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a ARTÍCULO P


osiblemente ser la primera es- tudiante de Wellesley en dar un discurso de graduación, ser la primera senadora femenina en representar al Estado, ser la


primera dama estadounidense que ha sido candidata a cargos públicos, ser la primera directora de la Clínica de Ayuda Legal de la Facultad, ser la primera ex Primera Dama en formar parte del gabinete de un presi- dente, ser la primera mujer en formar parte de la directiva de Legal Services Corpora- tion, ser la primera mujer socia de Rose Law Firm, ser la primera Primera Dama en poseer un título postgrado, ser la primera Primera Dama en ser citada para declarar ante un Gran Jurado Federal, ser la primera en organizar la primera Conferencia de la Casa Blanca sobre adolescentes y también entre otras muchas cosas ser la primera en tener oficina en la Ala Oeste de la Casa Blanca, no es algo premeditado o ejecuta- do al azar. Ser la primera en tantas cosas es mu-


cho más que una simple mención de que nunca antes ha habido otro que lo haya realizado con anterioridad, ser la primera y de manera tan constante es sinónimo de superar las resistencias al cambio de los demás y hacerlo sin desaliento, es saber asumir nuevos retos y analizar los proble- mas con un nuevo enfoque, es ser aquello que genera nuevas alternativas en aquellas cosas en las que uno cree; y así es Hillary Rodham Clinton, una mujer que desde su infancia sabe adaptarse a su tiempo y cambiar en la medida en que este cambia, Hillary Rodham Clinton es una mujer con iniciativa. Toda persona tiene una base gene-


racional de la que nadie puede escapar y es ahí donde se asientan de una forma inconsciente muchos de nuestros valo- res y competencias que luego iremos im- plementando a lo largo de nuestra vida personal y profesional. Hillary Rodham Clinton creció en un ambiente familiar po- líticamente conservador, perteneciente a la Iglesia Metodista Unida, donde le incul- caron desde bien pequeña que sus habili- dades y sus oportunidades no debían de estar limitadas por razones de género, y esta educación se ve reflejada en cada una de las etapas de la historia de su vida.


Si analizamos los valores con los que


creció Hillary: integridad, autocontrol, op- timismo, ambición, equilibrio emocional, autocrítica…; nos será mucho más fácil entender el porqué de sus decisiones en cada una de las experiencias con mayor relevancia en su vida política. Como a to- dos, y en la medida que vamos creciendo, más tarde ha ido creciendo su desarrollo personal donde gracias a su experiencia y aprendizaje Hillary ha sabido desplegar nuevas competencias como networking, negociación, visión de la organización, ges- tión de recursos, comunicación, gestión de conflictos, carisma… que han hecho de ella una mujer realmente única. Si analizamos los primeros pasos de


Hillary en política, observamos que no es muy frecuente en la actualidad en- contrar adolescentes con trece años que participen en el escrutinio de los votos en unas elecciones celebradas antes de las presidenciales y que, además, en dicho escrutinio encuentren pruebas de fraude electoral contra su propio partido. Fue así como Hillary Rodham Clinton en 1960 se introdujo en la política y cuatro años des- pués en 1964 trabajó como voluntaria en la campaña del republicano Barry Goldwater. Fue en esta etapa donde el valor de su in- tegridad comenzó a asentarse, la misma donde aprendió a presentar la verdad sin tapujos, en el momento adecuado y de una forma amable, asumiendo los compromi- sos adquiridos de tal forma que su com- portamiento fuera un reflejo coherente con sus principios.


Así es como su pensamiento político se


fue fraguando de la mano de su profesor de historia del instituto, un ferviente antico- munista, y su consejero juvenil metodista quien preocupado por los temas relacio- nados con la justicia social le presento en Chicago de 1962 al líder de los derechos humanos civiles Martin Luthe King reafir- mando su vocación de actuar con justicia a la hora de reconocer, defender y exigir aquello que le corresponde a cada persona. Fue en su etapa del Wellwaley College


cuando llegó su primera dicotomía entre lo que pensaba, lo que vivía y lo que hacía, sabiendo cómo era en su interior (autoco- nocimiento) se describió a sí misma como “una mente conservadora y un corazón liberal” cambiando su punto de vista con respecto al movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos y la Guerra de


QUEDÓ DESCONTENTA de cómo la campaña de Richard Nixon retrató a Rockeffeller y de los mensajes racistas encubiertos que se dieron durante dicha convención, siendo este el desencadenante para abandonar definitivamente el Partido Republicano.


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Julio - Agosto 2013


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