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Venezuela quiere vivir sin miedo


Otra notable diferencia con anteriores procesos


electorales, que también favoreció a la oposición, fue que por primera vez se logró una amplia red de 110 mil testigos a nivel nacional, formalmente acreditados por la institución electoral (en mayor número incluso que los testigos del ofi cialismo). En buena medida esto fue posible gracias a la alianza entre EsData, agrupación de técnicos y académicos electorales, con grupos de la sociedad civil y partidos políticos. EsData supo advertir cuáles eran los cen- tros electorales que requerían mayor presencia de testigos, y en ellos se focalizaron los voluntarios de la oposición, teniendo así mucha mejor distribución geográfi ca de testigos que en procesos anteriores.


La agenda pública y los escándalos Desde 1998 en todas las campañas electorales venía siendo el Presidente quien controlaba la agenda pú- blica. Cada proceso electoral se intentó convertir en un plebiscito que giraba en torno a la fi gura de Hugo Chávez, sus afectos y desafectos. Esta estrategia ve- nía siendo muy exitosa, ya que es bien sabido que en una campaña quien controla la agenda pública, controla también los temas de discusión y lleva la ofensiva en la guerra de las ideas. No obstante, recientemente la agenda pasó a


determinarse no tanto desde el Ejecutivo Nacional, como por los acontecimientos de la realidad cotidiana. Temas como la inseguridad extrema, el alto costo de vida y más recientemente las toneladas de alimentos en descomposición procedentes de importaciones masivas hechas por el gobierno, tomaron ventaja de la agenda pública nacional, e hicieron que el gobierno estuviera, quizás por primera vez, a la defensiva. Durante la etapa pre-electoral Chávez intentó


apropiarse de la agenda nuevamente. Los confl ictos in- necesarios, los ataques a la Iglesia, las exhumaciones a los restos Libertador, fueron eventos lo sufi cientemen- te escandalosos y noticiosos como para poder conver- tirse nuevamente en el eje de la discusión nacional. Sin embargo, los verdaderos problemas de la sociedad eran y son tan demandantes que los esfuerzos ofi ciales por el control de la agenda resultaron fallidos.


Los temas y mensajes Se dice que cada campaña electoral es un referén- dum sobre un tema en particular. Al fi nal de la cam- paña, en el día de las elecciones, hay una pregunta


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fundamental que ronda en la cabeza de los electo- res, y es a esa pregunta que se le dará respuesta en la urna de votación. Como ya hemos dicho, en casi todos los procesos electorales pasados la pregunta de ese referéndum había sido Chávez SI o Chávez NO. Esta dicotomía había venido favoreciendo al ofi - cialismo, y fue el esfuerzo que nuevamente se hizo desde su bunker de campaña en esta elección. Sin embargo no


resultó tan fácil esta vez. Los temas de la agenda mediática y el enfoque noti- cioso de los medios los meses previos a la elección venían centrándose en el dilema comunis- mo-capitalismo, como pregunta central del referén- dum de la elección parlamentaria. La sor- prendente declaración de Fidel Castro donde afi rmó que “el modelo cubano ya no nos sirve ni a nosotros” tuvo amplísima cabida en la prensa local, y a unas semanas antes de la elec- ción, contribuyó a centrar la agenda de campaña alrededor del comunismo como temor. Incluso los escándalos relacionados con la comida en descom- posición importados por PDVAL (y que empezaron a conocerse popularmente como PUDREVAL) fueron indirectamente hechos par- te del dilema comunismo-capitalismo, puesto que se asociaron las importaciones masivas a un estilo de pla- nifi cación central corrupta y, sobre todo inefi ciente. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV


por sus siglas) manejó un mensaje único: EL PUEBLO PA´ LA ASAMBLEA, con un candidato único: el propio presidente Chávez, cuyo rostro monopolizaba todos los carteles y la publicidad de campaña. Unas gráfi cas publicitarias atractivas y unifi cadas hacían el resto, en


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