50 EN PORTADA / INTERVENCIONES EN TRAUMATOLOGÍA La displasia de cadera
El desarrollo anormal de la articulación coxofemoral es un trastorno hereditario cuyo diagnóstico precoz no es fácil, pero se confirma a través de radiografías. Su tratamiento puede ser conservador o quirúrgico.
Cristina López Cadenas Licenciada en Veterinaria y Doctora por la Universidad de León Imágenes cedidas por la autora
La displasia de cadera fue diagnostica-
da por primera vez en 1935 por Schnelle (Swenson et al., 1997) y es una de las en- fermedades ortopédicas más comunes de las razas caninas grandes y gigantes (figu- ra 1). Normalmente afecta a animales de ambos sexos y se presenta de forma bi- lateral, aunque se han descrito afecciones unilaterales con prevalencias entre el 3 y el 30 % (Banfield et al., 1996). La verdadera prevalencia de la displasia de cadera en las poblaciones caninas generalmente se des- conoce, ya que muchos estudios se basan en muestras de animales no representati- vas de la población, centradas en la lec- tura de las radiografías enviadas volunta- riamente a los centros certificados. A estos centros se remiten sobre todo radiografías de animales con lesiones articulares meno- res, resultando prevalencias inferiores a las reales (Melo B., 2011). La displasia de cadera es hereditaria y
En portada Intervenciones en traumatología
hoy en día se acepta que es una enferme- dad multifactorial hereditaria poligénica, dominada por un gen principal e influen- ciado por distintos factores ambientales (Thompson et al., 2007). Dentro de los factores ambientales podemos destacar una actividad física excesiva durante el crecimiento, dietas hipercalóricas y pobres en calcio, exceso de peso e índice de masa corporal, influencias hormonales, etc. Sin embargo, en condiciones normales, sin predisposición genética, las influencias ambientales por sí solas no determinan la aparición de displasia de cadera.
En animales jóvenes observamos una súbita reducción de la
actividad, dolor y claudicación en los miembros posteriores,
agravada por el ejercicio intenso o por traumatismos mínimos.
Cómo reconocerla
Comenzamos este especial con una revisión de la displasia de cadera, men- cionando las diversas opciones que existen para su tratamiento quirúrgico. A continuación, presentamos un traba- jo sobre la luxación de rótula, cuyo ma- nejo terapéutico depende del grado de la lesión. Las lesiones traumáticas del carpo protagonizan el tercer artículo de la serie, que concluye con un trabajo sobre artroscopia de codo y hombro. 151
Principales signos Los signos clínicos que caracterizan a la
displasia de cadera están influenciados ge- neralmente por el grado de la enfermedad, y son distintos si hablamos de animales jó- venes o adultos: • En los primeros observamos una súbita
reducción de la actividad, dolor (debido al derrame sinovial, estiramiento de la cápsula y ligamento redondo, microfracturas y des- trucción del cartílago), así como claudica- ción en los miembros posteriores, agravada por el ejercicio intenso o por traumatismos mínimos. La mayor parte de estos anima- les evidencian signo de Ortolani positivo y atrofia muscular en la región pélvica. • En los animales adultos, los signos
clínicos derivan de la enfermedad dege- nerativa articular secundaria; claudicación que empeora con la inactividad o después de ejercicios intensos, crepitación articular,
Figura 1. Displasia de cadera: enfermedad ortopédica más común en razas caninas grandes y gigantes.
reducción en la amplitud de los movimien- tos y atrofia muscular en los miembros posteriores. En estos animales, el signo de Ortolani es generalmente negativo (Chal- man y Butler, 1985; Cook et al., 1996). Tanto jóvenes como adultos muestran
dificultades al levantarse y subir escaleras, y adquieren posturas anómalas en estación (aproximación de los miembros posterio- res) y marcha alterada (desplazamiento de ambos miembros posteriores simultá- neamente en abducción). En ocasiones, la displasia de cadera pasa desapercibida o evidencia signos clínicos en una fase ya avanzada.
da en la articulación coxofemoral. Dentro de este examen podemos realizar distintos test de manipulación de la articulación que pre- sentan distinta sensibilidad y especificidad para localizar el dolor (Slocum y Devine, 1998; Ginja, 2006). Con el animal consciente podemos realizar cuatro test diferentes: • Test de abducción o rotación externa
(la amplitud del movimiento normal -110°- puede reducirse hasta 45° en animales con displasia grave). • Test de la extensión de la cadera (ex-
tensión reducida acompañada de dolor). • Test de la subluxación. • Test de presión dorsal.
En condiciones normales, sin predisposición genética,
las influencias ambientales por sí solas no determinan la aparición de displasia de cadera.
Examen ortopédico En la especie canina el diagnóstico pre-
coz de la displasia de cadera resulta difí- cil, ya que las alteraciones moleculares y celulares preceden a los signos clínicos y radiológicos, que sólo surgen en fases pos- teriores e irreversibles de la enfermedad. El diagnóstico debe partir de la anamnesis, la observación clínica y un examen orto- pédico, complementado con un examen radiológico para su confirmación. Es el examen ortopédico el que nos va a permitir determinar si la lesión está localiza-
Una vez realizadas estas manipulaciones
ortopédicas el examen debe proseguir con el animal sedado, puesto que de esta forma la estabilidad de la cabeza femoral en el ace- tábulo, las características de la subluxación de la cabeza femoral y el grado de laxitud articular, si existen, pueden evaluarse sin interferencias debidas al tono y reflejo de contracción muscular, así como a la reacción del propio paciente. Entre los test que po- demos realizar bajo sedación o anestesia se encuentran el método de Bardens (útil sólo en animales inferiores a cuatro meses) y el
Figura 2. Test de Ortolani.
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