38 EN PORTADA / VBD La dirofilariosis animal y humana
La dirofilariosis canina existe tanto en la península Ibérica como en las islas Baleares y Canarias. En general, se observa una expansión hacia zonas más frías, consideradas no endémicas hasta el momento. A continuación, conoceremos su situación actual en España y sus nuevas tendencias de investigación.
Javier González-Miguel, Stefania Gussoni, Rodrigo Morchón, Isabel Mellado, Fernando Simón Laboratorio de Parasitología, Facultad de Farmacia Universidad de Salamanca Imágenes cedidas por la empresa
Dirofilaria immitis es el nematodo fila-
roideo causante de la dirofilariosis cardio- pulmonar canina y felina y de la dirofila- riosis pulmonar humana, una parasitosis de transmisión vectorial. Diversas especies de los géneros Culex, Aedes y Anopheles son los vectores de la enfermedad (Can- crini y Gabrielli, 2007). La dirofilariosis cardiopulmonar es una enfermedad grave y potencialmente fatal (Venco y Vezzoni, 2001). Los vermes adultos son capaces de sobrevivir durante largos periodos de tiempo (7 años o más) en el sistema circu- latorio de los reservorios animales, produ- ciendo una patología vascular crónica con un componente inflamatorio fundamental. Además, la muerte simultánea de grupos de gusanos adultos puede desencadenar una patología aguda, caracterizada por la potenciación de las reacciones inflamato- rias y la aparición de tromboembolismos graves (McCall et al., 2008). La dirofila- riosis pulmonar humana se caracteriza por la aparición de nódulos pulmonares de carácter benigno (Simón et al., 2005), cuando un verme inmaduro es atrapado en una rama de la arteria pulmonar, que pueden causar un embolismo con infla- mación e incluso la rotura del vaso. A pe- sar de su carácter benigno, estos nódulos pueden confundirse con carcinomas pul- monares en radiología. Actualmente se están produciendo im-
portantes avances en el conocimiento de la dirofilariosis animal y humana, que afec- tan a su distribución, a los mecanismos de relación entre el parásito y sus hospedado- res y a las herramientas disponibles para el diagnóstico y control.
29,08%
n Zonas no muestreadas o exentas de dirofilariosis n Zonas con bajas/medias prevalencias de dirofilariosis n Zonas con altas prevalencias de dirofilariosis
12% 13,5% 35,8% 12,8%
39% 8-14% 18% 36,7% 21% 12% 19,2% 18%
Figura 2. Distribución actual de la dirofilariosis cardiopulmonar canina en España y prevalencias más elevadas.
Distribución actual de la dirofilariosis animal en España
La distribución de la dirofilariosis y los
cambios que se están detectando a nivel glo- bal derivan de dos hechos fundamentales: la transmisión vectorial y el hecho de que la enfermedad afecta a animales de compañía muy valorados por el hombre. Consecuen- temente, la alteración del régimen climático (calentamiento global), junto con la capaci- dad humana de modificar los hábitats y el manejo de las mascotas, se convierten en los factores fundamentales que determinan el cambio de distribución (figura 1). En ge-
neral, se observa una expansión hacia zonas más frías, consideradas no endémicas hasta el momento, y un aumento de la prevalen- cia en determinadas áreas endémicas, por lo que la dirofilariosis se considera actualmen- te una enfermedad emergente y un proble- ma veterinario de primera magnitud. En España, las primeras denuncias de
la existencia de la dirofilariosis canina se produjeron en la primera mitad del pasado siglo (recogidas en Gómez-Bautista y Rojo- Vázquez, 1990). Posteriores estudios epi- demiológicos, tanto de ámbito provincial como nacional, han permitido identificar numerosas áreas endémicas (Montoya et al., 2007; Venco et al., 2011), si bien exis- ten muchas zonas en las que la situación epidemiológica se desconoce.
Un análisis de los datos existentes en deter- minadas áreas muestra la relación existente entre las prevalencias y los factores climá- ticos y humanos señalados anteriormente.
Importancia de las zonas húmedas y de regadío Se han observado prevalencias significati-
vamente más elevadas que las del entorno cercano en el valle del río Tormes (Salaman- ca), 33,3%, cuando la prevalencia media de la dirofilariosis en esta provincia es del 12%. En el delta del Ebro el 35,8% de los perros están parasitados, con una prevalencia de 0,85% en la provincia de Tarragona; en el Bajo Llobregat la prevalencia es de 12,8%, con 0,55-2% en el conjunto de la provincia de Barcelona (Pérez-Sánchez et al., 1989;
Los vermes adultos son capaces de sobrevivir durante
largos periodos de tiempo (7 años o más) en el sistema circulatorio de los reservorios animales.
Comportamiento humano
Relacionado con las mascotas: • Diagnóstico adecuado • Quimioprofilaxis adecuada • Prevención de las picaduras de mos- quito
• Viajes • Cambios de resistencia Relacionados con la intervención del medio ambiente: • Urbanizaciones • Áreas irrigadas
Factores climáticos
Influencia de la temperatura y de la humedad: • Abundancia de las poblaciones de vectores
• Actividad diaria y estacional de los mosquitos
• Desarrollo de las larvas de Dirofilaria • Introducción de especies de mosqui- tos importados
Dirofilariosis canina La dirofilariosis canina existe tanto en
la península Ibérica como en las islas Ba- leares y Canarias (figura 2). No obstante, ciertas provincias de Castilla y León, Casti- lla-La Mancha y la mitad norte peninsular no han sido muestreadas. Las prevalencias más elevadas ocurren en las islas Canarias y Baleares, algunas provincias andaluzas y áreas del interior y de la costa del Medi- terráneo (Guerrero et al., 1989; Pérez-Sán- chez et al., 1989; Ortega-Mora et al., 1991; Rodes, 2006; Montoya et al., 2007). Los datos medios por provincias ofrecen
Figura 1. Factores externos que afectan a la transmisión y distribución de D. immitis. 137
una información limitada, ya que la dirofila- riosis no tiene una distribución homogénea.
Anguera-Galiana, 1995; Aranda et al., 1998). En la Rioja sólo se ha observado dirofilario- sis canina (12%) en los regadíos del valle del Ebro, y no se ha detectado en el resto de la provincia (Morchón et al., 2010). Datos simi- lares se han observado en zonas limítrofes a las cuencas de ríos como el Tajo (Aranjuez, 6,8%), Ebro (Zaragoza, 13,5%), Jarama (Azu- queca de Henares, 24%) y Tajuña (Guada- lajara, 10%) (Castillo et al., 1989; Guerrero et al., 1992; Gómez-Bautista y Ortega-Mora, 2002). Estos datos sugieren una asociación de prevalencias elevadas con los regadíos y zonas húmedas en la península Ibérica. Puesto que la mayor parte del territorio pe- ninsular español posee unas condiciones
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