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PIENSO LO QUE SIENTO. PIENSO SIN SABERLO. DECIDO SIN PENSAR


PIENSO LO QUE SIENTO. PIENSO SIN SABERLO. DECIDO SIN PENSAR


Neuropolítica: conocer el cerebro para liderar las ideas POR ANTONI GUTIÉRREZ-RUBÍ


Mientras el cerebro sea un miste- rio, el universo continuará siendo un misterio”. Estas son palabras de Santiago


Ramón y Cajal (1852-1934), médi- co español especializado en histo-


logía y anátomo-patología microscópica. Obtuvo el Premio Nobel de Medicina en 1906 por descubrir los mecanismos que gobiernan la morfología y los pro- cesos conectivos de las células nerviosas, una nueva y revolucionaria teoría que empezó a ser llamada la «doctrina de la neurona», basada en que el tejido ce- rebral está compuesto por células individuales.


LA NEUROPOLÍTICA, UNA DISCIPLINA DE LAS NEUROCIENCIAS Las neurociencias, en particular las cognitivas, es- tudian el funcionamiento del cerebro humano y sus relaciones con la conciencia. La neuropolítica se abre paso como una nueva disciplina de las neu- -


logía, o psicología cognitiva…) capaz de compren- der cómo actúa el cerebro de los seres humanos en su condición de ciudadanos, electores o activistas frente a los estímulos de la comunicación política, por ejemplo. Nos permite conocerlo mejor, saber cómo funciona, cómo articula sus imágenes, con qué valores, con qué sentimientos y cómo se cana- lizan sus decisiones. Esa es una cuestión clave que debe ocupar más tiempo y energías a todos aque-


sus procesos de renovación y mejora y, en general, para todas las personas interesadas en la múltiple gama de registros de la comunicación política. Estamos, de lleno, en la “Era neurocéntrica” que


inauguraba Thomas Willis (padre de la Anatomía Comparada) hace más de tres siglos (1621-1675). Ya hemos aprendido la fuerza cognoscitiva del lenguaje en la política, con los trabajos sobre co-


de los marcos conceptuales que inhiben y condi- cionan la razón. Estamos explorando el potencial de la “política de las emociones”, la plasticidad (el cerebro es capaz de cambiar su estructura y su fun- ción a través de la actividad y el pensamiento), el


de memoria en la toma de decisiones. Y leyendo las aportaciones -entre otros- de Drew Westen, profe- sor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Emory, recogidas en su trabajo “El cerebro político”, sabemos ya que las razones no siempre dominan la razón. Y que la mejor manera de llegar al cerebro de un elector es a través de su corazón.


EL CEREBRO HUMANO, EL GRAN DESCONOCIDO Pero, para ello, debemos conocer más y mejor el cerebro de hombres y mujeres, superando algunas reservas y bloqueos a los avances de la ciencia que todavía atemorizan a la política democrática. La


Mayo • Junio 2012


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“LA MEJOR MANERA DE


LLEGAR AL CE- REBRO DE UN ELECTOR ES A


TRAVÉS DE SU CORAZÓN”


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