CONTROL DE ACCESO
rras de Bóer”, libradas en Sudáfrica entre 1899 y 1902 entre el imperio británico, contra los colonos de origen neerlandés y la comunidad negra original de esas tierras. Aunque habían sido vencidos en
el campo de batalla, los bóers se ne- garon a aceptar la derrota. La mayoría de ellos se refugió en pequeños grupos en las montañas, desde donde promo- vieron una guerra de guerrillas que se fue recrudeciendo con el tiempo. El comandante del ejército británico, Lord Kitchener, respondió a esta estratejia de combate construyendo “blocaos”, es decir, pequeños edificios de piedra ro- deados de alambre de espino con los que restringían los movimientos de los guerrilleros a un pequeño espacio en el que era posible derrotarlos. El alambre, del que pendían campanas, latas, ben- galas e incluso rifles cargados, solía ex- tenderse entre los blocaos, a unos 900m.
de distancia, y hacían las veces de alar- mas. Entre enero de 1901 y el final de la guerra, se construyeron cerca de 8 mil blocaos en una malla de unos 6 mil km. Cada blocao estaba a cargo de un suboficial y unos seis soldados, más un teniente al mando de tres o cuatro blo- caos. En un momento de la guerra, los británicos habían desplegado en el país a unos 450 mil soldados entre británi- cos y reclutas de las colonias. Los bóers nunca tuvieron más de 80 mil hombres. Una vez diezmados los contin-
gentes bóer, Kitchener formó nuevos regimientos de caballería ligera que
patrullaban los territorios controlados por los bóer. Una vez acorralados, se dedicaron literalmente a darles caza, llevándoles así, al final de la guerra.
TERCERA HEBRA
Las cercas de púas hicieron su apari- ción en un conflicto internacional du- rante la Primera Guerra Mundial. Para entonces ya se tenía cierto dominio de las técnicas y manejo de las cercas de púas, haciéndolas más robustas y también más mortíferas. Para fines de estrategia, cada vez fueron más em- pleadas para establecer espacios bajo control y delimitación del espacio. Asimismo, el enfrentamiento hom-
bre a hombre ahora se veía obstaculi- zado por un elemento f ísico que repre- sentaba gran peligro en las “guerras de trincheras”. El alambre de púas era efec- tivamente capaz de superar a los bom- bardeos más pesados, ya que podía ser reemplazado con facilidad, y su estruc- tura es dif ícilmente inmutable aún em- pleando las ametralladoras más capaces. La aparición de vehículos acoraza-
dos como los tanques de guerra, fueron la primera solución para enfrentar estas frágiles y baratas pero mortíferas protec- ciones perimetrales, como se vio por pri- mera vez en la batalla de Amiens, donde las tropas alemanas obtuvieron un “ter- so” avance sobre las líneas aliadas de la mano de sus tanques acorazados.
NAVAJA
La capacidad del alambre de púas como cerco perime- tral, fue funda- mental en la colonización del viejo oeste norteameri- cano
El perfeccionamiento de estas barreras perimetrales desde entonces no se ha detenido. En la actualidad es posible encontrar una variedad casi infinita de opciones de este tipo. Las hay casi idénticas a las primeras que comen- zaron a construirse, hasta aquellas de última generación forjadas en acero inoxidable que las preservan por más tiempo que nunca; además de las que implementan tecnología sensorial no sólo para persuadir sobre su avance, sino para detectar el punto exacto de la intrusión; así como aquellas electrifica- das que añaden poder disuasorio. En suma, si existe alguna duda de la
efectividad de esta línea de protección perimetral a través de la historia, no tiene más que recordar una de las leyes de la f ísica para el estado sólido: Impe- netrabilidad es la resistencia que opone un cuerpo a que otro ocupe simultá- neamente su lugar o a ser traspasado. Así, mientras subsista esta máxima,
las cercas de púas, seguirán limitando, todo lo que tengan a su paso. n
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