridad, ya sea desarrollando pro- ductos o servicios. No entiendo por qué esas empresas no utilizan los productos que venden o sigan los consejos que dan a sus propios clientes. Uno debe tener cuidado al utilizar productos de seguri- dad, podrían ser vulnerables. ¿No es esto curioso?
RECURSOS HUMANOS
Todo el mundo conoce la frase: “El usua- rio es el eslabón más débil en la cadena de seguridad”. Bueno, a veces es la verdad y nada más que la verdad. Pero también me pregunto si la responsabilidad es completamente del usuario, es decir, yo he visto muchas campañas de concien- ciación y no hay forma directa de saber el costo-beneficio. ¿Estamos siendo efi- caces? ¿Estamos claros acerca de los ries- gos? ¿Gastamos el dinero correctamente? ¿No es más fácil culpar al usuario que al encargado de seguridad? Después de todos estos años tratando de convencer a los usuarios sobre el riesgo de escribir su contraseña en un post-it al lado de la pantalla de la computadora, me pregunto si mis campañas de concientización han sido eficaces. Es sólo una manera de se- ñalar con el dedo a mí mismo en vez de apuntar primero a ellos.
Foto: © Dmytro Tolokonov |
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