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EMIGRANTE ESPAÑOL, DÉJAME QUE TE CUENTE CÓMO ESTÁ ESPAÑA…


“MARIANO RAJOY, UN


PRESIDENTE AL QUE LE CUESTA


SALIR, RESPON- DER Y ENFREN- TARSE PARA


COMUNICAR A UNA ESPAÑA


QUE DA Y DA Y SÓLO PIDE SA-


BER MÁS SOBRE ESTA SITUA-


CIÓN. DA PERO APENAS OBTIE- NE A CAMBIO, Y LAS POCAS


PALABRAS QUE OBTIENE, SE DESVANECEN


DÍAS DESPUÉS POR CONTRA- DECIRSE CON LOS ACTOS DE


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ESTE GOBIERNO QUE EJECUTA DE MANERA ABSOLUTA”


mensaje titular y no su consecuencia: “Hemos pedi- do apoyo financiero para los bancos, no un rescate”. Esto es como las matemáticas: si sumamos apoyo + financiero, obtenemos el resultado. Elmundo.es en- cabeza su digital con “Rescate a la banca de hasta 100.000 millones sin condiciones al Gobierno”. Así las cosas, emigrante, así las cosas. Rescate, ayuda. Y sé que escuchamos el pasado 29 de mayo, en un atril que no le correspondía, el mensaje de nuestro Presidente de que “no va haber ningún rescate de la banca española”. Lo soltó contundente en la sede del partido en Génova, no en Moncloa, lo emitió con rotundidad pero recibiendo críticas porque la credibilidad cada vez es más cuestionada. El Gobier- no hará lo que hay que hacer, dijo Mariano Rajoy, pero los españoles lo único que sabemos es lo que ocurre a posteriori: desviación presupuestaria, ti- jeretazo en la educación pública, impuestos y más impuestos, la actualización de las pensiones al 1%, la subida del IRPF, el recorte de 8.900 millones en los Ministerios, una reforma laboral inmensamen- te criticada, empleos que se pierden a cada trimes- tre, recortes llamados reformas… Mariano Rajoy, no lo olvidéis, llegó al poder apostando por reducir la prima de riesgo, generar empleo, y recuperar la confianza perdida. Ese fue su compromiso aunque sin barita mágica, ya lo advirtió. Pero sus actos han demostrado todo lo contrario que sus mensajes. Querid@ emigrante, nuestro presidente ha re-


conocido los problemas de comunicación de su Go- bierno. Lo hizo ante el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular. Hasta la propia secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro, ha reconocido también que el Gobierno está comu- nicando “muy mal”. Pero cuando se programó la pri- mera rueda de prensa que daría en solitario y como Presidente de nuestro país, no contó con varios ele- mentos: el dónde, el quién era y qué representaba y, una de las cosas más importantes, a quiénes se dirigía. Lo programó en Génova, no en Moncloa, emitió mensajes que se han caído días después por su propio peso, explicó a medias la intervención de Bankia, y no supo generar confianza cuando un pe- riodista, en la rueda de prensa, esta vez sí, con pre- guntas (una para cada periodista y en igualdad de condiciones), le pidió que se dirigiera a los ciudada- nos que se preguntaban sobre las responsabilida- des de todo este asunto, a esa gente que espera, que quiere, que demanda, que está desbordada, qué no sabe qué hacer, ni cuándo, ni cómo, como tú, emi- grante. Y no supo. Según nuestro Presidente, se hace difícil explicar medidas tan duras como las que está tomando. Pero también es cierto que más difícil se hace aún recuperar la confianza cuando tus mensa- jes primeros no se corresponden con tus actos pos- teriores. La falta de credibilidad es el mayor cáncer de un Presidente. Perdida la credibilidad, se pierde el trono. Pero un rescate nos lo hacen ver cómo la


Julio · Agosto 2012 Julio · Agosto 2012


medida de los valientes para salir definitivamente de la crisis, como algo positivo, como una inyección de esperanza. Y después, Rajoy se va al fútbol, a ver a la selección española que juega la Eurocopa. Mal. Querido y querida emigrante, en los primeros


100 días de Gobierno, Mariano Rajoy supo perder la credibilidad con elegancia. Estrenó su periodo de mandato cayendo en errores de comunicación de manual. Se ha perdido entre sus formas y eso le ha hecho caer en el fondo. El asesor de comunicación Pau Canaleta, en “100 días, una imagen” cerraba su libro con esta frase: “Preocúpate, el fin de tu ciclo está a la vuelta de la esquina”. Quizás el ciclo de Ma- riano Rajoy haya terminado en seis meses. Así nos lo traslada también su aspecto: parece estar conta- giado por la crisis que nos angustia. Agonía. Rajoy parece estar tan enfermo como España: aparece con aspecto insalubre, ojos con bolsas ensangrentadas, sus pómulos demuestran soportar el peso de los hasta 100 millones que nos puede inyectar Europa, su sonrisa es plana, y su cuello demuestra una del- gadez que no le correspondía, como pavo que pedía incansablemente su alimento. A partir de ahora, la estrategia debe ser otra, su seguridad debe proyec- tar algo más que el liderazgo que la circunstancia le está arrebatando. Si no, el hoyo será aún más hondo. El consultor político, Antoni Gutiérrez-Rubí, ha ti-


tulado en un post para su blog #Micropolítica, “El día que el presidente dejó de serlo”. Porque evitar nom- bres para pedir un rescate, negar un rescate cuando lo es, omitir palabras, maquillar esta situación con la petición de una línea de crédito positiva para España, desconcertar a la ciudadanía con la intervención de un banco insostenible, Bankia, y sin la búsqueda de responsables y, lo peor de todo, no dar explicaciones al país, evitar dar la cara y presumir, como el Presi- dente hace, de dar por hecho lo que la gente entiende, no es liderar, y mucho menos presidir y representar fuera de las fronteras de nuestro país. Probablemente su estrategia sea esa misma:


dejarnos caer. Porque toda crisis es cíclica, así como todo momento histórico lo fue antaño. Cuando algo cae, se levanta. Cuando un barco va a hundirse, antes sale a flote. Cuando una pelota cae al suelo, rebota. Cuando la curva macroeconómica cae, se espera la remontada. No todo está abajo siempre permanentemente, ni todo arriba eternamente. Y Rajoy sabe que, cuanto antes se caiga, antes se le- vanta. Y cuanto antes se remonte, antes él ganará. Y si él gana en los próximos años, ganará España. Y si gana España, tendrá ganada la reelección. Eso sí, la situación de España, en la hipotética remontada, será muy distinta a la actual porque las desigual- dades sociales serán aún mucho más profundas que las actuales. Y a mayor desigualdades, mayor pobreza para la mayoría. Y a mayor pobreza, mayor ignorancia. Y a mayor ignorancia, menos será la competitividad. Pero a mayor ignorancia también,


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