Nos urge comprender por qué a pe-
sar de que se han hecho tan frecuentes los tiroteos y asesinatos masivos en sue- lo norteamericano, a manos de personas que padecen importantes desequilibrios emocionales, no se ha restringido la po- sibilidad de comprar armas de fuego, sin ningún tipo de impedimento a excep- ción de no contar con antecedentes pe- nales. ¿Por qué si se continúan sumando víctimas inocentes, no se vislumbran en la agenda política de los Estados Unidos, serias propuestas y proyectos de inicia- tivas de ley? Sería necesario restringir y controlar de manera estricta, la produc- ción y venta de armas, por lo menos, de armas de grueso calibre y fusiles de asal- to, dentro del territorio estadounidense. Para dar respuesta a las preguntas
anteriores, no hay que olvidar que EUA es el primer consumidor de drogas en el mundo y, al mismo tiempo, ocupan el primer lugar en producción y venta de armas del planeta… Ésta es una realidad que hay que analizar con profundidad y con la mayor objetividad posible para tratar de establecer todas las implicacio- nes y consecuencias que se derivan para México. En ocasiones, la doble moral de la
clase política norteamericana, le hace tanto o más daño a México que la falta de integridad y preparación de algunos de nuestros propios gobernantes. Sin importar el lado de la frontera en
el que nos encontremos, cada día van en aumento las probabilidades de vernos en medio de una balacera, o bien, en la mira de un arma de fuego, aun cuando, no nos dediquemos a actividades ilícitas. En diferentes contextos hemos leído
o escuchado alguna vez, en medio de un grave problema o riesgo inminente, que ya no podemos permanecer indiferen- tes, que tenemos que asumir una posi- ción y que debemos hacer algo. En principio, hay que estar conscien-
tes de que las próximas balas que van a salir disparadas por un arma de fuego, intencionalmente o por error, pudieran ser las que estarán dirigidas a nosotros; es decir, pudieran ser las nuestras… n
PRIMERO MUERTOS P
rimero muertos que dejar de fa- bricar y vender armas de fuego;
incluyendo las de alto poder, con la capacidad de eliminar a nuestros enemigos y a los de nuestros clientes. Y también, ¿por qué no?, a nuestros propios clientes, y a los enemigos de nuestros vecinos e incluso, a nues- tros vecinos y a los enemigos de los líderes y sicarios de los cárteles de las drogas y a los protectores de los líderes y sicarios y hasta a nuestros propios soldados, marinos y policías y hermanos, hijos e hijas. Primero muertos que dejar de
producir y vender armas de fuego, especialmente, las de alto poder por- que es un gran negocio, si se maneja bien, sin prejuicios, sin complejos de culpa sin nada que perder. Sólo por el negocio de producir y vender car- tuchos, granadas, pistolas y fusiles de asalto a cualquiera que tenga la ca- pacidad de comprar sin importar la procedencia del dinero ni el destino de las balas, y tampoco, si lo permite o lo prohíbe la ley Primero muertos que quitarle a
nuestro pueblo, a los enfermos menta- les, a los inadaptados, a los criminales, a los terroristas y a los narcotraficantes la posibilidad de comprar un arma de alto poder y planear un asesinato ma- sivo para vaciar uno o varios cargado- res y todo su resentimiento social en contra de inocentes en una escuela, en una calle, en un bar, en un templo, en un cine, en un centro de rehabi- litación o en una plaza comercial. Y terminar en segundos, con la vida de los demás. Primero muertos que soñar con
restringir o permitir una amenaza y mucho menos la muerte de nuestra industria armamentista; uno de los principales pilares de nuestra econo- mía. Por la cual es posible, para varias
de nuestras familias, amasar grandes fortunas y rodearse de lujos (viajar en jets privados, financiar campañas, comprar voluntades, ganar eleccio- nes y controlar al mundo) a cambio de una que otra pesadilla. Primero muertos que dejar de pro-
ducir directa o indirectamente miles de muertos y miles de enemigos, ríos de sangre, cientos de discapacitados, dolor interminable, mares de odio, sofisticadas venganzas (9-11). Pero no dejar de transmitir por las noticias un nuevo tiroteo, el último atentado o la más reciente masacre que pue- des ver desde la pantalla de tu casa comiendo palomitas aunque pronto se cuente entre los muertos a uno de tus hijos o hijas. Primero muertos en nuestro te-
rritorio y más allá de estas fronteras por miles de armas de fuego… Lo confirman nuestros ex combatientes que con gran valor sobrevivieron y son adictos a las drogas para tratar de olvidar lo que hicieron… Nuestro destino es matar, jalar del
gatillo y vender las armas a los asesi- nos con gran vocación (rápido y fu- rioso)… y después, si lo merecen los muertos, con unas gaitas de fondo re- partir condolencias, llorar su partida y al día siguiente... volver al negocio. Primero muertos que dejar de en-
señar a nuestros hijos que es normal durante el día trabajar en una fábrica de armas, de misiles, lanzacohetes, pistolas o granadas. Y de noche, ce- nar con la familia y rezar antes de dormir junto a una escuadra… Es parte de nuestra naturaleza para sentirnos más seguros; como un me- canismo de defensa, contar con un último recurso pero seguir haciendo posible “el sueño americano”, sin im- portar las consecuencias ni condenar nuestro futuro…
* Acerca del autor
- David Anguiano, CPP, es experto en el área de seguridad. Si desea conocer más acerca del autor, consulte su CV en:
www.seguridadenamerica.com.mx/ colaborador
EL PROFESIONAL OPINA 139
Foto: Shutterstock
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