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Entre la aceptación y el desencanto


Entre la aceptación y el desencanto El nuevo reto comunicacional para el Gobierno ecuatoriano.


Por: Wendy Reyes Chiriboga


cuador regresa a la calma luego de la asonada policial vivida, el último día de sep- tiembre, con un reto de por medio: surgir de la crisis y


aprovechar la oportunidad para que el Gobierno mueva sus piezas y marque el terreno en este nuevo escenario. Esta no es la primera vez que esta


nación vive momentos intensos de deses- tabilización política. De hecho, hay que re- cordar que las revueltas en los últimos diez años han sido las causantes de que ningún Presidente Constitucional del Ecuador haya podido terminar su período, por la falta de “apoyo” de la institución militar.


Eso nos lleva a refl exionar sobre lo que caracteri-


zó esta última protesta a diferencia de los pasados le- vantamientos, donde el protagonista principal fue la ciudadanía y sus diferentes sectores sociales, llámen- se indígenas, trabajadores, estudiantes y “forajidos”. Hoy nos llama la atención que la tropa policial juegue este rol y que sea la cúpula militar, la que por primera vez, salga a defender a un Presidente del Ecuador. Resulta muy particular para los ecuatorianos ob-


servar que la policía ecuatoriana, que tradicionalmente se ha caracterizado por ser excesiva en el uso de la fuer- za pública al reprimir protestas sociales públicas (en ocasiones pacífi cas), es ahora actor de la revuelta y para muchos, hasta un organismo encubridor de la crisis po- lítica que vivió el país. Y que por el otro lado, los usuales perpetradores de los golpes (los militares) sean ahora quienes ayuden a salir del apuro a este gobierno. Más allá de los califi cativos que la crisis ecua-


toriana ha merecido de varios analistas políticos, podríamos desde otra mirada, observar cuál fue el


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manejo de la misma y cuáles fueron los mensajes en- viados por los actores. El escenario planteado por el cuerpo policial


mostraba la indignación de funcionarios públicos, cuya profesión de por sí es sacrifi cada, aparentemen- te perjudicados por un recorte de sus benefi cios eco- nómicos a causa de la aprobación de la nueva Ley de Servicio Público. La medida refl ejaba su inconfor- midad, por ello decidieron abandonar su obligación constitucional de mantener el orden y la seguridad interna del país causando el caos. Lo que no imaginaron los huelguistas, fue que el


Presidente de la República, Rafael Correa, motivado por su peculiar temperamento, enfrentaría “en carne propia” la protesta y reprendería las actitudes des- obedientes de la policía nacional, precisamente en el cuartel que lideró la protesta. El mensaje evidenció la rabia de un Presidente en poder, que regañaba la irresponsabilidad policial, que aparecía como una es- pecie de padre de familia irritado por las acciones de


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