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PRISIONES En fin, para visualizar en toda su


proporción podemos afirmar sin lugar a equivocaciones que el resultado es la creación de una ciudad a partir de cero con absolutamente todos los servicios existentes en cualquier ciudad de la República, sin ofertas de servicios noc- turnos regulares en cualquier ciudad media, estimulantes de cualquier tipo (bares) y los relacionados con el sexo. La mayoría de la gente después de ver las producciones cinematográficas sobre el tema penitenciario y sin la sensibilidad para entender que los recluidos en este tipo de instituciones son por desgracia individuos con patologías preexistentes, no entienden el porqué debemos evitar este tipo de disparadores de conductas patológicas y comentan inmediatamen- te que ahí existe de todo, sin conocerlo a fondo y relacionándolo con los centros federales. Independientemente de lo anterior, el


esfuerzo realizado por los responsables de la creación, operación, seguridad, tratamientos penitenciarios, seguimien- to y determinación de situación jurídica, mental y de sanidad en la realización de estos nuevos sistemas operacionales, requerirá junto con el prestador de ser- vicios un gran esfuerzo mutuo para el quehacer diario de los mismos y lograr eficacia en la rehabilitación, reinserción y resocialización de quienes se encuen- tran recluidos en ellos.


NECESIDADES DE LAS INSTALACIONES PENITENCIARIAS


A partir de las superficies territoriales requeridas por el cliente, de un kilome- tro por un kilometro; esto es, un kilome- tro cuadrado, podemos inferir sin ne- cesidad de ser maestros en la materia la gran cantidad de personal de seguridad que se requiere para el control y vigilan- cia. Cualquier conocedor de la materia sabe que no es a base de tecnología (cá- maras, detectores, alarmas, etc.), sino de la supervisión directa como se logra la operación relativa con seguridad. Esto será coyuntural para que los en-


cargados de la seguridad logren empatar las propuestas existentes en los desarro- llos con la realidad operativa, que por desgracia en muchos de los casos prime- ro debió ser valorada, determinada, su- pervisada y autorizada por los expertos de las áreas operativas de seguridad. Los expertos en este espinoso tema


de los centros de reclusión no se forman en las aulas de las universidades ni con kilos de teoría tecnológica u operacional a cuestas, o con ideas distorsionadas por


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películas, libros, juegos de computadora o noticieros amarillis- tas. Tampoco, con conocimiento de las realidades en centros del fuero común, con problemas muy definidos de sobrepo- blación, saturación, falta de servicios elementales, calidad en la alimentación, ninguna separación criminológica, etc., que desgraciadamente son comunes en toda la República y en al- gunas partes del mundo. Estos expertos se forman con la más importante capacita-


ción penitenciaria hasta el momento, que no se logra desde un escritorio, sino en las entrañas de las instituciones con el trato diario con los internos recluidos, con el conocimiento de la realidad jurídica de éstos, con el seguimiento del tratamiento de cada uno, resolviendo las problemáticas que día con día se presentan en un centro de reclusión y dentro de éste, no sólo desde los edificios de control, sin olvidar que los internos son seres humanos y que la gran diferencia con el resto de los pri- mates y la grandeza de nuestra raza es que somos seres pen- santes y por lo mismo impredecibles.


ATENDER LA HUMANIDAD DE LOS INTERNOS


Quien crea que por poseer una erudición cuasi completa del tema ya aprendió a desarrollar, integrar, y realmente servir a los seres humanos privados de su libertad, sin el conocimiento, experiencia y capacidad de sorpresa humana y respeto a esa misma humanidad, sin haber trabajado algunos años dentro de este tipo de instituciones, en mi opinión sigue siendo lego en la materia. En un lugar de estos tamaños y con la población con este grado de peligrosidad, por más que se esfuerce no podrá aterrizar proyectos tan gigantes en los cuales siempre deberá observarse la máxima que nos diferencia de otras especies: ser recíprocamente humanos, entendiéndose que quien transgre- dió la ley debe, por su bien y el de la sociedad que lo rodea, principalmente su familia y posteriormente todo el resto de los ciudadanos, recibir tratamiento buscando cambiar esas con- ductas por otras que permitan su resocialización. Si esto ya no fuere posible, debe servir de ejemplo social a los delincuen- tes, quienes tendrán que aprender que en los tiempos actuales y con la gravedad presente, además de los diferentes tipos de transgresión, se ve afectada por mínimo que aparentemente sea ésta, toda la sociedad. En el terreno de la integración familiar tan importante para


el interno, limitar las visitas familiares se convierte en una acti- tud revanchista para su percepción, pero está demostrado que a menor visita extraña a los centros de reclusión, menor pre- sencia de substancias toxicas, de corrupción y de situaciones caóticas de cualquier índole dentro de esa institución. En sus variantes familiar e íntima, la visita que recibe cada


interno se considera de primordial importancia, ya que lo que busca este contacto es la conexión entre la familia y el recluido. Desgraciadamente en el primer caso se busca que poco a poco disminuya la visita presencial, aunque se aderece con la premisa de evitar el abandono familiar e implementar la televisita que, por cuestiones eminentemente económicas en su gran mayoría, las familias lo verán como una panacea, aunque los recluidos no lo aceptarán tan fácilmente y presionarán a sus familiares, máxi- me en el caso de varones internos, ya que en el caso de las mu- jeres, sufren una disminución en frecuencias de sus contactos conforme pasa el tiempo de reclusión y el abandono definitivo de sus parejas en muy alto porcentaje de los casos. Aunado a lo anterior, como siempre en nuestra cultura será


la madre quien intente seguir visitando a sus hijas e hijos, pero con más limitantes ya que esa misma abuela tiene que encar- garse, en la mayoría de los casos, de los nietos hijos de los reclui-


dos hombres o mujeres. En lo relativo a la visita íntima, la limitación de la misma desconoce la principal causa de trata- miento en un individuo en reclusión, que es mantener el interés en la vida externa conociendo las problemáticas y las situa- ciones económicas que pasa su familia. Con esto se logra interés de su parte por mejorar en lo personal (estudio, trabajo) y su búsqueda para reinsertarse al mundo externo y enfrentar junto con su familia sus problemáticas para ayudar a solucio- narlas. Además de disminuir las actitudes de autodaño, llámense pleitos continuos, robos a compañeros, intoxicaciones, etc., con la idea del mundo existente afuera que continua y lo espera.


¿POR QUÉ ES NECESARIO MANTENER LAZOS FAMILIARES?


Si se eliminan estas convivencias se afectará mayormente a los hijos meno- res que perciben la desintegración fa- miliar galopante. Así empieza la cadena de actitudes parasociales que desenca- denan el inicio de conductas delictivas francamente antisociales, en las cuales tiene que ver con mucho de disparo ini- cial, la reclusión de los progenitores. No sólo son las carencias econó-


micas, afectivas, culturales, etc., sino como lo han descrito varios autores, el resentimiento social que se da con ma- yor impulso en los nuevos delincuentes provocando muchos más graves delitos en revancha social sin que exista una respuesta afectiva o de interés relativo en el prójimo (Resonancia Afectiva), con parámetros definidos de alcances en la escala delincuencial y económica; con visiones de tiempo muy limitadas: “si vivo tres años antes de que me metan a la cárcel o me eliminen, los voy a vivir como rey por encima de cualquiera“.


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