casos y rostros
al cine a ver una cinta nacional se convir- tió en algo cool. De pronto, todo el mundo veía y comen-
taba las andanzas de Endry Cerdeño en Cheila, una casa pa’ Maita; las chicas sim- patizaron con Prakriti Maduro en Habana Eva, convirtiendo a la cinta de Fina Torres en la tercera producción nacional más vista del año; los amantes del género documen- tal pudieron ver las vivencias del Proyecto Cumbre en Extremos de Juan Carlos López- Duran, y la furia de Taita Boves de Luis Alberto Lamata se llevó la mayoría de los premios en los Festivales de Cine Nacional de Mérida y Margarita.
Del ombligo para afuera Luego de ver los trailers de varias pelí-
culas nacionales estrenadas este año, sien- to que por fin se ha aprendido a vender pelí- culas en Venezuela usando los artilugios efectistas y manipuladores de un buen tea- ser de la misma forma en que producciones internacionales lo hacen. En el ambiente cinematográfico local, se respira un ham- bre no sólo por conquistar a nuestro públi- co, sino por trascender las fronteras. En ese sentido, no podemos dejar por
cosa era más sencilla de descifrar: “Había que hacer más y mejores películas”. A pesar de que entre febrero y marzo
se estrenaron cintas que no fueron preci- samente bien recibidas por público y crí- tica (Amorcito Corazón de Carmen Roa y Des-Autorizados de Elia Schneider), 2010 será recordado como el año en que el cine venezolano logró -no sabemos si de forma fugaz- recuperar la empatía con el público. En mayo se estrenó SubHysteria, un
experimento de película guerrilla filma- da con muy bajo presupuesto, sin guión y con actuaciones totalmente improvi- sadas, que a pesar de haber generado viscerales reacciones de odio y admira- ción entre los espectadores supo sacar provecho de tal polarización. A través de una feroz campaña en las redes sociales, logró meter más de 53.000 espectadores en las salas. Si a esto sumamos la inicia- tiva de Cines Unidos y la casa producto- ra Los Otros Group de colocar antes de la película el cortometraje venezolano Jesús TV de Gastón Goldman y Héctor Orbegoso, que duplicó los esfuerzos de promoción de la cinta, no es de extrañar que el cine venezolano pronto comenza- ra a ser tema de debate y a estar en boca de todos.
54 | | Diciembre 2010 La segunda película guerrilla en
pasar por los cines fue Las Caras del Dia- blo de Carlos Malavé, que repitiendo los mismos esquemas de producción para contar una historia policial superó en septiembre los 63.000 espectadores. Aun- que las premisas de ambas películas cap- turaban la atención del público y gene- raban expectativas, la pobreza técnica siguió dando argumentos a los detracto- res del cine nacional. Y entonces metieron gol. Ocurrió
justo durante el Mundial, cuando Marcel Rasquín estrenó su esperada ópera prima Hermano. El drama de dos hermanos que tratan de escapar de la violencia que los rodea persiguiendo el sueño de jugar en la selección nacional de fútbol, consiguió -con actores desconocidos, pero fabulo- sos- arrancar risas, lágrimas y suspiros de asombro en el público asistente, que respondió convirtiéndola en la segunda cinta venezolana más taquillera del año. Los casi 400.000 espectadores alcan-
zados y los buenos comentarios casi hacen palidecer los galardones interna- cionales y el acuerdo de distribución internacional obtenido por la cinta. Con Hermano, el cine venezolano se volvió inesperadamente motivo de orgullo e ir
fuera la buena acogida que tuvo en el Fes- tival de Cannes y ahora en los Estados Unidos el filme Carlos de Olivier Assayas, que cuenta la historia del terrorista vene- zolano Ilich Ramírez. De la película se dice que es un producto bastante sólido y las reseñas alaban el protagonismo del actor venezolano Edgar Ramírez como lo más sólido que tiene. Pero el talento venezolano no sólo
está brillando en el extranjero delante de las cámaras, sino también detrás. La cinta española 9 Meses fue coproducida por un equipo venezolano encabezado por el realizador Héctor Palma y hasta obtuvo varios reconocimientos en el Fes- tival de Cine de Valencia. Por si fuera poco, la ópera prima del
venezolano Diego Velasco La Hora Cero, que cuenta la historia de un sicario que se ve obligado a secuestrar una clínica privada para salvar al amor de su vida, contó con financiamiento y
talento
extranjero detrás de cámara, por lo que aspira a convertirse en una pieza de acción venezolana capaz de conquistar al público del mundo. La cinta apunta alto: no sólo rompió récords de taquilla en su fin de semana de estreno, sino que ya se convirtió en la cinta venezolana más taquillera del año con más de 500.000 espectadores.
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