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10 PUNTOS BÁSICOS PARA CONTRATAR A UN BUEN CONSULTOR


se amparan en la “moral laxa de los ciudadanos, que entienden y amparan la mentira si esta se usa es en favor de un bien común mayor”. Aunque es muy relativo suponer el efecto consecuente de ese principio, aceptemos que últimamente no vivimos tiempos éticos en la política ni en la comunicación política. Hasta se ha perdido el sentido del humor en los debates parlamentarios y/o mediáticos en- tre candidatos y líderes de gobierno y oposición. Por tanto y partiendo de las premisas anteriores,


tenemos dos puntos de partida de lo que no debe priorizarse a la hora de contratar a un consultor político: el uso indiscriminado del principio “el fin justifica los medios” y la aceptación a ultranza de la mentira como vehículo de triunfo final. Cierto es que nos contratan para ganar (al final y al cabo, es lo que quiere todo político, tener el poder para usarlo en beneficio de unos principios por los que se ha pre- sentado y que, en teoría, promete defender y apli- car), pero no puede esa la única excusa que guíe y ar- ticule nuestra estrategia a presentar menoscabando una ética más que nunca necesaria, un manual de buenos fundamentos y mejores prácticas. La Política (así lo escribo, con mayúsculas) es


en esencia la lucha por alcanzar unos ideales de so- ciedad. Es la apuesta por el beneficio común. Es la ejecución del progreso, de la mejora continua. Es la proyección de unas personas como líderes de una comunidad que necesita canalizar sus pretensiones y necesidades, organizando los recursos jerárquicos, de poder y económicos de la manera más inteligente para su país, para su futuro... Y todo lo que no sea esto, independientemente de las ideologías confrontadas y enfrentadas, merece la indignación social. Exacta- mente lo que ocurre actualmente en España. Sin em- bargo, esos líderes no pueden ni deben caminar solos. Necesitan de alguien que les ayude a hacer mejor su trabajo. Los consultores somos la luz que ilumina la estrella política de su mandato o de sus aspiraciones. Por ello defiendo que la consultoría política es


un mal necesario. Porque puede ser impulsora de una ética generadora de buenas conductas y rege- neradora de malos hábitos y costumbres. Poten- ciadora de una ideología respetuosa con la discre- pancia y catalizadora del bien común. Ejecutora de principios responsables pero firmes, de medidas necesarias que requieren de la pertinente y perió- dica explicación por parte de quien las toma. Algo que en España, otra vez tomada como ejemplo, no sucede en la actualidad. Ni con el actual gobierno ni con el anterior. Craso error de gobernante que prefiere aislarse en la poltrona de palacio antes que ser cercano en el atril de la responsabilidad. Pero como no podía ser de otra forma, en esta


profesión también hay quienes se corrompen al mismo tiempo que sus asesorados, que justifican las tropelías legislativas y construyen su marca al albur de triquiñuelas poco éticas. Que viven enquis-


Julio • Agosto 2012Julio · Agosto 2012


tando y entorpeciendo la participación de terceros en lo que entienden que es su cortijo. Este articu- lista cree en un mundo de sinergias, de colabora- ción y competencia (competencia colaborativa), de conjunción de esfuerzos y unión de voluntades. En cualquier ámbito y ambiente. Y en la política, más aún. Por ello, los criterios que esbozaré a continua- ción han sido elaborados desde mi experiencia como consultor dentro y fuera de esta profesión. Cuando he estado al frente y cuando he tenido que dar un paso al costado y observar desde otra trin- chera. Para quien esto escribe, no son buenos pro- fesionales de la consultoría política aquellos que:


1. Someten sus decisiones al arbitrario juicio del servilismo. Ya que esas personas, también deno- minadas “yesman” se convierten en sombras de sus asesorados y juegan con la vanidad de estos al darles siempre la razón. La buena consultoría cuestiona, evalúa, somete a la crítica constructiva e incluso se opone a las creencias de su asesorado para generar con ello una idea mejor, global y váli- da para toda la ciudadanía.


2. Se construyen su vivienda a la sombra de un personaje. Ya que finalmente no priorizará la ética y el equilibrio en sus decisiones sino el manteni- miento de su puesto bajo el egoísmo de permanecer en el poder sin haber pasado por las urnas o el de su asesorado, sin que ello genere un beneficio real a la ciudadanía. La buena consultoría se expone, cam- bia de candidatos, refresca sus planteamientos e ideario y está en constante movimiento. Acabará arrastrando al descrédito al político asesorado.


3. Trabajan de su pasado, no del presente. Ya que viven de haber conseguido un rédito político en campañas electorales de hace más de una década y con su apellido y posicionamiento basado en las amistades impiden que nuevas técnicas o estrate- gias se establezcan como procesos productivos para sus asesorados. La buena consultoría investiga, lee, crece, bebe de otros profesionales, cede sus espa-


“CIERTO ES QUE NOS CONTRATAN PARA GANAR, PERO NO PUEDE ESA LA ÚNICA EXCUSA QUE GUÍE Y ARTI- CULE NUESTRA ESTRATEGIA A PRESENTAR ME- NOSCABANDO UNA ÉTICA MÁS QUE NUNCA NECESARIA, UN MANUAL DE BUENOS FUNDAMEN- TOS Y MEJORES PRÁCTICAS”


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