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SEGURIDAD PÚBLICA Juramentos, duelos y juicios de Dios


mantuvieron su carácter de prueba prin- cipal en la criminalística del Medievo, en tanto se halló en vigor el Derecho Ger- mánico hasta que un sujeto condenado a la prueba del hierro candente se negó, argumentando que no estaba loco y soli- citó al arzobispo que fuera él quien se la entregara con sus manos desnudas. Estos procedimientos fueron sustituidos por los tormentos casi hasta nuestros días. El tormento se hallaba inmensamen-


te ligado al Derecho Romano en el que se han inspirado la casi totalidad de los Sistemas Judiciales del Continente Eu- ropeo. El suplicio y el tormento conti- nuaron por varios siglos. Por 1754 apareció John Fielding


como jefe de la Policía en Londres. Fue el primer criminólogo práctico de la historia que intuyó la forma esencial del crimen y los caminos para corregirlo:


a) Propuso la lucha preventiva contra el crimen.


b) Construyó un método de lucha con- tra la delincuencia juvenil.


c) Realizó un método de rehabilitación de las jóvenes prostitutas y de los muchachos que vivían en ambientes familiares peligrosos.


d) Sugirió enviar a jóvenes de familias asociales, a institutos levantados a las orillas del mar para fortalecer su cuerpo y su espíritu.


e) Propuso la creación de asilos de huér- fanos y organismos similares.


Muchas instituciones existentes ac-


tualmente en Inglaterra son de su crea- ción; organizó la Principal Metropolitan Justice de la que él era juez y policía, además de que:


a) En cada Distrito Ciudadano instaló una Rotations Officers o Estación de Policía que era mandada por funcio- narios a sueldo.


b) Estas estaciones estaban coordina- das por una Central de Policía, que se reservaba el derecho de juzgar los casos relevantes.


c) Cada estación llevaba una relación de delincuentes y delitos de la propia demarcación; éste es el primer fiche- ro criminal.


d) Creó un sistema de patrullaje a caballo.


EUGÈNE FRANÇOIS VIDOCQ, ¿DE RECLUSO A POLICÍA?


Nace en Arras, ciudad situada en la frontera entre Francia y los Países Bajos el 24 de julio de 1775, bajo el signo Leo y vivió a caballo entre la azarosa época de los tres mosqueteros y el esclarecido siglo XIX. Vidocq fundó la primera Central de


Policía Criminalista del mundo, la Sûre- té de París. Pero no sólo fundó y creó esta organización sino que, además, le proporcionó el renombre de que goza actualmente, no inferior a Scotland Yard o al Federal Bureau of Investigation es- tadounidense. Balzac inmortalizó a Vidocq en va- rias de sus obras pues mantuvo una es-


trecha relación con Vautrin, el hombre del inframundo con máscara de burgués que fue creado a su semejanza. El es- critor conoció el alma de este hombre como nadie y así fue como Vidocq se convirtió en el primer criminalista que penetró en la literatura universal. Se dice que el Valjean de Víctor Hugo también está inspirado en la vida de Vidocq. Vidocq nació en la misma ciudad


que Robespierre bajo el imperio de Luis XVI. De adolescente se caracterizó por su inestabilidad e inició con huidas de su casa. En la primera huida se llevó dos mil francos de la caja de su papá; a los 14 años mató en duelo a su maestro de esgrima, razón por la cual tuvo que huir de su hogar; a los 15 años, los papás lo enrolaron en el Ejército como soldado del Regimiento de Bourbon:


Se batió en muchos duelos.


Abandonó el Ejército porque a un suboficial lo abofeteo.


Se enroló en numerosas tropas, in- cluso cambió de frente entre Francia y Austria.


Tenía un talento inagotable para el disfraz y el camuflaje.


Durante años vagabundeó por toda Europa haciendo labores de soldado, de actor y de marionetista; en ningún trabajo duraba mucho.


A Vidocq le gustaban mucho las mu-


jeres y era amado por ellas; en cierta no- che encontró, en casa de una amiga que Vidocq cortejaba, a un oficial francés; se hicieron de palabras y Vidocq lo golpeó; el soldado habló a la policía y Vidocq fue condenado a tres meses de prisión por allanamiento. Él señaló este hecho como el principio de su carrera. Se escapó como era natural y se con-


virtió en proscrito. Por tres veces huyó y por tres veces fue atrapado, hasta que cayó a la prisión de Lylle, donde fue víc- tima de un complot. Un campesino llamado Boitez cayó a


su celda acusado de haber robado maíz para alimentar a su hambrienta familia. El juez no preguntó acerca de los moti- vos del robo y lo mandó a la cárcel por seis años. Los hijos de Boitez se vieron obligados a mendigar. El pobre diablo atormentaba día y


noche a los oídos de todos sus compa- ñeros, con sus lamentaciones. Hasta los más endurecidos presos sintieron com- pasión por él; dos de ellos, Grovard y


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Foto: © Christian Draghici | Dreamstime.com


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