SEGURIDAD PÚBLICA
alertar de su presencia. Por ello, se requiere de la ayuda de esos “mil ojos” de la población para detectarlos, y de sus “mil manos” que les cierren las puertas para no darles “la ocasión que espera el ladrón”. Porque la seguridad no es una dádiva que cae como maná
del cielo, sino una causa por la cual hay que luchar juntos, instituciones y población, en particular contra ese enemigo común que es la delincuencia, haciendo realidad aquello de “un soldado en cada hijo te dio”, si bien cada parte desde su trinchera y con sus armas. Las instituciones enfrentándola con la fuerza de las corporaciones y la ciudadanía eludiéndola mediante el despliegue de medidas de prevención y su corres- pondiente aplicación para propósitos de autoprotección, que en la práctica constituye la forma más efectiva de protección. En este contexto y a fin de lograr la mayor efectividad po-
sible en este propósito es necesario proporcionar una base de preparación a la ciudadanía, esos “héroes de lo cotidiano” que salen todos los días de sus casas a seguir haciendo su vida, construyendo el bienestar y la prosperidad social a pe- sar de los peligros en su entorno, a fin de que pueda realizar su parte en este ejercicio de corresponsabilidad social para la cual lo más conveniente es privilegiar un enfoque cultural orientado a modificar los perfiles de hábitos y costumbres en el quehacer cotidiano evitando esos descuidos, omisio- nes y errores que abren los espacios de oportunidad para la delincuencia. Porque si la presunta víctima dificulta en lugar de facilitar el accionar de la delincuencia, no sólo aumenta y mejora las posibilidades de evitar daños, sino también de contener a la delincuencia. Pero es igualmente importante considerar, para evitar de-
cepciones y frustraciones por falsas expectativas imposibles de cumplir y que pudieran llevar a un desistimiento de la po- blación para participar, que sería utópico pensar en una erra- dicación total de la delincuencia, ni siquiera en el muy largo plazo, debido entre otros factores a la base social de apoyo con que cuenta a través de los consumidores de sus productos, que van desde la piratería, pasando por la compra de bienes robados y la trata de personas, hasta el narcotráfico. Entender que el combate a la delincuencia, en cuyo ámbito se inscribe la prevención del delito, es una lucha permanente en la que sólo se puede aspirar a restringir sus espacios de maniobra para reducir los daños que pueda causar a la sociedad. Un panorama de la magnitud de esta base social de “apoyo
a la delincuencia” se puede apreciar si se considera que, a nivel global, el negocio de la delincuencia es de alrededor de 870 mi- llones de dólares (mmdd), de los cuales aproximadamente 320 mmdd corresponden al narcotráfico y 32 mmdd a la trata de personas. En nuestro país, se estima que el narcotráfico es un negocio de entre 25 mmdd y 40 mmdd, el robo al transporte representa un negocio de 11 mmdd y la trata de personas 10 mmdd. Cantidades que sustentan los lujos de los criminales, la corrupción de las autoridades, y la violencia contra la pobla- ción, que a final de cuentas es quien aporta este financiamiento al ser “clientes de la delincuencia”. La seguridad es un asunto de todos, una problemática mul-
tifactorial cuya solución requiere de la colaboración activa y efectiva de todas las fuerzas sociales, con un énfasis especial en la participación ciudadana, persuadiendo y sobre todo apo- yando a la ciudadanía para que transite de la indolencia del “síndrome de Peter Parker” a la convicción proactiva de que la seguridad empieza en la propia casa con iniciativas de preven- ción para la autoprotección, en particular contra la delincuen- cia. No sentarse a esperar que las fuerzas cósmicas se alineen por azar y hagan que el destino sea favorable, sino tomar el
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control y construir un destino que resul- te favorable. En el ámbito de la seguridad, el en-
foque de la prevención es la forma más efectiva para reducir las posibilidades de daños y perjuicios puesto que se orienta a evitar que se manifiesten y concurran las condiciones que propician y favore- cen la ocurrencia de las amenazas que los pueden originar. Y para la configura- ción de medidas de prevención efectivas es conveniente contar con alguna forma y grado de preparación, en particular por parte de una ciudadanía que no es ni debe pretender convertirse en “profesio- nal”, como los grupos de “autodefensa” o de corte “paramilitar”, ante fenómenos de alto riesgo con perpetradores “profe- sionales de la violencia” como la delin- cuencia.
MEDIDAS DE PROTECCIÓN Para apoyar y fortalecer esta vertiente de participación ciudadana, es necesario en primera instancia proporcionar a la po- blación una base de preparación en esta materia, que fundamentalmente com- prenda referentes de orientación para el desarrollo de una cultura de la seguridad enfocada a la prevención y la autopro- tección desde el nivel personal hasta un nivel comunitario, a fin de dificultar y no facilitar ni exponerse al accionar de la delincuencia. Asimismo, dotar a la población con canales y mecanismos de
enlace y coordinación, creíbles efectivos y confiables con las instancias institucio- nales, con enfoques que trasciendan los esquemas actuales de “denuncia y deja todo en nuestras manos”, que reducen a la ciudadanía a un papel denigrante de “soplones de la policía”, y transiten hacia modelos innovadores con esquemas de colaboración en condiciones de respeto a la dignidad de la ciudadanía. Pero lo más importante, crucial,
como la imprescindible contraparte inherente a la naturaleza de una co- rresponsabilidad social, ofrecer a la ciudadanía una plataforma de apoyos institucionales igualmente confiables y efectivos en toda la cadena del combate a la delincuencia, integrando desde las corporaciones operativas de seguridad pública hasta las instancias de procura- ción de justicia y los tribunales jurisdic- cionales en todos los ámbitos, a fin de que respondan a las expectativas socia- les que necesariamente se generan con una participación ciudadana proactiva, a partir de lo cual se construye la base de confiabilidad con la cual se configu- ran las perspectivas de gobernabilidad en cualquier sociedad, y que a su vez se sustentan en un círculo virtuoso pro- gresivo que contempla abrir espacios de credibilidad, para tener la oportunidad de demostrar la efectividad institucio- nal, lo que conlleva a ganar la confianza social. n
Para contactar al autor, hágalo a través de
dchong@ceasmexico.org.mx
* Acerca del autor
- David Chong Chong es secretario general para México de la Corporación Euro Americana de Seguridad, CEAS México. Si desea conocer más acerca del autor, consulte su CV:
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