casos y rostros
cialmente- peligrosa diversión. Su conocimiento de todos los antros principales de venta de pirotecnia siempre nos hace cuestionarnos qué otra cantidad de información ilegal tiene en su cabecita. Es sencillo distinguirlo el 31 cuando organiza en el patio sus adquisiciones para que, al sonar el campanazo, pueda soltarlas al unísono junto a los cientos de tíos pirotécnicos de la vecindad. Por lo general, viene acompañado de una esposa que no deja de gritarle cada dos minutos cosas como “cuidado” o “recuerda lo que pasó hace dos diciembres” y de su hijo de 10 años, un tío pirotécnico en potencia que, por su corta edad, está sólo limitado a lanzar fosforitos para saciar su sed explosiva. En algunos casos, también tienen un niño menor que es controlado a través de las inofensivas cebollitas.
5
padres tuvieron que hacer durante sus infancias para conservar los secretos navideños, probablemente desistirían de realizar el mismo proceso con sus propios hijos, porque ha de ser exte- nuante. Hace falta un operativo cada 24 para engañar al niño y hacerlo pensar que la magia existe, operativo en el que termi- nan participando los demás miembros de la familia tendiendo trampas, diciendo mentiras y creando cortinas de humo para que la ilusión quede viva. Tarde o temprano los niños crecen y aprenden a ubicar las inconsistencias de la farsa por sí solos, empezando por esa extraña relación con San Nicolás, que poco a poco se hace más confusa. Es decir, si uno le escribe al Niño Jesús, entonces ¿quién es ese gordito con barba vestido de rojo que aparece en todos los centros comerciales? ¿Trabaja para el niño? ¿Cómo es que el niño este viaja por el mundo si, al fin y al cabo, es sólo un niño? ¿Y qué tiene que ver un arbolito en toda esta ecuación?
4 3 70 |
La mujer de los adornos Finales de noviembre suele ser la época en la que hombres y muchachos de los hogares venezolanos son enviados a
| Diciembre 2010
El tío borrachito Desde que llegamos a las cenas familiares del 24 o el 31 ya él está ahí, con su indescriptible olor a whiskey, sus
ojos desorbitados y su risa, que irá aumen- tando en volumen (y frecuencia) a medida que transcurra la velada. Para él, la Navidad es la excusa perfecta para tomar. En caso de que haya sido un buen año, toma para cele- brar; en caso contrario, toma para olvidar. Propondrá un brindis cada veinte minutos dedicado a cualquier motivo: desde el reen- cuentro con algún familiar que tenía tiem- po sin ver hasta los logros de alguno de sus hijos. Con respecto a éstos, coincidirán en que nunca vieron a su papá más feliz, aun- que estarán toda la fiesta pidiéndole que baje la voz. Por lo general, sus abrazos a la medianoche de ambos días suelen ser los más prolongados y vienen acompañados de algún discurso, entre lo emotivo y lo incom- prensible, recitado en la oreja del abraza- do. Como es de esperarse, termina dormido en algún sofá en la madrugada.
Los padres que a su vez son el Niño Jesús y San Nicolás Si todas las personas supieran a ciencia cierta lo que sus
depósitos y maleteros para retirar las cajas de adornos navide- ños, generalmente ubicadas detrás de un caucho de repuesto y una máquina de ejercicios que nadie usa. Este personaje conside- ra que el espíritu navideño no debe llevarse adentro, sino que hay que exteriorizarlo en forma de lucecitas, san nicolases de múlti- ples tamaños y un pesebre que ocupe la mitad de la sala, cual ciu- dad miniatura, con distintas urbanizaciones de pastores. Otro detalle del pesebre es que suele reinar una desproporción enor- me entre sus integrantes, ya que como esta mujer tiende a utili- zar muñequitos de distintos pesebres que ha tenido en su vida, Baltasar es dos veces más grande que los otros dos reyes magos y el Niño Jesús es del tamaño del buey. Si contamos con la mujer de los adornos en casa, es importante recordarle que las miles de luces que encandilan a sus vecinos deben desenchufarse al salir de casa, ya que la línea que divide una casa exageradamente adornada y un hogar en llamas es muy, muy delgada.
