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SEGURIDAD PÚBLICA La perspectiva de obtener dividen-


dos financieros significativos e inmedia- tos suelen ser el mayor atractivo para la comisión de delitos, como lo muestra la magnitud del más representativo de los delitos dolosos, el negocio del narcotrá- fico que representa ingresos anuales por alrededor de 320 mil millones de dólares al año, de acuerdo a la Oficina de las Na- ciones Unidas contra la Droga y el Delito, lo que lo ubica como la segunda actividad económica más redituable, sólo supera- da por el negocio del petróleo. Sin em- bargo la causa más común que fomenta este tipo de faltas son las conveniencias personales, sea de índole económica al adquirir bienes a un costo mucho menor que en el mercado legal, o de índole más f ísico como la drogadicción. Por ello, un segundo factor relevante,


en algunas formas de los delitos dolosos como son los casos del narcotráfico, el robo de bienes, el contrabando y la pira- tería, que contribuye en mayor medida a fomentar la existencia y persistencia de estas faltas es el propio conglomerado social que una parte es víctima pero en otras es cómplice por propia convenien- cia. De tal suerte que se configura un panorama de paradojas, contrasentidos y contradicciones que bien pudiera in- terpretarse como una condición de “es- quizofrenia social” (no quiero ser vícti- ma del delito, pero si hay oportunidad de beneficiarme quiero ser parte) o incluso como una actitud de “hipocresía social” (protéjanme de los delitos de los que no me beneficio). Existen otras circunstancias que en


conjunto crean un ambiente que favore- ce la proliferación de los delitos. Éstas se ubican en un ámbito de índole cultural, de los que se destacan dos: por una parte la adopción a manera de “contracultura” de formas de conducta asociadas a los grupos criminales, como el uso de cierta indumentaria y la preferencia por expre-


siones artísticas, musicales primordial- mente, que hacen una apología de estos grupos y, por otra, una actitud que se podría considerar como “complicidad pasiva”. Cuando la población prefiere ignorar e incluso tolerar la presencia y actividad de grupos delincuenciales en su entorno sin denunciarlos, por temor o simple desinterés, motivados, en oca- siones de manera justificada, por la in- efectividad de las instancias institucio- nales para brindarles protección. El combate al crimen no se orienta a


enfrentar a un “extraño enemigo” sino todo lo contrario. Se trata de una batalla hacia el interior de las sociedades, en- frentando a la parte de ella que es res- ponsable de la comisión de los delitos, tratando de proteger a la parte que es la víctima de éstos, y contrarrestando al sector que de alguna manera los solapa, ya sea porque obtiene algún beneficio o simplemente porque consideran que “no es su problema”. Por ello, la línea de pre- vención del delito se orienta a acotar los espacios de oportunidad para evitar, o al menos, dificultar la comisión de éstos; proteger y salvaguardar a la población para evitar que se conviertan en vícti- mas; y desincentivar la colaboración, activa o pasiva con las fuerzas de la de- lincuencia.


MEDIDAS PARA EVITAR EL DELITO Las estrategias en materia de preven- ción del delito por parte de las instancias públicas suelen estar alineadas con esta perspectiva, por lo que contemplan de manera predominante la atención e in- volucramiento de la población civil, en- fatizando los formatos de participación ciudadana, a través de medidas y accio- nes dirigidas, por una parte, a la recu- peración y preservación de los espacios comunitarios para posibilitar el queha- cer y la convivencia social con libertad y


seguridad, y por otra a la reconstrucción y el fortalecimiento del tejido social con el fin de reducir su permeabilidad y su vulnerabilidad ante la presencia y activi- dad de agentes y efectos antisociales, en este caso específicamente los que impli- can la comisión de ilícitos. Ejemplos de estas medidas y ac-


ciones son las establecidas en el Eje 2, “Prevención del Delito y Participación Ciudadana” de la Estrategia Integral de Prevención del Delito y Combate a la Delincuencia implementado por el ac- tual Gobierno federal mexicano a través de la Secretaría de Seguridad Pública, y que contemplan el programa de Escuela Segura (para recuperar la seguridad en el entorno escolar) y el de Recuperación de espacios públicos (que promueve la reha- bilitación de los espacios públicos para la convivencia social), dirigidos precisa- mente a la recuperación de sitios comu- nitarios, así como el programa Salud sólo sin Drogas (para prevenir adicciones). Todo esto orientado a la reconstrucción y fortalecimiento del tejido social. Sin embargo, a pesar de los recursos


invertidos desde dichos organismos, el hecho es que a lo largo de la historia los resultados alcanzados por los programas institucionales de combate a la delin- cuencia, entre ellos los de prevención, no han logrado colmar las expectativas sociales por una multiplicidad de causas entre las que destacan la ineficacia de las corporaciones policiacas, la corrupción gubernamental y las deficiencias de los mecanismos judiciales. Como reacción a esta insatisfacción social surgen las lla- madas organizaciones de la sociedad civil que coinciden en propósito pero difieren en los métodos pues privilegian las posi- ciones de crítica y reclamo hacia las insti- tuciones, en ocasiones totalmente justifi- cadas pero a final de cuentas igualmente con escaso éxito. Por las condiciones en que surge, se


desenvuelve y sus efectos, al delito se le ha equiparado como un cáncer que gra- dualmente descompone y destruye el tejido social pero esta semejanza es aún más amplia puesto que, al igual que el cáncer, éste se nutre del propio organis- mo que destruye, y en muchas ocasiones si se pretende erradicarlo extirpándolo, no tarda en aparecer nuevamente e in- clusive en forma más agresiva. En dicho escenario de semejanzas, las medidas de prevención estarían dirigidas a mante- ner un organismo “sano” para anular o al menos reducir la posibilidad de que surja el “cáncer”, así como a evitar que consiga las condiciones favorables y los “nutrien- tes” que necesita para subsistir y crecer.


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Foto: © Michael Zysman | Dreamstime.com


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