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LOS DESAFÍOS DE LA COMUNICACIÓN, LOS NUEVOS RETOS DE LA POLÍTICA


LOS DESAFÍOS DE LA COMUNICACIÓN, LOS NUEVOS RETOS DE LA POLÍTICA


La comuncación política en época de crisis Por IGnACIo MArtín GrAnAdoS


l pasado mes de marzo celebrába- mos en Segovia las VI Jornadas de Comunicación Política en las que tratábamos de arrojar luz sobre los nuevos retos de la comunicación política. Esta disciplina, que pode- mos definir de forma sencilla como “el intercambio y la confrontación de los contenidos de interés públi- co-político que produce el sistema


político, el sistema de los medios y el ciudadano-elec- tor” (G. Mazzoleni), se encuentra en un momento de auge, en el que la comunicación empieza a ser consi- derada como una pieza estratégica del adecuado fun- cionamiento de las corporaciones, administraciones públicas, partidos políticos y candidatos electorales. Pero, como en toda fase de expansión, y más


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en este mundo cambiante que nos ha tocado vivir, debemos pararnos un momento a reflexionar so- bre las posibles tendencias y nuevos retos que nos encontraremos en el camino y debemos solventar de manera eficiente para el mejor ejercicio de la disciplina. Sin ánimo de ser una lista exhaustiva, sino un catálogo en construcción, en este artículo propongo al lector algunas de las cuestiones que centrarán el desarrollo de la comunicación política. En primer lugar, el actual modelo de comuni-


“EL ACCESO DE LOS POLÍTICOS A LAS REDES


SOCIALES DEBE SER TRANSPA- RENTE, SINCE- RO, CONVEN- CIDOS DE SU UTILIDAD”


cación política basado en la democracia mediáti- ca otorga demasiada importancia a la técnica, al espectáculo mediático (“espectacularización”), al “infoentretenimiento” y “americanización” de la acción política en una “campaña permanente”, al formato publicitario del lenguaje político en el que los electores son meros espectadores, consumido- res del marketing político. Sin olvidarnos de la ti- ranía de lo políticamente correcto, del eufemismo político y el tecnicismo, en definitiva, del uso per- suasivo del lenguaje que busca decir sin nombrar, evitar las palabras tabú y ganar la guerra de las palabras. Es decir, una comunicación de la política entendida como máscara, como mero maquillaje. Por tanto, es necesario encontrar una vía propia y salir de este modelo, una solución en la que pesen más las ideas, el debate y la reflexión, frente a la simplificación y los estereotipos. En segundo lugar, y derivado del anterior punto,


otro reto es la propia investigación de la comunica- ción política y sus técnicas que permitan construir un


Mayo • Junio 2012


espacio propio, con fronteras definitorias de estudio, respondiendo a la pregunta central de qué aporta el actual modelo de comunicación política al proceso de decisión política de nuestras democracias. La inves- tigación es fundamental para ayudarnos a construir una disciplina seria, rigurosa, creíble y útil, que arro- je resultados que nos ayude a mejorar y evolucionar éste campo de estudio y, obviamente, su praxis. Por otra parte, mucho se ha hablado y se sigue ha-


ciendo sobre el potencial de las nuevas tecnologías y las redes sociales aplicadas a la acción y representa- ción política aunque, de momento, prevalece su uso más vinculado a la novedad, a la moda, que frente al empleo estratégico de los mismos. Al igual que hace años con la televisión, la llegada de las nuevas tecno- logías al ámbito de la comunicación política, supone un hito que debemos aprender a gestionar. Comunicar implica, primero, tener un mensa-


je y, segundo, que haya retroalimentación. Ahora podemos establecer una relación bidireccional y segmentar mucho mejor a nuestro público, por lo que nuestro mensaje podrá ser más efectivo al personalizarlo y enriquecerlo con la interacción candidato-elector. Sin embargo, nos estamos de- jando llevar por el falso éxito de lo cuantitativo, la mera difusión de mensajes, en una batalla por conseguir el ansiado trending topic, obtener más amigos que nuestro oponente o más retuits de los mensajes elaborados concienzudamente desde los gabinetes de prensa de los partidos y reenvia- dos por un ciego seguidismo doctrinario que con- sigue el efecto contrario al deseado: spam político en lugar de diálogo. El acceso de los políticos a las redes sociales debe ser transparente, sincero, con- vencidos de su utilidad, buscando una participa- ción abierta con los ciudadanos, y no ser olvidado tras la celebración de las elecciones.


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