Cómo influyen el afecto y la disciplina en la manera de ser del perro
Vamos a referirnos a las dimensiones generales de la manera de ser y de la conducta del dueño que influyen en el comportamiento canino, buscando un modelo teórico que nos resulte muy práctico en nuestra profesión. La respuesta del perro no dependerá simplemente de un aspecto de la conducta y de la personalidad del dueño, sino más bien del efecto combinado de muchos aspectos de las mismas.
F. Javier Ibáñez Dorronsoro Psicólogo. Director del Área de Psicología Clínica y Educativa Ibáñez Setter Bakio Imágenes Argos
Cuando estudiamos a un perro, muchas veces nos hacemos preguntas como: ¿De qué manera lo habrán educado? ¿Qué tipo de trato le ha podido conducir a esta situación? También puede suceder, cuando utilizamos los conceptos que vamos a exponer en este artículo para estudiar a un perro, que vea- mos mucho de la manera de ser y de la conducta de los propietarios. Estos conceptos que expondremos son para “instrumentalizar” y llevar siempre encima. Se manejan continuamente durante el diag- nóstico, en el diseño de las terapias y en los programas de formación de propietarios.
Importancia de la conducta del propietario Cuando el cachorro llega al nuevo hogar, sus horizontes se agrandan y queda suje- to a influencias cada vez más amplias: los demás miembros de la familia, los otros pe- rros de la familia o los que se encuentra en el parque, los vecinos, etc. No obstante, “la clase de propietario” que el perro tenga y “las clases de relaciones” que sostenga con él siguen siendo, para
el cachorro común y corriente, los factores ambientales más importantes por lo que respecta a la determinación de la clase de perro que llegará a ser, de los problemas a los que se enfrentará en su búsqueda de la madurez y de las maneras en que tratará de resolver estos problemas. O lo que es lo mismo, lo que más influye en la manera de ser de un perro es la manera de ser del propietario a través de la clase de trato que le administre.
Todo influye. La ansiedad, la agresividad, la estabilidad emocional, la identidad per- sonal, la sensibilidad, la autoestima, etc., constituyen dimensiones de la personalidad y de la conducta del dueño muy influyentes. La ansiedad del dueño generará un am- biente propenso a la angustia, la agresivi- dad mal controlada propiciará un ambiente inestable, el dueño que posee una identi- dad personal débil ofrecerá un medio in- consistente y empobrecido que dificultará la
“La clase de propietario” del perro y “las clases de
relaciones” entre ambos son los factores ambientales más importantes para la determinación de la clase de perro que llegará a ser.
Ahora no vamos a tratar sobre la influencia genética como factor diferenciador de la conducta de los perros. Vamos a referirnos a las dimensiones generales de la manera de ser y de la conducta del dueño, buscan- do un modelo teórico que nos resulte muy práctico en nuestra profesión.
Dimensiones de la conducta del propietario La respuesta del perro no dependerá sim- plemente de un aspecto de la conducta y de la personalidad del dueño, sino más bien del efecto combinado de muchos aspectos de las mismas.
formación de una identidad congruente en el animal, etc. Sin embargo, las dos dimensiones de la conducta del propietario más influyentes en el perro son el afecto y el control. No sola- mente son las más influyentes, sino que son las más estudiadas. Como variables bipolares, las definiremos así: Afecto-Hostilidad y Control-Autonomía. Definiremos estas variables, antes de proce- der a su análisis.
Perfil de los dueños afectivos • Quieren y aceptan a los perros. • Son afectuosos, cariñosos y lo demues- tran espontánea y frecuentemente.
• Aprueban: buscan continuamente accio- nes de los perros bien realizadas para ma- nifestarles su aprobación. • Comprenden: buscan la explicación. Pre- fieren comprender a juzgar. • Ponen interés: se dedican realmente a los perros. Les dedican tiempo. • Castigan poco. Les duele tener que casti- gar. Para aquél que está habituado a tratar con propietarios, resulta fácil observar si quien tiene delante quiere a su perro po- sitivamente o si lo siente como un animal doméstico “plantado” en su propiedad. Algunos no ocultan la hostilidad hacia su perro; les parece socialmente aceptable. Otros la disimulan pero, aunque sea ve- ladamente, dejan vislumbrar la crueldad que ocultan.
Perfil de los dueños controladores • Imponen muchas restricciones. Prohíben mucho. Acotan espontáneamente. • Hacen cumplir estrictamente las normas. • Exigen conductas recatadas: ladridos, limpieza, ruido, etc. • Exigen obediencia estricta a sus prohibi- ciones. Prohíben y controlan especialmente las manifestaciones sexuales y el juego vio- lento que sugiera agresividad. La actitud del propietario ante la disciplina es más fácil de observar. Basta fijarse en cómo conduce a su perro; en qué acciones le prohíbe o permite, en su manera de dar las órdenes, etc.
Las dos dimensiones de la conducta del propietario
más influyentes en el perro, y las más estudiadas, son el afecto y el control.
La combinación del afecto y el control Si combinamos entre sí estas dos variables, obtenemos cuatro grupos de propietarios: • Los afectuosos que tratan a sus perros con control o disciplina. • Los afectuosos que tratan a sus perros con autonomía. • Los hostiles que tratan a sus perros con control o disciplina. • Los hostiles que tratan a sus perros con autonomía. Hace muchos años experimentamos con setteres estas cuatro posibles combina- ciones. Se dividían camadas amplias en cuatro grupos, buscando la mayor homo- geneidad entre ellos. Durante su infancia, a unos se les trataba con afecto y disci- plina; a otros se les proporcionaba afecto y apenas poseían restricciones; a otros se les restringía el afecto pero se les exigía
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