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casos y rostros


sobre El Camino...”. A mí, en realidad, no me parecía muy atractivo hacer un film sobre esa caminata de miles de kilóme- tros. Como director, me faltaba una his- toria, aunque sí me gustaba la idea de hacer una película en España. David (Alexanian), mi productor,


estaba haciendo el documental Long Way Down con Ewan McGregor y empezamos a hablar de la idea que ya estaba desarro- llando para el guión. Cuando lo terminé, fui con Martin a recorrer el camino en coche también (risas), pero esta vez en un BMW. Lo iniciamos en donde tendría que empezar la película, en St. Jean Pied de Port (Francia). Desde el momento en el que terminé el guión hasta el punto en el que estamos hoy ha pasado un año, lo cual es probablemente un periodo muy corto para hacer un filme.


-¿Es una película espiritual, personal? -Las dos cosas. Pienso que el filme fue


realizado en una época en la que nos pre- guntamos


cuántas casas necesitamos,


cuántos carros; en fin: ¿cuánto es dema- siado? Estamos viviendo en un mundo de excesos y nos olvidamos de las cosas más importantes de la vida. Aunque no me gusta plantearme preguntas filosóficas, es necesario hacérselas en ciertos momentos, porque quizá hay algo que no te hace feliz.


-La gente que ha hecho El Camino dice que sus vidas han cambiado después de esa experiencia. ¿Cambió también la tuya? -Mi vida no cambió porque no tengo


eso que se ve en los ojos de los peregrinos… Cuando ves en los ojos de los peregrinos que te pasan por al lado, que son miles, per- cibes una mirada diferente. Estoy ansioso por hacer El Camino para sentir la misma felicidad de los peregrinos.


-¿En cuánto tiempo piensas hacerlo? -Una persona sana puede hacerlo en


seis semanas, desde la frontera franco- española a Santiago. Se necesita dedica- ción, pero se puede hacer.


-¿Eres religioso? -Soy católico baptista, pero no prac-


ticante. Trato de aplicar la religión en mi vida cotidiana ,en la manera como trato a la gente, en cómo me comporto y cana- lizo la energía que tengo. Me considero un individuo honrado. Vivo de una forma cristiana o católica, pero no es parte de mi disciplina ir a la iglesia. Aunque eso podría cambiar... (risas).


50 | | Septiembre 2010


-¿De dónde te vino la sensación de que The Way sería una película importante para ti, para tu padre y para tu relación con él? -Sabía que ese rol podía ser una gran


oportunidad para él, y para todos. Escribo para actores y este es un chance para ofre- cer actuaciones. Para The Way, escribí roles que son aptos para que el actor demuestre sus capacidades. La reacción de mis ami- gos actores al leer el guión fue muy positi- va; los actores no participaron en este filme por el dinero, sino por las palabras en el papel. Tal vez no se gane mucho con esta película, y quizá sea un zapato bastante incómodo, pero son buenos roles.


-Tanto en Bobby como en The Way, la muerte es como un personaje más... -Si. Sin embargo, ambas son una cele-


bración a la vida. Soy una persona pro- vida, en el buen y verdadero sentido de esa expresión. No me gusta ser oscuro, aunque a veces como que me paso con eso (risas). Siempre elijo la luz, y las pelí- culas que he hecho lo reflejan de alguna forma.


-¿Esta experiencia cambió la relación con tu padre? -Absolutamente. La esperanza de mi


padre era que, para el final de El Cami- no, me convirtiera en católico (risas), pero nada... Aunque todavía hay tiempo y esperanzas. Martín vio gran parte de la película que ya tenemos lista y dijo que es probablemente el trabajo del que más orgulloso se siente, y que no se había sen- tido tan feliz desde hacía mucho. Ha sido como un regalo de un hijo a un padre. Tengo una buena relación con mis


padres. Viven muy cerca de mi casa. Somos, en realidad, una familia muy cer- cana. Quisiera que mi hijo estuviera más cerca de mí, pero ahora está viviendo en España.


En el tiempo en el que estrené Bobby


(2006), pasábamos por momentos bastan- te oscuros y se me criticó mucho, especial- mente en Estados Unidos. Las razones: por ser demasiado optimista, por tener dema- siadas esperanzas y por centrarme en un político con una visión como la de Robert Kennedy, que estaba dispuesto a cambiar el país; me recriminaron que cómo me atrevía a mostrar aquello... Y mira, poco después, Obama fue electo presidente. En realidad, Bobby estuvo inspirada en la carrera de Obama hacia la presidencia.


-En The Way tienes un pequeño papel. Y, por lo general, en tus películas siempre tienes una breve aparición. Sin embargo, ¿piensas volver a actuar? -Creo que sí... (risas) Tengo un par de


cosas, pero primero estoy concentrado en The Way. Bobby fue muy bien recibida, y espero que eso pase también con ésta. The Way es una producción independien- te y lo único que queremos es que la gente la vaya a ver.


-Se puede imaginar que esta película ha sido también una oportunidad para volver a tus raíces, ya que tus abuelos vienen de Galicia. ¿Lograste descubrir ese gallego que llevas dentro? -Cuando me molesto, sale ese galle-


go (risas) En los últimos seis años, trans- formé el patio de mi casa; ahora tengo una huerta, hago mi propio vino, tengo unas gallinas... Sesenta por ciento de la comida que consumimos en casa es de nuestra propia cosecha. No tengo ningún tipo de entrenamiento en eso, nunca fui a la escuela a aprenderlo y nadie me lo enseñó. Siempre me había preguntado de dónde me venía eso. Cuando fui a Espa- ña y vi en Galicia que mucha gente tiene esa misma costumbre, me di cuenta de que mi abuelo siempre había estado a mi lado, en mi corazón, guiándome de algu- na manera. Hace bien recordar de dónde viene mi ADN. Mi hijo, que ahora vive en Burgos con


su esposa, es un verdadero español, y la gente que lo ve nunca pensaría que cre- ció en California. ¿Si se ha encontrado a sí mismo allá...? Creo que sí.


-Y en tu caso, ¿te has encontrado a ti mismo? -Creo que aún estoy buscando mi


camino. Me encantaría hacer El Camino, experimentar lo que se ve en los rostros de los peregrinos, pero tengo que encon- trar el tiempo para eso.


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