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po por la deseada victoria final. Si todo el mundo supiera a quien va a votar, sería fácil predecir el ganador. Pero pocos tienen su decisión clara. El resto, los famo- sos “indecisos”, le agregan con su poca claridad de ideas, emoción al proceso, dándole un factor de impredictibilidad. En inglés tam- bién se les llama swing voters, (swing en este contexto, sería el verbo cambiar) por esa tendencia que tienen de cambiar de opinión respecto a su voto cada cinco mi- nutos; así como floating voters, lo cual bajo mi punto de vista, es porque constituyen una amena- zante nube que flota por encima de las cabezas de los candidatos hasta el día de las elecciones, y no hay hombre del tiempo que pue- da predecir que hará. A pesar de su volatilidad, los


indecisos cobran gran protagonismo en las eleccio- nes, y con frecuencia la jornada post-electoral lee- remos un irónico titular del estilo de “los indecisos decidieron las elecciones”. Constituyen una obse- sión en las elecciones, la zanahoria a perseguir, las termitas que, insaciables, van devorando nuestro presupuesto. Al ser un grupo que en su mayoría no se aferra a ninguna ideología concreta ni está afilia- do a ningún partido en especial, es difícil que estén involucrados políticamente y que pueda llegarse a ellos por vías económicas como grupos en Internet, mítines, convenciones…ha de ser la política la que invada su espacio, ya que al revés es poco probable que ocurra. Hay que tratar de captar su atención mientras vean la tele, escuchen la radio, o ojeen un periódico. Es decir: medios de comunicación masiva above the line, que son los más caros con diferencia. Entonces ocurre algo muy divertido: todos los


candidatos descubren con su research, cuales son las zonas con mayor cantidad de indecisos. Todos dirigen la mayor parte de sus recursos a medios de comunicación en las mismas zonas. El indeciso escucha el spot del candidato A, seguido por el del candidato B, seguido por el del candidato C. Proba- blemente ahora está más indeciso que antes. Inca- paz de lidiar con su confusión, optará por cambiar de canal la próxima vez. Y es que debe ser muy traumático que mientras estas viendo tu programa favorito se atrevan a pedirte que pienses un poco. Peor aún: que te den a elegir entre tres tipos de Su- perman, ¿cómo se supone que debes adivinar cuál es el verdadero? Y mientras los políticos aumentan la cantidad de publicidad, los indecisos aprenden a cambiar de canal o estación hasta el día previo a las elecciones. Se convierte en una competición de


a ver quién tiene más dinero, para poder hacer más publicidad, y ganar por repetición: tanta, que ni el más esquivo indeciso pueda escapar. Dejemos a un lado lo caro que sale ir tras los inde-


cisos para analizar otros inconvenientes más relacio- nados con la ética política. Y es que tanta inversión desigual resulta hasta anti-democrática. Todos los votos deberían ser del mismo valor, pero como afir- ma el politólogo Darren L. Lilleker, los políticos pa- rece que actúan, en pos de maximizar su beneficio, dando prioridad a unos pocos como si su voto fuera más importante. Pero hay más: es bien sabido que muchas veces los candidatos, con tal de atraer a más indecisos, están dispuestos a vender su alma políti- ca y moverse al centro. Sacrifican la ideología para hacerse más atractivos, lo que el politólogo Elmer E., Schattschneider llama un “catch-all approach”. Es decir, están convirtiendo la política en un escenario dónde lo importante, por encima de la intención, es ser elegido. Parece que todo se vale, todo está en venta, con tal de ganar. Sin embargo, no es necesario perder identidad igual que no lo es cortejar desmesu- radamente a los indecisos. Incluso, quizás haya que hacer lo inverso. Volver a las raíces (no confundir con extremismo político, son dos cosas totalmente dis- tintas) y consentir a la base en el camino. La lógica de perseguir al indeciso mediante repe-


tición constante hasta que nos vote por inercia, re- quiere dinero, mucho dinero. Una vez escuché a un profesor decir que “la elección la gana quien más di- nero tenga”. Qué aburrido sería todo si esta fuera una verdad absoluta. Yo matizaría que el que más dinero tenga ya posee una gran ventaja pero no la victoria. La estrategia y la pasión por lo que se lucha resultan de mayor peso a la hora de la verdad. En resumen, no


Julio · Agosto 2012


A PESAR DE SU VOLATILIDAD, LOS INDECI- SOS COBRAN GRAN PROTA- GONISMO EN LAS ELECCIO- NES, Y CON FRECUENCIA LA JORNADA POST-ELECTO- RAL LEEREMOS UN IRÓNICO TITULAR DEL ESTILO DE “LOS INDECISOS DE- CIDIERON LAS ELECCIONES”


CUANDO LA VICTORIA ES INFIEL Y EL TAMAÑO NO IMPORTA


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