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casos y rostros


de producción, en la que cada miembro familiar se encar- ga de una tarea distinta: desde la que vierte el guiso hasta la que echa aceitunitas, cebolla, pimentón y pasas, culminando en el amarrador (mi tarea principal en la familia). Hay algu- nos hogares en los que este magno evento suele ser reserva- do para las mujeres de la familia, como una especie de ladies night navideña. La mejor manera de apreciar las dimensiones de este ritual es llegar en la noche cuando todo está por ter- minar y presenciar, con ojos sobrios, la alegría navideña en su estado máximo de efervescencia.


(es más, del año) para comprarlos, y yo me pregunto: ¿por qué? Es decir, hay algunas personas que trabajan hasta el 23 y no tienen opción, pero este personaje sencillamente lo hace por olvidadizo, por una condición patológica que lo conserva en un estado permanente de último minuto. Siempre hizo sus tareas el día antes de la entrega, arregla las maletas la misma mañana que viaja, entre otras actividades que deja para últi- ma hora. Por lo general ha tenido buena suerte con este esti- lo de vida, pero el 24 suele ser el día en el que su condición le pasa factura mediante colas interminables en los centros comerciales que visita, mercancía agotada y sistemas caí- dos. Como consecuencia, la noche de la Navidad suele estar extremadamente cansado, cabeceando por el sueño, o con un humor de perros que se va a convertir en caos si, como siem- pre pasa, a alguien le queda pequeño o grande alguno de los regalos que compró. Si eres este personaje y estás leyendo esto, te recuerdo que este año los centros comerciales cierran más temprano por ley, así que haz algo bueno por tu vida y compra con anticipación por primera vez.


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za es el 31 de diciembre. Por lo general, todos practicamos por lo menos una superstición, pero este personaje las practica todas. Siempre me ha despertado curiosidad saber el origen de la mayoría de estas supersticiones y me he tratado de ima- ginar lo que pensaría algún japonés o nigeriano si nos viese un 31 de diciembre a todos vestidos de ropa interior amari- lla y adorando lentejas, argumentando que traen prosperi- dad. Me imagino el pavor de su cara al observar a todas las señoras antes de las doce atragantarse de uvas y correr con maletas hacia la calle a la medianoche con las caras llenas de lágrimas. Ha de parecer, descontextualizado, como un ritual de brujería o algo por el estilo. Mi favorito creo que es el del manojo de billetes (preferiblemente de los verdecitos de allá del norte) que tenemos que tener en la mano para que econó- micamente nos vaya bien el venidero año. ¿O es en la carte- ra? ¿O en el bolsillo? Bueno, en cualquier caso la de las tradi- ciones estará siempre cerca para sacarnos de cualquier duda (aunque mejor preguntárselo el 31 en la mañana, porque en la noche tendrá sus manos un poco ocupadas).


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manera de gastar millones de bolívares en explosiva y -poten- léala en www.revistasaladeespera.com


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El tío pirotécnico Anualmente prohíben la venta de fuegos artificiales en la calle y, anualmente, este personaje encuentra la


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La de las tradiciones el 31 Si alguien es supersticioso, es el venezolano. Una fecha en la que esa condición sale a relucir con mayor fuer-


El/la de las compras el mismo 24 Termina comprando los regalos horas antes de la cena navideña luego de haber tenido todo el resto del mes


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