PRISIONES
(mediante la construcción flexible) para satisfacer los diversos regímenes de cus- todia según lo determinado por los re- quisitos de clasificación, puede ayudar a mejorar el funcionamiento de los pro- gramas de rehabilitación. Y con el obje- tivo de mantener la separación interior de la población reclusa conforme a los criterios de clasificación, cada unidad debería operar de manera discreta y au- tosuficiente, incluyendo para ello toda una variedad de espacios individuales y colectivos donde los internos puedan congregarse para replicar algunas de las actividades que estarían realizando en el exterior: cocinar, comer, estudiar, ver la televisión, leer, jugar y ejercitarse.
Fomentar la seguridad, la fácil su-
pervisión y movimiento de los inter- nos: el principio de seguridad del centro requiere el uso de diseños en línea recta que proporcionen una clara visibilidad a lo largo de edificio penitenciario a su vez que potencien el sentido de orientación y la fácil localización de espacios. A nivel de los espacios residenciales, la seguridad se logra al organizar los espacios para la “supervisión directa” de conformidad con la cual el funcionario/oficial peni- tenciario se encuentra estratégicamente ubicado dentro del área común, con una visibilidad clara y directa de las celdas. Es también esencial contar con la superficie física adecuada para mejorar el campo visual y para facilitar que el personal pe- nitenciario pueda escuchar y supervisar a los internos en todo momento. La supervisión directa no sólo ayu-
da a la informal, sino que también promueve la interacción directa y una comunicación normalizada entre el personal y los internos, permitiendo así al personal penitenciario identificar, anticipar y abordar problemas de ma- nera proactiva, antes de que los mismos se agraven. Una premisa fundamental de este enfoque es que los internos no están confinados en sus celdas todo el día, sino que participan en actividades programadas y de tratamiento y tienen la libertad de moverse y utilizar los re- cursos disponibles para ellos dentro del módulo de internos, con una seguridad menos intrusiva. El permitir a los inter- nos un control medido sobre su espa- cio proporciona un ambiente propicio para el cambio y la autoconciencia, ani- mando al interno a controlar su propio comportamiento y tomar decisiones responsables, además de responsabili- zarlos de sus decisiones respecto a su participación en las actividades diarias del establecimiento.
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www.seguridadenamerica.com.mx Proporcionar un ambiente salu- Permitir a
los internos un control
medido sobre su espacio
proporciona un ambiente
propicio para el cambio y la autocon- ciencia
dable y seguro: los espacios que ayu- dan a levantar la moral de las personas privadas de libertad benefician no so- lamente a los residentes, sino también al personal penitenciario (quienes, por lo general, suelan acabar pasando más tiempo en estos centros que los propios internos) y a los miembros de la socie- dad (familiares, amigos, organismos e instituciones de cooperación peniten- ciaria). Espacios en los que penetra la luz del sol, se proporcionan vistas al exterior, tonalidades de colores tera- péuticos y materiales normalizados fomentan la participación de los inter- nos, reducen el estrés, los incidentes y ataques; y disminuyen el absentismo del personal. Brindar un ambiente saludable y
seguro a lo largo de las instalaciones también es esencial para fomentar el compromiso y la participación de miembros de la comunidad, aspecto clave para lograr el objetivo rehabi- litador. Los visitantes, voluntarios y proveedores locales se sentirán mucho más seguros, si las áreas que frecuen- tan (por ejemplo el vestíbulo público, locutorios, áreas de espera y de visita, etc.) son agradables, cómodas para los usuarios, cuentan con luz de día, ven- tilación y temperatura adecuada, con control de los olores y el ruido. Los mismos principios son aplicables en el diseño de los espacios administrati- vos y de apoyo al personal, las áreas de programas, servicios y tratamiento, los pasillos de circulación, etc.
Proporcionar un espacio esti-
mulante y un ambiente de vivienda normalizado (menos institucional y más estilo residencial) para los ha- bitantes: los espacios más efectivos de cara a la rehabilitación son aquellos que brindan una sensación hogareña y ayudan a mejorar la calidad de vida. En los módulos de internos, el uso de un entorno normativo, intelectualmente estimulante, de escala humana y techo bajo con tejas y paneles acústicas de gra- do comercial, donde abunda la luz solar, la apertura, las vistas sin obstáculos, el acceso a la naturaleza, los paisajes, puer- tas sin barrotes, amplias ventanas, los muebles funcionales y móviles de estilo hogareño, el uso de materiales norma- lizados tales como alfombras, madera, vidrio templado o inastillable, y el uso de colores y texturas suaves, transmi- ten una sensación de paz y tranquilidad, ayudan a romper con la monotonía y motivan los sentidos. Además, otorgar
cierto grado de privacidad y persona- lización del espacio son aspectos clave para el proceso de transformación del interno. En este sentido es muy importante
conceder al interno el derecho a la pri- vacidad para dormir, el mantenimiento del orden y de su higiene personal, y la custodia de sus objetos personales. A su vez, debe promoverse la personalización de espacios; por ejemplo, permitiendo que los internos decoren sus cuartos, re- organicen los muebles de la sala de estar o ajusten el nivel de luz. Esto promueve el sentido de dignidad personal de los internos y su control sobre el medio am- biente, fomentando a la vez el respeto a sí mismos y hacia los demás.
Ofrecer espacios diversos: tan
importante como ofrecer un elenco de programas y servicios de tratamiento para los internos, lo es el proporcionar espacios con fines múltiples que puedan utilizarse al servicio de la rehabilitación tales como aulas para la formación aca- démica y profesional, áreas para progra- mación de talleres y actividades, espa- cios para la práctica de la espiritualidad, y oficinas para actividades de terapia tanto individual como de grupo. Un diseño arquitectónico orientado
a la rehabilitación debería maximizar los espacios dedicados a la programación de los internos evitando así que las acti- vidades y los programas de tratamiento tengan que competir por el espacio dis- ponible y poner en riesgo la participa- ción y acceso regular de los internos a las distintas actividades, programas de tratamiento y servicios penitenciarios. Con el objetivo de fomentar una
socialización positiva, el movimiento y la experimentación de los cambios de estación, los espacios de uso múltiple deberían estar organizados espacial- mente a modo de campus, compuesto de varios edificios individuales organi- zados para maximizar el uso de recur- sos compartidos.
ENFOQUE DE DISEÑO HUMANIZADO
La construcción de un centro peniten- ciario requiere de un enfoque de diseño humanizado pocas veces requerido en otro tipo de edificio arquitectónico de carácter público. Una nueva generación de “centros penitenciarios de rehabilita- ción” debería proporcionar espacios que reduzcan el estrés, el miedo y los trau- mas; espacios que motiven a los internos a participar en actividades productivas, que disminuyan la ociosidad y el com-
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