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10 PUNTOS BÁSICOS PARA CONTRATAR A UN BUEN CONSULTOR


10 PUNTOS BÁSICOS PARA CONTRATAR A UN BUEN CONSULTOR


POR FRAN CARRILLO


l profesor Anthony Downs, en su An Economic Theory of Democra- cy, expresó una frase interesante que se ha repetido sin remisión en cada comparecencia electo- ral, con independencia del país en que se produzca (se entiende sociedades democráticas); el ob- jetivo de los partidos políticos (y por, tanto de los estrategas que


diseñan sus campañas) es formular políticas para alcanzar el poder, más que alcanzar el poder para llevar a cabo políticas preconcebidas. Es decir, la in- disimulada estrategia de gobernar a través de los medios por encima de los fines. Precisamente, de medios, de fines y del camino para emprender am- bos vamos a tratar en el siguiente artículo. La política no vive sus mejores momentos. Alcan-


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“LA POLÍTI- CA NO VIVE


SUS MEJORES MOMENTOS. ALCANZA


LOS PEORES RATIOS DE


CREDIBILIDAD Y CONFIAN- ZA ENTRE LA


CIUDADANÍA MUNDIAL. EN CADA PAÍS, EN


CADA ELECCIÓN, EL PARTIDO


MÁS VOTADO ES EL DE LA


ABSTENCIÓN”


za los peores ratios de credibilidad y confianza entre la ciudadanía mundial. En cada país, en cada elección, el partido más votado es el de la abstención (en Es- paña hemos tenido su demostración empírica en los pasados comicios de Andalucía y Asturias). Se repiten los mismos patrones de desafección, se suceden idén- ticas muestras de repulsa hacia una forma de ejercer una actividad pública esencial en la conformación de la ética ciudadana. La democracia, como forma de gobierno rectora de una sociedad libre, es criticada con justicia por quienes consideran (los ciudadanos, depositarios de toda soberanía) que ya no sirve a los intereses de la mayoría ni responde a los parámetros por los cuales es defendida y sostenida. Consideramos que son varias las razones de


este desapego global. Unas veces los malos de esta película son los mercados (expresado en abstracto, sin rostro ni sede social definida). Otras, gobiernos corruptos incapaces de satisfacer las necesidades ciudadanas y que, antes que servir (a los demás), prefieren servirse (a ellos mismos). Y otras, la co- yuntura social y mediática, una vencida por anes- tesia, otra por complicidad manifiesta. La cuestión es que el No a lo que se hace sigue venciendo al de- bate sobre cómo mejorarlo. Lo que debemos preguntarnos es: y los que es-


tamos trabajando en esta profesión, los que ayu- damos a que los políticos desarrollen mejor su tra- bajo, los que tratamos de iluminar sus actuaciones desde la observación de una ética manifiesta, ¿no tenemos nada que decir, no debemos realizar au- tocrítica por lo que pasa, no podemos autoanalizar


Julio · Agosto 2012 o • Agosto 2012


nuestro trabajo, sin perjuicio de caer en la ignomi- nia corporativista ni estar sometidos a las críticas de una profesión, por otra parte injustamente vili- pendiada y maltratada? Cuando el marketing electoral llega a la políti-


ca (mediados del siglo XX en Estados Unidos, en la campaña que enfrentó en 1952 al republicano Eis- enhower contra el demócrata Stevenson) se produ- ce un antes y un después en la forma de conformar la información que debe llegar a los ciudadanos. Se pasa del texto a la imagen, de lo mental a lo visual, del discurso largo, elaborado y con ideas razonadas al texto corto, contundente, emotivo, con una idea fija y un eslogan o mantra resonante. La publicidad llegaba a la política y las formas empezaban a sus- tituir al fondo. Si en treinta segundos no eras capaz de hacer que tu mensaje calara en la mente del ciu- dadano, no era un buen mensaje, independiente- mente del formato en el que lo presentaras. Cuando acudimos a Orwell (un hombre que vi-


vió la política y sintió la guerra como dermis y epi- dermis de un mismo cuerpo) este nos presta una frase aterradora en su ensayo La política y la lengua inglesa que muchas veces define nuestra profesión: “El lenguaje político está diseñado para que las men- tiras suenen como verdades, el crimen parezca res- petable y para darle consistencia al puro viento”. Una máxima que vemos catapultada a estrate-


gia de cabecera cuando el ciudadano no distingue al político de su asesor, la luz de su sombra, al pro- fesional del arribista. Y eso es grave. Confirma estas impresiones en su reciente e


interesante ensayo, Por qué mienten los políticos, el profesor de ciencia política de la Chicago Univer- sity, John Mearsheimer quien justificaba la exis- tencia de la mentira en comunicación política por “razones estratégicas” del líder, que muchas veces


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