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Vidocq volvió a huir y después se


enteró que por ello un guardia fue con- denado a muerte, por lo que cuando lo detuvieron por falta de documentos confesó, fue reaprehendido y se le juz- gó y sentenció a ocho años de cárcel en 1798. Regresa al Bagno, las temibles expe-


riencias que hubo que sufrir ahí tuvie- ron un incalculable valor. Su cerebro fue como un enorme libro de registros. En- caró al ladrón, al asesino, al bandolero y al estafador; examinó sus motivos, la forma de su comportamiento, con una rigurosa y fría exactitud científica. Vidocq volvió a huir del Bagno a pe-


sar de la estricta vigilancia y empezó a deambular por Holanda y Bélgica, don- de entró en contacto con los chauffers, la más peligrosa banda de ladrones y asesi- nos de la época. En 1799 fue reaprehendido por una


brigada de represión de la piratería y lo regresaron al Bagno, se le doblaron las cadenas y lo internaron en un viejo bar- co del cual volvió a huir. A finales de 1799 se encontraba en


París. En ese año, la ciudad contaba con 500 mil habitantes y experimentaba un constante aumento poblacional; la gen- te del campo se iba a la capital a buscar mejores condiciones de vida. El índice de delitos y asesinatos aumentaban des- pués de la Revolución. Vidocq se instaló en la bohardilla de


Herbeaux, decidieron ayudarlo, así, ro- garon a Vidocq que ocupaba una celda solo que les permitiera redactar ahí una petición de clemencia; como es natural, el joven de arras no se negó a ello. Días después Boitez se escapó con una orden de libertad falsa. Se hizo una investigación y como la


orden de libertad se hizo en la celda de Vidocq, éste se quedó por otra sentencia que era la del Bagno. Ésta había sustituido a las galeras, es


decir, a los barcos de guerra en los que remaban encadenados los esclavos, los cuales se suprimieron en los últimos años del reinado de Luis XIV.


EL BAGNO


En los puertos de Brest, Tolon y Roche- fort se habían construido mazmorras de gruesas paredes, los condenados lleva- ban sobre sus ropas las iniciales GAL; sin embargo en los hombros de los pre- sos se marcaba con un hierro canden- te otras dos iniciales TF que significan: travail forcé (trabajos forzados). De Bicêtre se les transportaba rapa-


dos y encadenados por el cuello por filas de 26 presos.


LA SÛRETÉ Prefectura


su amiga Anette, lugar donde se acomo- dó a su gusto. Sabía que era un proscrito y tenía que andar a hurtadillas. Era per- seguido por la policía; pero también por un grupo de delincuentes con los que ha- bía estado en el Bagno, quienes lo tenían amenazado para trabajar con ellos o lo denunciarían a la policía, a lo que decía: “El destino no me permite una existen- cia honorable”. Era evidente que ya como presidiario fugitivo, no tenía más opción que traicionar o ser traicionado; desarro- lló un plan y tomó una decisión.


En 1809 Vidocq tenía 34 años, el jefe


del 2° departamento de la jefatura de po- licía de París, era Monsieur Henry, fue ante quien Vidocq se apersonó en el mes de noviembre del mismo año y Henry es- cuchó atentamente lo que le explicaba. Su plan era confuso e inconcreto, no


le respondió y poco tiempo después lo recapturaron y lo regresaron a la Bicetré. Sabía lo que le esperaba después de tres huidas y 10 años viviendo en libertad. En la breve estancia de Vidocq en la Bicêtre, nació en su mente la organización de la Sûreté, una organización impecable que ha durado hasta nuestros días. Nuevamente solicitó intervención


con Henry y contra lo previsto este ac- cedió a escuchar al presidiario. La con- ferencia se prolongó por varias horas. El primer seducido fue Henry, motivo por el cual se le dio la oportunidad de traba- jar el plan desde abajo. Fue trasladado a la cárcel de la Force y


a lo largo de dos años, permaneció encar- celado ahí, al lado de ladrones, asesinos, estafadores etc. Vidocq buscaba la com- pañía de aquellos delincuentes que no ha- bían confesado, en la cárcel es dif ícil vivir solo con sus crímenes. El impulso de contarlo y darle publi-


cidad es irresistible, la misión de Vidocq era ganarse la confianza de los presidia- rios e incitarlos a que hablaran; así, todo lo que le contaban él se lo transmitía sin perder detalle a la policía. Vidocq cumplió cuanto se le exi-


gía, con una habilidad extraordinaria. Durante esos dos años centenares de hombres fueron llevados a la horca o al Bagno. Se dice que Vidocq entregó a la justicia a más de 20 mil delincuentes. Él fue más modesto y en sus memorias habló de cuatro mil. Tiempo después se le puso en libertad y le dieron otras en- comiendas. En 1812 Napoleón se lanzó a con-


quistar Rusia y tenía interés en que la casa estuviera en orden, no importaba


Administración policial


Juez de paz


Vigilancia


Tránsito SEGURIDAD PÚBLICA 125


Foto: Shutterstock


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