SEGURIDAD PÚBLICA
LAS ALTERNATIVAS PARA LOS CIUDADANOS O POBLADORES HONESTOS
Desde hace varios años en diferen- tes pueblos, municipios y ciudades de México, cuando la gente que tiene un modo honesto de ganarse la vida sale de su casa para ir a trabajar, sencillamente no sabe si va a regresar…y es por eso, que miles han optado por irse y se han sumado a las cifras incalculables de des- plazados. Cuando ya extorsionaron, secuestra-
ron, violaron y/o mataron a uno o varios de tus vecinos, amigos o compadres, o bien, a uno de tus hijos o hijas, las opcio- nes que tienes frente a ti no son muchas:
1. Irte a buscar un lugar más tranquilo para vivir o con menos violencia.
2. Resignarte y adaptarte a la incerti- dumbre a sabiendas de que cualquier día te puede tocar a ti, pagando el precio de las amenazas, extorsiones y riesgos asociados.
3. Pasar a formar parte de las filas de la delincuencia organizada, en cual- quiera de los niveles de su estructura, desde informante (“halcón” o “punte- ro”) hasta lo que se pueda escalar.
4. Rebelarte, unirte a tus vecinos y to- mar las armas para hacer lo posible por recuperar ese mínimo grado de seguridad y certidumbre, en un in- tento desesperado por restablecer un orden para la comunidad, que las autoridades y el Estado han sido inca- paces de proporcionar.
Es en esta última opción en la que ra-
dica una esperanza y en la que hay que encontrar el lado positivo y admirable de los grupos de autodefensas que, para- dójicamente, se han organizado para en- frentar a los delincuentes organizados y
que han salido a la calle a dar la cara por sus familias y comunidades superando el sentimiento de desamparo que nor- malmente conduce a las personas a la resignación. Las autodefensas de Méxi- co constituyen un fenómeno social, por cierto, diferente desde sus orígenes al de los grupos paramilitares de Colombia.
LOS RIESGOS DE TODO GRUPO Y MOVIMIENTO SOCIAL
Desde luego, ningún movimiento social es perfecto y libre de intereses persona- les y de facciones, de intentos de mani- pulaciones internas y externas, de des- calificaciones fundadas e infundadas, de afanes de protagonismos desmedidos, de posibles desviaciones y de excesos (ahí está el caso de Hipólito Mora), e incluso, de infiltraciones, sobre todo, cuando hay tantas expectativas, reflec- tores, micrófonos, intereses y millones de pesos en juego; especialmente, no hay que olvidarlo, los intereses de los carte- les de las drogas que se verán beneficia- dos con una eventual fragmentación o extinción de los Caballeros Templarios. Sin embargo, no hay que dejar de re-
conocer el genuino valor de aquellas per- sonas con un modo honesto de vivir, que decidieron rebelarse y tomar las armas para tratar de poner límites y conservar lo último que les quedaba; es decir, su derecho a vivir sin miedo, sin amenazas, su dignidad y su familia, aún cuando para algunos de ellos, ese intento por rescatar el orden y la tranquilidad para su comu- nidad, ese intento por tratar de conser- var su casa, su tierra o su negocio libres de pagos a delincuentes, literalmente les pueda costar la vida, ya sea en el presente o en el futuro, ya que si algo ha caracteri- zado a los líderes y sicarios de diferentes grupos de narcotraficantes, es su pacien- cia, a veces de varios años, para cobrarse una venganza.
LA DECISIÓN Y EL RETO DEL GOBIERNO FEDERAL
Sólo al paso del tiempo sabremos si el Gobierno federal tomó la decisión co- rrecta al tratar de incorporar a los gru- pos de autodefensa a las tareas de las fuerzas de seguridad del Estado y pre- tender registrar, validar y controlar a di- chos grupos en Michoacán. Es cierto, que la situación no estaba
como para polarizar aún más el conflic- to. Aparentemente nadie mejor que los pobladores de cada pueblo y municipio para saber en dónde ubicar y señalar a los delincuentes, no obstante, han surgido al paso de los días una serie de preguntas:
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• ¿Cómo saber si los que están señalan- do a los delincuentes organizados tie- nen evidencias o testimonios sólidos para señalarlos o sólo se están dejan- do llevar por rumores sin fundamen- tos, revanchas personales o intereses de partidos políticos?
• ¿Cómo saber si los que señalan, aún cuando se trate de sacerdotes o su- puestas “hermanas de la caridad”, no forman o formaron parte de algún grupo de delincuentes organizados?
• ¿Cómo fundamentar los señalamien- tos y acusaciones con evidencias só- lidas, para que los verdaderos delin- cuentes no salgan libres, después de ser detenidos, por falta de elementos o pruebas?
• ¿Tiene sentido y es posible lograr que los integrantes de las autodefensas registren y entreguen las armas que son de uso exclusivo del ejército?... y de ser así, ¿Con qué tipo de armas se defenderán cuando las fuerzas del orden se retiren de Michoacán?
• ¿Hasta dónde llega la corrupción de funcionarios estatales y municipales que, se asegura, han colaborado de manera sistemática y puntual con los Caballeros Templarios?... ¿Quiénes de ellos han colaborado porque es- taban amenazados y quiénes lo han hecho libres de amenazas?
Por otra parte, la elección de un líder
correcto por parte del Gobierno federal, de un operador político experimenta- do para coordinar todos los esfuerzos y apoyos, de una “empresa” o reto tan arriesgado e inusual, era y sigue sien- do crucial para producir los resultados deseados y llegar hasta las últimas con- secuencias, o bien, en el último de los casos, para obtener un balance positivo al paso de los años y no un rotundo fra- caso. De entrada, el comisionado Alfredo
Castillo no ha dado muestras suficientes todavía de tener el perfil requerido, ya que, no es aceptable, en modo alguno, que haya cometido el error de dialogar con Juan José Farías “el abuelo”, el día 5 de febrero, sin saber, los antecedentes de éste, cuando aparentemente Juan José Farías había sido identificado en 2009 por la propia Sedena y la PGR como lugarteniente de los Valencia. Sería de esperarse, que todos los servicios de inteligencia del Estado estuvieran tra- bajando arduamente para apoyar al co-
Foto: SSC Secretaría de Seguridad Ciudadana
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