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En este informe se puede advertir


también que gran parte de los vicios ac- tuales se deben a esa época: burocracia, caza de puestos, ambición desmedida, ri- validades internas y prebendas. Los his- toriadores refieren que en la antigüedad los cuerpos dedicados a la persecución de los delitos ya contaban con una exce- lente maquinaria de confidentes y espías; con Ramsés IX existía ya una guardia del Rey y un ejército regular. Con el avance del tiempo, el creci-


miento, la movilidad de la población, así como su diversidad se hizo necesario el desarrollo de los censos en la época de los faraones (hace dos mil años), a través de cédulas con descripciones personales y ubicación de residencia. En esa época también se instrumentaron los métodos especiales para “descubrir la verdad”.


EL TORMENTO


El suplicio se constituyó en el método oficial para los interrogatorios policiales de todos los pueblos de la antigüedad (con excepción de los hebreos):


En Grecia se utilizaba contra los es- clavos.


En Roma se practicó con exceso y se heredó desde Justiniano en su código hasta la edad media.


Nadie, ni desde Platón hasta Seneca,


pasando por Aristóteles, vio en el tor- mento un procedimiento reprobable.


LA PRIMERA NOVELA POLICIACA


Se tiene referencia en el Antiguo Tes- tamento con Daniel 13 que ésta es la primera novela policiaca en la que se describe cómo Daniel mediante interro- gatorio hace confesar a dos ancianos que pretendían inculpar a Susana, esposa de Joaquín, de haber cometido pecado car- nal cuando en realidad ellos habían pre- tendido abusar de ella. En la edad media se da una alta mo-


vilización de la población y por tanto, en la época de Carlo Magno, se empiezan a desarrollar las Organizaciones Policia- cas, esto fue en el siglo XIII, y se dispo- ne la creación de una especie de código conocido como los “Capitulares” en los que se establece la instalación de los Co- legios Jurados que eran los Organismos que recibían las denuncias de delitos y que a la vez organizaban el juicio. En aquella época el objetivo del juicio


era la satisfacción de una indemnización o resarcimiento que la parte acusada de- bía proporcionar al demandado.


Prueba de fuego.- El acusado debía transformar con las manos desnudas una barra de hierro candente situada a nueve pasos de la piedra bautismal ante el altar mayor del templo. En el siglo XVII, el acta de una Universidad Alemana reconocía la validez legal del juicio de Dios.


Arado candente.- El acusado debía caminar con los pies desnudos sobre doce arados que se habían enrojecido al fuego.


Prueba de la caldera.- Consistía en que el acusado debía sumergir el bra- zo, según la gravedad de los cargos, hasta la muñeca o hasta el codo, en una caldera llena de agua hirviente, con el objeto de atrapar una piedra que reposaba en el fondo.


Prueba del agua.- El acusado era atado con las piernas y los brazos en cruz y era hundido en el agua por medio de una cuerda a una profun- didad de media vara: si volvía a la su- perficie era culpable; si se sumergía, era inocente.


PROCEDIMIENTO


Se presentaba la parte acusadora y el culpable; el demandante debía jurar; y si el acusado negaba su responsabilidad o la autoría del hecho debía jurar ante el evangelio o ante alguna religión, o podía presentar testigos y si no se admitían los recursos, tenía la alternativa del duelo o del juicio de Dios. Los juicios de Dios u Ordalías se lle-


vaban a cabo en presencia de un tribunal eclesiástico y de un sacerdote. Existían los siguientes:


Prueba de la cruz.- El demandante y el acusado debían permanecer con los brazos levantados y en cruz frente a un crucifijo, en tanto que el sacer- dote leía en voz alta los evangelios, si el acusado dejaba caer los brazos an- tes que el acusador se le consideraba culpable.


Prueba del pan.- El inculpado debía comer un trozo de pan, sobre el cual se había pronunciado la habitual for- mula de imprecación, si el alimento resbalaba fácilmente hacia su interior, el sujeto estaba salvado; pero si se que- daba entorpecido en su garganta, era declarado culpable. La expresión “se le atragantó el bocado” tiene su origen en esta modalidad de Juicio de Dios.


Prueba del atado.- Se efectuaba to- davía en Alemania en el siglo XVI y se llevaba a cabo particularmente en los casos de asesinato. La persona sospe- chosa era llevada hasta el cadáver del asesinado sobre el cual se lanzaban los tres gritos de socorro que eran rituales. El inculpado debía mover el cadáver, si aparecían en éste manchas de sangre, se ponía de manifiesto la culpabilidad del sospechoso.


Prueba de las apariencias.- Tam- bién utilizada en casos de asesinato; el presunto homicida debía de colocar- se desnudo en presencia del tribunal ante la víctima, luego aproximarse y clavar por tres veces sus dedos en ma- nos de ésta, después se erguía y decla- raba solemnemente su inocencia. El sospechoso era declarado libre, si el tribunal encontraba en la mano de la víctima sangre u otro signo parecido.


SEGURIDAD PÚBLICA 123


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