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SEMILLERO


CHAVISMO SIN CHÁVEZ El Presidente Chávez inauguró una forma de hacer política que, entre otras cosas, se caracterizó por ser conflictiva y mediática. Más allá de la designación de Nicolás Ma- duro como su sucesor político, este es uno de los tantos legados que ahora profundiza la clase dirigente y cosecha la sociedad ve- nezolana. Su discurso fue altamente con- flictivo y polarizador, ya desde su campaña en 1998. Parte importante del éxito de esta praxis discursiva no hubiese sido posible sin el manejo y la exposición mediática de su presidencia. Chávez gobernó ante los medios de comunicación con más de 2000 cadenas de radio y televisión en un perio- do de 10 años, para publicitar su gestión y transmitir mensajes al pueblo. Con una estrategia comunicacional hegemónica, neutralizó a la mayoría de los medios y amplió la presencia del Estado a través del sistema nacional de medios públicos, que incluye canales locales, nacionales e internacionales y más de 300 emisoras de radio. Desde que los partidos políticos fueron desplazados de la escena nacio- nal por la Constitución de 1999, el debate partidista y la negociación política fueron sustituidos por las intervenciones y los dis- cursos en los medios de comunicación. La discusión está ausente, incluso, de los con- sejos de ministros en los que, a través de la televisión, se apreciaba a un Presidente que dictaba directrices pero no consultaba políticas.


Ahora que Nicolás Maduro asumió la


presidencia, la apreciación de los analis- tas políticos sobre la situación venezolana se encuentra igualmente dividida: se ha- bla de continuidad, de endurecimiento o radicalización y, hasta, del final del chavis- mo. Cada aproximación tiene algo de cier- to, pero ninguna es una verdad absoluta. Hay continuidad en la forma mediática y conflictiva de hacer política, en el proyec- to y los objetivos políticos. Las interven- ciones y los discursos de Maduro siguen el esquema polarizador con improperios, amenazas y emplazamientos públicos. Pero, también se observa un crudo endure-


cimiento de estrategias como la mediática, por ejemplo, cuando se utilizan las cade- nas de radio y televisión para interrumpir las intervenciones del adversario político – cosa que no hizo Chávez al menos durante sus primeros dos años de gobierno- y, más todavía, cuando estas cadenas son utiliza- das para transmitir informaciones tergiver- sadas con el objeto empañar su imagen. La radicalización también se observa en el llamado ‘cierre de líneas’ en torno a la revolución, -que se ha expresado en una persecución laboral sin precedentes en el país hecha pública con testimonios, de- nuncias y videos- y en acciones, como qui- tar el derecho de palabra a los diputados opositores en la Asamblea Nacional que no reconozcan al Presidente. Si el desafío es gobernar con la mitad


LAS INTERVENCIO- NES Y LOS DISCUR- SOS DE MADURO/ siguen el esquema polarizador con improperios, ame- nazas y emplaza- mientos públicos.


del país en contra, estas estrategias no pa- recen las más adecuadas dado el contex- to político. No es lo mismo hacer política de una forma polarizadora y conflictiva, a través de los medios de comunicación, con una ventaja sobre el adversario de más de dos o tres millones de votos, que hacerlo con una escasa diferencia de 1.4 puntos porcentuales, es decir, poco más de 220.000 votos. Tampoco es lo mismo que esta estrategia la ejecute un líder carismático con un fuerte arraigo so- cial, que un heredero con pocos méritos políticos. Así, la apreciación de que Maduro


Julio - Agosto 2013


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