EL PROFESIONAL OPINA
· Refinerías. La vulnerabilidad de las refinerías varía por región y por tem- porada. El problema principal hoy en día es que en lugar de invertir en nue- vas refinerías, las existentes se están usando a su máxima capacidad, lo cual incrementa su vulnerabilidad. La se- guridad en las refinerías es típicamen- te mínima, con cercas y guardias que no están en proporción a las pérdidas causadas si un acto de sabotaje logra su inoperatividad por varios meses. Cuando están produciendo a sobre capacidad, la falta de productos pue- de afectar regiones muy amplias en el país, además que dependiendo del tipo de sabotaje siempre es concebible que sea causa de una evacuación masiva de las refinerías y de los poblados que es- tán en sus alrededores. La categoriza- ción de alta vulnerabilidad se basa en la cantidad proporcional de productos que salen de una refinería en particu- lar y las consecuencias resultantes a su paralización.
· Oleoductos. Las tuberías de oleoduc- tos grandes son generalmente de 32 a 40 pulgadas de diámetro, pero pue- den llegar hasta 48 pulgadas (121.91 centímetros). Idealmente se instalan bajo tierra a un metro de profundidad con excepción del cruce de ríos, don- de pueden quedar a dos o tres metros bajo la cama del río, a diferencia de los gasoductos que normalmente pasan por encima de ellos. Toda exposición a la superficie hace el oleoducto un blanco fácil tanto a robo de producto
como a sabotaje (ejemplos México y Colombia). Los oleoductos, ya sea de crudo o refinados, son blancos obvios, ya que son vitales y críticos a la cade- na productiva. La seguridad de estos sistemas es muy dif ícil, por lo que el énfasis se ha puesto en respuesta y recuperación. Los sistemas moder- nos pueden detectar rápidamente una pérdida de presión en las líneas o in- dicaciones anormales. Normalmente el flujo se cierra automáticamente y se cierran las válvulas para aislar el pro- blema, pero no antes de que se haya hecho el daño tanto al ducto como al medio ambiente, especialmente cuan- do el sabotaje lleva el producto a un cauce pluvial. Los componentes aso- ciados con los oleoductos, como las interconexiones, válvulas, estaciones de bombeo y los puntos de entrada y salida del producto, también llevan una categorización de alta vulnerabi- lidad. Los componentes no son fáciles de remplazar y los puntos quedan des- habilitados por la ruptura causada.
· Estaciones de Bombeo de Petróleo y Compresión de Gas. Por la natu- raleza del producto, los ductos de gas y petróleo operan separadamente; sin embargo, los principios operativos son los mismos. Hay ciertas diferencias en cómo se tienden las tuberías y el tipo de estaciones que son necesarias para mantener el flujo y la presión. Con res- pecto a la vulnerabilidad, los riesgos y consecuencias son prácticamente los mismos; la única diferencia es regio- nal, según la dependencia de un tipo de producto sobre el otro para las ope- raciones industriales, la producción de electricidad y los servicios domésticos. En una estación de compresión –que puede llegar a costar 40 millones de dólares–, la cual es una instalación relativamente grande, los ductos de gas natural salen a la superficie cada 100 kilómetros. Los motores que tie- ne comprimen el gas típicamente en- tre 700 y 800 psi, a veces a mil 400 psi (9mil 652.66 kPa). La presión mueve el gas a una velocidad aproximada de 18 km/h. Aunque las estaciones de compresión tienen personal operativo, nunca tienen personal de seguridad. La pérdida de dos o tres estaciones de compresión puede conceptual- mente paralizar la operación de la lí- nea. Al igual que en las estaciones de bombeo de petróleo, las bombas y los componentes especiales requieren largo tiempo para remplazo debido al costo y a que raramente es necesario
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cambiarlas. Los tiempos de entrega de nuevas bombas pueden ser de cuatro a ocho meses. Las consecuencias y tiempo de reparación afirman la alta vulnerabilidad de las estaciones de bombeo y compresión.
· Sistemas de Comunicación. La des- trucción de torres de microondas puede causar daño significativo a las operaciones de ductos. Estos se en- cuentran distribuidos por todo el país, son fácilmente identificables y dif íciles de defender (igual que las torres de transmisión eléctrica). Las empresas que tienen capacidad de apoyo eléc- trico y de comunicaciones son menos vulnerables a este tipo de ruptura. En todos los casos, los sistemas operan basados en el equipo de Supervisión y Control de Adquisición de Datos o SCADA (por sus siglas en inglés: Su- pervisor of Control and Data Acquisi- to) el cual consiste de sensores, compu- tadoras, lazos de telecomunicaciones, y otros mecanismos que permiten a los operadores monitorear los paráme- tros operativos de todo el sistema. El sistema SCADA permite la operación remota de válvulas y compresores. La destrucción o inhabilitación de estos equipos puede tener consecuencias graves al sistema y a sus usuarios. La seguridad de dichos sistemas varía de muy buena a ninguna. La actividad de cada sistema de ductos es monitorea- da por un centro de control. De estos centros, los mecanismos de control son activados y las instrucciones son giradas a puntos automatizados y con personal. Los centros son vulnerables a ataques cibernéticos y f ísicos, especial- mente si no tienen un centro de apoyo gemelo.
· Energía Eléctrica. La electricidad es el elemento clave en la infraestructu- ra energética. Esta se usa en los pozos para soldar ductos, operar las refine- rías, en los ductos de transmisión y la red de distribución. Sin la electricidad, la infraestructura no funciona. La elec- tricidad es necesaria para operar las estaciones de bombeo y es crucial al proceso de refinación. Normalmente, la infraestructura eléctrica no está ni bardeada ni protegida. Una ruptura de varias horas en una refinería puede re- sultar en una de varios días, pues a pe- sar de tener normalmente generado- res de apoyo, no son suficientes para llevar toda la carga. Lo mismo pasa con el sector gas donde la electricidad es esencial para operar las estaciones
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