La Observación Electoral de la OEA:
en ocasiones que requieren revisión del escrutinio o reconteo de los votos. La MOE en Nicaragua (1990), Paraguay (1993), República Dominicana (1994), Perú (2000) y Venezuela (2000) contribuyeron así a disipar situaciones de crisis que amenazaban la integridad del proceso electoral. La Prudencia y el Equilibrio Desde su origen, los principios y prácticas que se han es- tipulado para las MOE son la objetividad, la neutralidad, la independencia, y el respeto invariable de las leyes, las costumbres nacionales y los protagonistas del proceso. Por ello, y para fortalecer su credibilidad y pertenencia, las Misiones deben siempre buscar el delicado equili- brio entre la irrelevancia y la injerencia o el protagonis- mo excesivo de primera plana. Deben evitar legitimar indebidamente a las autoridades electorales o aparecer como “ofi cialista” --la tentación no es menor puesto que la OEA es un club de poderes ejecutivos. Pero tampoco tienen que socavar, con sus críticas a esas autoridades, la confi anza de la ciudadanía en el proceso electoral. Ni, por supuesto, deben mostrar públicamente prefe- rencia por una u otra candidatura —otra tentación en que algunos observadores caen. Su desempeño debe ser mesurado y equilibrado, marcado por un espíritu de cooperación con todos los participantes nacionales --teniendo presente que en última instancia son éstos los que resuelven o no las irregularidades o confl ictos que pudiesen surgir; y son ellos los únicos que pueden, con sus controles mutuos, garantizar la validez y legiti- midad del proceso electoral. La MOE solo puede ayu- dar a ello, pero no garantizarlo. La Misión también debe ser escéptica de teorías cons- pirativas y de verdades absolutas, y debe actuar como “abogada del diablo.” No puede descalifi car ni conva- lidar a priori; y debe verifi car todas las aseveraciones o denuncias recibidas; debe manejar con prudencia y tino la constante presión y demandas de pronuncia- miento proveniente de los protagonistas y los medios de comunicación. Si las MOE no cumplen a cabalidad estos principios y prácticas, es probable que pierdan relevancia y sean sustituidas por observadores nacio- nales no gubernamentales, incluyendo los mismos partidos políticos que cada vez tienen más capacidad para monitorear y controlar el proceso electoral. El Fortalecimiento de las MOEs Qué hacer para robustecer las MOE/OEA, como instru- mento interamericano realmente efectivo y universal- mente aceptado de promoción, defensa, y fortaleci-
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miento de los procesos electorales democráticos? Una manera es estableciendo por Resolución del Consejo Permanente o de la Asamblea General, el principio de la invitación automática. O sea la OEA, su Secretaría General en consulta con el Consejo Permanente, de- bería tener la facultad para decidir, sin el requisito de previa invitación del Gobierno, el envío de una MOE, con tiempo y recursos sufi cientes, cuando lo conside- ren pertinente en el marco de la CDI/OEA. En ese marco, las MOEs deberían instalarse con sus líde- res y técnicos por lo menos con un mes de anticipación para observar todo el proceso electoral, no sólo el día de la elección. Hoy el fraude ya no pasa necesariamente por el día de la votación. “Acompañar” la votación del día de las elecciones, es desvirtuar las MOEs integra- les y prestarse para convalidar procesos que pudieron haber estado viciados desde su comienzo. Todos sa- bemos cómo se pueden manipular, usualmente por el ofi cialismo, las reglas de juego, incluyendo el método de elección y representación, el fi nanciamiento de las campañas, el uso o abuso de los medios de comunica- ción del estado –todo para favorecer a los candidatos del gobierno de turno. Por ello, la presencia de la MOE con bastante antelación para observar y prevenir irregu- laridades tenderá a fortalecer su imagen y credibilidad, siempre y cuando actúe con prudencia y neutralidad. Otra manera, alternativa o complementaria de la an- terior, sería establecer la posibilidad del envío de una MOE a solicitud de cualquier poder del Estado (Poder Judicial, Poder Legislativo, Poder Electoral, Defensoría del Pueblo, entre otros) o de partidos políticos o me- dios de comunicación signifi cativos. Finalmente, los estados miembros deberían estable- cer en la OEA un fondo especial y permanente que permita la ejecución de MOE sin que la Secretaría General tenga que salir a buscar fi nanciamiento para cada Misión, lo que puede comprometer o condicio- nar su independencia y efectividad. En conclusión, y como se dijo al principio, las MOEs son relevantes por la centralidad de las elecciones en la de- mocracia, y por ello hay que apoyarlas y fortalecerlas; pero no es de olvidar que, por más válido que sea el proceso electoral, la democracia también requiere go- bernanza democrática; o sea, los elegidos libremente tienen la obligación de gobernar democráticamente, respetando los principios, valores y prácticas funda- mentales de la democracia representativa, como lo establece la Carta Democrática Inter-americana.
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