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PRISIONES


¿CÓMO CONSTRUIR PARA LOGRAR EL ÉXITO?


Diseño e infraestructura penitenciaria como herramientas para la rehabilitación


ESPAÑA D *Marayca López Ferré


ebido a mi formación como pe- nalista y criminóloga, siempre he estado comprometida con el fin


de rehabilitación y resocialización de los delincuentes. Tras pasar un tiempo con- siderable visitando y evaluando cárceles en todo el mundo, me di cuenta que, mientras la necesidad de construir más prisiones es cuestionable, la humanidad necesita mejores establecimientos pe- nitenciarios para seguir el ritmo de los avances en materia de filosofía y prácti- cas carcelarias contemporáneas. Hace ocho años dejé mi profesión


académica y me uní a una firma de ar- quitectos especializada en la planeación y el diseño de edificios penitenciarios, descubriendo así la dimensión social de la arquitectura y el poder de los estable- cimientos carcelarios como solución al-


ternativa para facilitar el progreso de los sistemas de prisiones modernos1


. Desde hace tiempo se ha venido


reconociendo la importancia de la es- tructura f ísica de cualquier institución penitenciaria para el cumplimiento de objetivos particulares. A lo largo de la historia, estas instituciones han actua- do como la manifestación arquitectó- nica de filosofías contrarias sobre el fin propósito del castigo. En el siglo XVIII, cuando la pena privativa de la libertad se erigió como la principal forma de san- ción en las sociedades occidentales, la propia prisión se convirtió en el medio de castigo. Como método principal de sanción,


fue una característica de los primeros di- seños correccionales el reflejar patrones punitivos reproductores de los ideales


del aislamiento forzado e intimidación. A finales de siglo y comienzo del XIX, movimientos de reforma penitenciaria fueron seguidos por nuevos conceptos de diseño orientados también a la refor- ma de los privados de libertad. Es así como los “sistemas de separa-


ción y del silencio” (modelos penitencia- rios de Pensilvania y Auburn respecti- vamente) se convirtieron en dos de las primeras manifestaciones arquitectó- nicas donde el diseño del edificio peni- tenciario y la disponibilidad de espacios se utilizaron como herramientas de cambio y de reforma de los delincuentes mediante el aislamiento y el trabajo, in- cluyendo para ello tanto celdas separa- das como configuraciones de áreas más amplias donde los internos pudieran trabajar en grupo.


LAS CÁRCELES EN LA ACTUALIDAD


Aunque los fines de la pena privativa de libertad de hoy en día tienen poco en común con los de siglos atrás, con es- casas excepciones, la arquitectura peni- tenciaria ha permanecido más o menos igual alrededor del mundo: institucio- nes grandes, generalmente ubicadas en áreas rurales remotas, de apariencia aus- tera, con muchos símbolos externos que denotan la función del edificio como lugar de confinamiento y cargadas con símbolos de seguridad indicativos de un control absoluto (por ejemplo, períme- tros exteriores con altos muros, extensas alambradas, torres de control elevadas y portones pesados). En su interior, estos inmuebles se


caracterizan por su uniformidad en co- lores y texturas, así como también por pabellones enormes que albergan a una gran cantidad de individuos en celdas de concreto, grises y de tamaño reduci- do con ventanas con barrotes de acero y puertas deslizables; organizadas en largos y angostos corredores. Y ni que decir tiene que este modelo de interna- miento no sólo ha obstaculizado la in- troducción de ideales de rehabilitación, sino que además ha arrojado resultados negativos a nivel individual, social y eco- nómico. Durante las últimas dos décadas, en


medio de una población penitenciaria creciente a nivel mundial, el valor de la arquitectura penitenciaria como catali- zador de resultados positivos ha impul- sado a los arquitectos con visión de fu- turo a reevaluar los modelos carcelarios clásicos, a reconsiderar el diseño peni- tenciario y a experimentar con concep- tos espaciales innovadores impregnados


110 www.seguridadenamerica.com.mx


Foto: CGL


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