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SEMILLERO


puede ser el final del chavismo no estaría alejada de la realidad. Sin embargo, tam- poco es una verdad absoluta. En estos momentos, más que en


ningún otro, la pelota está del lado del go- bierno: los esfuerzos que haga la oposición en el escenario actual para conseguir su principal objetivo político son nulos, si descartamos la posibilidad de un enfrenta- miento social.


El hecho de que esta administración 56


llegue a un feliz término depende de los propios aciertos y desaciertos de la ac- tual elite gobernante para manejar los asuntos públicos. La situación político- social del país clama por un gobierno de reconciliación nacional, y por un gobierno que resuelva los problemas urgentes del pueblo. Esa elite gobernante debe condu- cir un proceso gradual de alejamiento de la praxis política que legó el fallecido Presi- dente, ya que Nicolás Maduro no es Chávez ni tiene un liderazgo parecido, capaz de capitalizar las situaciones más adversas a su favor. ¿Hasta qué punto será capaz de explotar la figura y el proyecto político que dejó Chávez? Esa es la pregunta que queda pendiente, y para evitar que el país se le es- cape de las manos por un uso y abuso de ese legado que tiene tiempo finito, es ne- cesario comenzar a construir un liderazgo propio.


UN LIDERAZGO EN DESARROLLO La figura de Henrique Capriles como líder de la casi mitad opositora del país, está todavía en proceso de desarrollo y afian- zamiento. Su participación en estas elec- ciones, lejos de resultarle negativa, ha re- dundado en consecuencias positivas y en ello es necesario destacar el cambio en su praxis discursiva. Durante la campaña presidencial de 2012, su discurso se caracterizó por ser su- mamente mesurado; evitaba sumirse en la confrontación y señalamientos propios de Chávez, sin hacer menciones directas del adversario político ni de sus proyectos, y haciendo énfasis en lo que era su propues- ta política. Optó por obviarlo discursiva- mente, lo que pudo transmitir una imagen débil de su liderazgo. En 2013 Capriles asumió la estrategia de atacar el legado de Maduro como he-


Julio - Agosto 2013


redero del fallecido Presidente, haciendo ahora no solo mención directa de su nom- bre sino, incluso, colocándole apodos, criticando duramente sus decisiones y destacando sus errores. Se trata de un dis- curso totalmente diferente, que confronta y ataca a su adversario hasta el punto de ridiculizarlo. Esta praxis consiguió restarle peso a Maduro y diferenciarlo de Chávez, quien tuvo que abandonar su estrategia de identidad para reconocerse, entonces, como su ‘hijo legítimo’. Ahora se observa un discurso desafiante que también se di- rige contra las instituciones, y es un dato que no puede pasar desapercibido ya que da cuenta de varios aspectos. Primero, demuestra crecimiento y


aprendizaje político. Capriles atacó lo que es el único argumento válido que sustentó la candidatura, y ahora la presidencia, de Maduro. Esto resulto alentador para los seguidores opositores, quienes vieron en él una persona capaz de luchar y de de- fender sus intereses. Esta estrategia, junto con la oferta de cambio, tuvo su efecto en los seguidores oficialistas que modificaron su opción, situación que no puede ser atri- buida únicamente a los desaciertos de Ma- duro. De ser así, hubiésemos presenciado altos niveles de abstención en los votos del oficialismo. En segundo lugar, los nuevos códigos del discurso de Capriles dan cuen-


EN 2013 CAPRILES ASUMIÓ LA ESTRATEGIA DE ATACAR EL LEGADO DE MADURO como heredero del fallecido Presidente, haciendo ahora no solo mención directa de su nombre sino, incluso, colocándole apodos, criticando duramente sus decisiones y destacando sus errores.


ta de que entró en el juego político pola- rizador del Gobierno, el cual no reconoce nada positivo en la labor del adversario y pretende responsabilizarlo de todo cuanto está mal en el país. Sin embargo, no es un discurso que ofende ni que ideologiza, y tiene un interlocutor claramente definido: Nicolás Maduro y los personeros del go- bierno, no quienes los siguen. Así, se trata de un liderazgo que con


esta campaña electoral cobra vitalidad, después del letargo en el que cayó pos- terior a las elecciones del 7 de Octubre, cuando volvió a Miranda y restó importan- cia a su presencia y esfuerzos de lucha a lo largo del país, un error que parece estar subsanándose ahora. Su figura ha permi- tido consolidar la unidad de los actores políticos que hacen vida en la oposición. Luego de su elección como candidato único en el proceso electoral organizado por la Mesa de la Unidad Democrática, co- nocido como primarias, y de su sucesiva postulación en dos elecciones presidencia- les, Capriles se ha afirmado como el único líder opositor. Ese mismo cambio en su praxis dis-


HENRIQUE CAPRILES LÍDER OPOSITOR DE VE- NEZUELA.


cursiva, lo ha llevado a dominar la agen- da y la escena política del país, a partir de su desconocimiento de los resultados electorales. Las decisiones y acciones de la oposición venezolana, que ha sabido conducir Capriles, han llevado a los diri- gentes del Gobierno a asumir una posición reaccionaria frente a sus pronunciamien- tos. Esta situación no llegó a ocurrir con la


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