son para pasar en familia. Si bien muchos encontramos esto apropiado y divertido, hay muchos que esperan ansiosos que lle- gue la medianoche para salir volando a dis- frutar con sus amigos. Por lo general, este personaje adopta esta actitud en la ado- lescencia, época de rebelión familiar por excelencia, pero vuelve a disfrutar de las tradiciones como a los 24 ó 25 años, edad en la que empieza a añorar ser niño y no tener responsabilidades en lo más mínimo. Algunos, sin embargo, se mantienen de por vida en este estado y utilizan la madrugada de las mencionadas fechas para visitar las familias de sus amistades cercanas, arra- sando con todo el alcohol y la comida en su camino, cual huracán. Cuando forme su propia familia, lo más probable es que use estas fechas para irse para la playa y sólo asistirá a la cena familiar cada cuatro o
2
cinco navidades, acontecimiento en el cual la tía mayor dirá a todo pulmón la expresión que la define: “¿y ese milagro?”.
quier gaita jamás compuesta para saber que esto es así. Como último mes del año, saca a relucir lo mejor y peor del año que se va y nos genera expectativas para el año venidero (en serio, cual- quier gaita, la que sea). Pero este personaje va más allá y convier- te su diciembre en un maratón de lágrimas en el que recuerda no sólo su año, sino su vida entera, desde momentos dolorosos de la infancia hasta las razones de su existencia. Obviamente, el 31 es la cúspide del llanto y llorará desde la llegada de cada familiar a la cena hasta los doce campanazos, momento en el que se acer- cará peligrosamente a la deshidratación. El llamado es a tratarlas con sensibilidad, ya que cualquier tema es propenso a ser total- mente inflado fuera de sus proporciones y generar lágrimas. Por ejemplo, todos sabemos que vamos a engordar como cerdos en diciembre, así que no vale la pena recordárselo a este personaje y aumentar su ya enorme agravio.
1
www.revistasaladeespera.com
La que llora durante todo diciembre Ninguna época del año coloca las emociones más a flor de piel que diciembre. Basta con escuchar la letra de cual-
El que va de casa en casa después de las doce Todos sabemos que el 24 y el 31
Page 1 |
Page 2 |
Page 3 |
Page 4 |
Page 5 |
Page 6 |
Page 7 |
Page 8 |
Page 9 |
Page 10 |
Page 11 |
Page 12 |
Page 13 |
Page 14 |
Page 15 |
Page 16 |
Page 17 |
Page 18 |
Page 19 |
Page 20 |
Page 21 |
Page 22 |
Page 23 |
Page 24 |
Page 25 |
Page 26 |
Page 27 |
Page 28 |
Page 29 |
Page 30 |
Page 31 |
Page 32 |
Page 33 |
Page 34 |
Page 35 |
Page 36 |
Page 37 |
Page 38 |
Page 39 |
Page 40 |
Page 41 |
Page 42 |
Page 43 |
Page 44 |
Page 45 |
Page 46 |
Page 47 |
Page 48 |
Page 49 |
Page 50 |
Page 51 |
Page 52 |
Page 53 |
Page 54 |
Page 55 |
Page 56 |
Page 57 |
Page 58 |
Page 59 |
Page 60 |
Page 61 |
Page 62 |
Page 63 |
Page 64 |
Page 65 |
Page 66 |
Page 67 |
Page 68 |
Page 69 |
Page 70 |
Page 71 |
Page 72 |
Page 73 |
Page 74 |
Page 75 |
Page 76 |
Page 77 |
Page 78 |
Page 79 |
Page 80 |
Page 81 |
Page 82 |
Page 83 |
Page 84 |
Page 85 |
Page 86 |
Page 87 |
Page 88 |
Page 89 |
Page 90 |
Page 91 |
Page 92 |
Page 93 |
Page 94 |
Page 95 |
Page 96 |
Page 97 |
Page 98 |
Page 99 |
Page 100 |
Page 101 |
Page 102 |
Page 103 |
Page 104 |
Page 105 |
Page 106 |
Page 107 |
Page 108 |
Page 109 |
Page 110 |
Page 111 |
Page 112 |
Page 113 |
Page 114 |
Page 115 |
Page 116 |
Page 117 |
Page 118 |
Page 119 |
Page 120 |
Page 121 |
Page 122 |
Page 123 |
Page 124 |
Page 125 |
Page 126 |
Page 127 |
Page 128 |
Page 129 |
Page 130 |
Page 131 |
Page 132 |
Page 133 |
Page 134 |
Page 135 |
Page 136 |
Page 137 |
Page 138 |
Page 139 |
Page 140 |
Page 141 |
Page 142 |
Page 143 |
Page 144 |
Page 145 |
Page 146 |
Page 147 |
Page 148