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Éxitos electorales y poder femenino


este concepto Bachelet “logró conectar con sen- timientos ampliamente difundidos en la pobla- ción acerca de que a las mujeres se les exige más que a los hombres, en una misma función”. Otro ejemplo en esta


misma línea es la opción por la protección social que Bachelet marco en su gobierno. Si bien el reivindicar un liderazgo femenino basado en la preocupación por los más vulnerables y soste- nido por ideas como el cuidado y la empatía, pu- diera haber contribuido a reforzar los estereotipos del comportamiento femenino, la ejecución del pro- grama de protección social se realizó enfatizando la responsabilidad que le cabe al Gobierno en relación de las personas y en el propio ejercicio de la solidari- dad entre los ciudadanos, por lo que se destrabó de la lógica del prejuicio “feminizante”. La frivolización de los liderazgos femeninos es otro


efecto de los prejuicios con que las mujeres deben lidiar. Como explica la experta en comunicación social Eli- zabeth Gerber, se pueden identifi car tendencias en la cobertura mediática de candidatas y políticas que ella agrupa bajo la trilogía “emoción, estética, seducción”. Bajo este precepto las mujeres deben lidiar con una agenda mediática más interesada en su vida privada, que en su acción política; y con una mayor atención al aspecto físico y la vestimenta. Un ejemplo claro de esto es el caso de Cristina Fernández y la atención excesiva que recibió por años su llamado estilo glamoroso. En el caso de Michelle Bachelet, aunque hubo algunas alu- siones iniciales a un supuesto modo poco sofi sticado de vestirse, estas críticas supieron ser manejadas des- de un estilo de liderazgo centrado en la comunicación permanente de temas relevantes para la población, como el mismo sistema de protección social. Sin embargo, otros estereotipos ligados al género


femenino fueron explotados desde la oposición en el caso de Michelle Bachelet, tanto durante su campaña


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como en sus primeros dos años de gobierno, cuan- do exhibió una baja en su popularidad: críticas a su su- puesta falta de autoridad y excesiva emotividad calaron hondo en la ciudadanía en el comienzo de su mandato. Si bien uno de los atributos que más se trabajó


en la campaña Bachelet fue destacar su don de auto- ridad y mando y su nueva forma de generar políticas públicas a través de la participación ciudadana, su nuevo estilo fue interpretado en los primeros meses como falta de liderazgo, por un público acostumbra- do durante seis años al estilo de su predecesor, Ricar- do Lagos, más duro, fi rme y determinante. Todas estas ideas preconcebidas sobre las capa-


cidades y naturaleza de las mujeres impulsan a los críticos a movilizar la idea de que son mujeres sin autonomía, manipulables y susceptibles de ser ins- trumentalizadas por otros al llegar al poder. Considerando que todos estos prejuicios son de


muy lenta superación pues están arraigados en las pro- pias culturas, cabe preguntarse cómo abordar el tema de género en una candidatura o campaña política para hacerse cargo adecuadamente de estas difi cultades. La experta en comunicación, Elizabeth Gerber en


su trabajo “Campañas electorales y género. Opinión pública y candidatas presidenciales ¿potenciales aliadas hacia la equidad?” adelanta una respuesta. Señala que se debe demostrar que el tema de géne-


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