EL PROFESIONAL OPINA El hecho de que un “servidor públi-
co” robe el dinero del erario o tesoro público para realizar viajes al extranje- ro, como por ejemplo, para irse a jugar a Las Vegas o de vacaciones a Miami; para comprarse casas y departamentos en Estados Unidos o en cualquier lugar del mundo y autos de lujo y joyas, para, en resumen, darse una vida de rey, rodeado de artículos extravagantes y comodi- dades innecesarias, estarán de acuerdo conmigo, en que es mucho más grave y coloquialmente podríamos decir, que es simplemente… “¡no tener madre!”… “¡No tiene límites!”… Porque éste tipo de robo, a diferencia
de los demás, no afecta a una sola perso- na o grupo reducido de personas, sino que priva a cientos o miles de personas en una sociedad, de recibir un beneficio que les pertenece, llámese una escuela, un maestro en el aula, una computa- dora, un medio de transporte eficiente, una calle pavimentada, una toma de agua, una lámpara que ilumine su calle, un servicio médico digno, una cancha de futbol y en general, una serie de ser- vicios o medios que les proporcionarán una mejor calidad de vida. En mi opinión, es a estos delincuen-
tes, supuestos “servidores” públicos, a los que nuestro contradictorio, burgués, paternalista e incipiente sistema penal debería castigar de una manera mucho más severa, porque sus actos afectan a los ciudadanos, de una manera tal que podrían equipararse con actos terroris- tas, que si bien, los robos al erario no causan terror en la población, si generan y reproducen grandes carencias, igno- rancia, angustia e incertidumbre en las personas, porque degradan la calidad de
vida de los habitantes de un municipio, delegación, estado o país y porque se traducen en hambre y sufrimiento den- tro de los sectores más desprotegidos de la sociedad. Éstos delincuentes, cometen con fre-
cuencia grandes fraudes y en la mayoría de los casos cuando tienen que enfren- tar una denuncia, se les permite pagar fianzas ridículas para enfrentar su pro- ceso en libertad y, normalmente si llegan a tener una sanción, se les termina por inhabilitar por unos tres o cuatro años de ocupar cargos públicos y algunos de ellos, hasta regresan después con nue- vos bríos a “¡limpiar su imagen!”… “¡Vaya castigos!”… “¡ Y tolerancia a la frustra- ción por parte de nosotros los ciudada- nos!”… En mi opinión, se les debería recluir
en centros penitenciarios o de readap- tación social especiales, en los cuales, fuera posible asegurarnos de que no podrían gozar de ningún tipo de lujo o privilegio para que experimentaran en carne propia las mismas carencias que sus cuantiosos robos y fraudes han oca- sionado en cientos o miles de personas de la sociedad y desde luego, tendrían que trabajar… ¡Ese sería su mayor casti- go y aprendizaje!... Tendrían que trabajar de verdad.
EL PERFIL DEL
DEFRAUDADOR Y DE LOS FUNCIONARIOS PÚBLICOS QUE ROBAN A MANOS LLENAS
Desde hace varias décadas se han hecho estudios para delinear el perfil de los de- lincuentes llamados de “cuello blanco”, en referencia principalmente a los altos
ejecutivos de empresas e instituciones financieras que abusando de sus cargos y privilegios dentro de una organización y basados en sus habilidades sociales, construyen una imagen de rectitud e in- tegridad a su alrededor, misma que les permite cometer cuantiosos fraudes sin que las personas que los rodean sospe- chen de ellos y mucho menos, los consi- deren capaces de hacer algo así. Como se sabe, el factor común en to-
dos esos individuos, es que, una vez que van cometiendo los primeros fraudes y no son descubiertos, van perdiendo el control, hasta caer en la fantasía, de que son tan “inteligentes”, tan “superiores a los demás”, que jamás serán descubier- tos, o bien, que gracias a sus contactos y “palancas”, en caso de ser descubiertos, no serán castigados. Esto mismo es lo que le ha sucedido a muchos de nuestros funcionarios públicos de todos niveles. Algunos de los nombres que asocia-
mos inmediatamente, con algunos de los pasajes más obscuros de la historia de corrupción de “servidores” públicos de las últimas décadas en México son: “El negro” Durazo, José López Portillo, Jorge Díaz Serrano, Raúl Salinas de Gor- tari y, más recientemente, Elba Esther Gordillo y Andrés Granier, entre mu- chos otros. Asimismo, en fechas y años recientes,
se han relacionado y empleado algunas palabras y nombres de instituciones y proyectos que ya no podremos escuchar o pronunciar, sin evitar que inmediata- mente las asociemos, con o sin razón, con espectaculares fraudes corporativos y/o robos al erario, tan cuantiosos, que dif ícilmente podrán llegar a ser calcula- dos con precisión, tales como: La Estela de Luz, HSBC, Oceanografía, Banamex, Pemex, La Línea 12 y los “moches” de los presupuestos para los municipios. Ante éstos escenarios, sólo podemos
concluir: ¡Vaya manera de robar de algu- nos de nuestros funcionarios públicos!... Sin miramientos, sin titubeos, sin reser- vas, sin complejos, sin temores, sin pre- juicios... ¡A manos llenas!... ¡Con un total descaro!... ¡Con un completo cinismo!... y tristemente en la mayoría de los casos, ¡con una absoluta impunidad!... Si el estilo, la lógica o manera de ro-
bar de nuestros funcionarios públicos fuera discreta, en porcentajes “razona- bles” por decir algo, del 1 al 3 % de una obra o proyecto y sin perder jamás el objetivo, incluso, para protegerse mejor, de realizar excelentes obras públicas, de utilizar los mejores materiales, de esco- ger a los mejores proveedores (mediante licitaciones derechas) y de cumplir es-
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