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casos y rostros


fono para escuchar su nombre desde el mismísimo estudio. Para Merci, quien actualmente se


dedica a ser la manager y productora de su esposo, Ilan Chester, la clave para entretener a los niños fue la honestidad y la naturalidad. “Presentarse a los niños tal cual éramos fue nuestro secreto y eso no funciona sólo con los niños, sino con el público en general. Los seres humanos rechazamos lo falso, aunque no quera- mos darnos cuenta y la televisión se haya convertido en una fábrica de siliconas”. En cuanto a las satisfacciones que


generaron ambos programas, Merci ase- gura extrañar la experiencia y agrade- ce por ella a Dios a diario. “Si te digo que hubo algo que no disfruté, mentiría. Quizás hubo momentos en los que nos sentíamos físicamente agotados, pero el humor y la buena disposición siempre nos acompañaron”. Actualmente, Raúl González conduce


el programa Despierta América de la cade- na Univisión. La dupla que formó junto a Merci quedó grabada en la memoria de los jóvenes televidentes, debido a la per- sonalidad de los animadores y de la com- plicidad que existía entre ambos. “Raúl es un ser sumamente talentoso y agudo a la vez. No nos tomó mucho conocer los tiempos de cada uno, los cambios y las señas. Hacer un programa en vivo de dos horas diarios es fascinante, pero a su vez


‘el vivo’ es impredecible. Creo que fui- mos una llave de combinación perfecta, humildemente (risas)”. Si quien lee estas páginas siente nos-


talgia de ese tipo de programas que apro- vechaba la energía infinita de los niños, no pierda las esperanzas de volverlos a ver en la pantalla venezolana. Al res- pecto, Merci asegura que todavía hay cabida para shows como Chamokrópolis y Supercrópolis. “Considero que la tele- visión venezolana está pasando por épo- cas muy difíciles de presupuesto, pero sigue siendo una ventana para entre- tener, informar y educar tanto a niños como a adultos. Habría que modernizar los formatos, pero estoy segura de que funcionaría de nuevo”.


Narices coloradas Aunque los payasos siempre han des-


pertado pasiones encontradas –unos los amaron, otros les temían-, no puede negarse que alcanzaron su mayor popu- laridad en la década de los años ochenta, cuando sus coloridos ropajes, sus pelu- cas eléctricas y su simpático maquillaje


léala en www.revistasaladeespera.com


invadieron los televisores y las emisoras del país. En este caso, el talento venezo- lano se impuso en el resto de Latinoamé- rica, pues en muchos casos estos ídolos infantiles fueron recibidos con los bra- zos abiertos por los niños de otros países. Uno de los ejemplos más representati- vos es el de las Payasitas Nifu Nifa, agru- pación creada en 1984 por Gianna Lodi, licenciada en Psicopedagogía. No había fiesta infantil que se respe-


tara que no tuviese alguna de las cancio- nes de las payasitas de fondo; no había chipilín que no supiese el baile y la letra del “Kikiki-cococo” o del “Alibombo” (ya popularizado por Enrique y Ana). Para las niñas, “Regálame tu foto” y “Enamo- rada yo de ti” eran canciones que refle- jaban la emoción de los primeros coque- teos con los niños, mientras que “Dale a la piñata” inyectaba alegría a los chamos para lograr que una lluvia de chucherías cayera sobre sus cabezas en las fiestas. Las payasitas Nifu Nifa ostentan


el récord de ser las artistas infantiles con más trayectoria discográfica en el mundo. En 22 años ininterrumpidos, han logrado 22 producciones discográficas, muchas de ellas merecedoras de discos de oro y platino. Han sido premiadas con


galardones locales como el Ronda, Mara y el Meridiano de Oro. Poseen un disco en francés (grabado en Québec, Canadá), tuvieron su propio espacio dominical en la radio y una fuerte presencia en diver- sas fiestas de empresas y clubes sociales. Su fama se ha extendido por Latinoamé- rica y el Caribe, siendo muy conocidas en Panamá, México y Estados Unidos. Y si hablamos de maquillaje, no pode-


mos olvidar al querido Juan Corazón, ese emblemático personaje que lucía un corazón en su ojo izquierdo y que can- taba y bailaba en la década de los años ochenta. Aprender las vocales junto a este carismático productor se hacía más llevadero, a la vez que escuchar las ale- gres notas de “Sácale la punta al lápiz” y


“Quiero tener un hermanito” revelaban los deseos más sinceros de los niños. “Debo confesar que el ser payaso no


era lo que más me gustaba (risas). En una oportunidad, me vestí de payaso y traté de animar la fiesta de cumpleaños de mi sobrina Fiorella, de cinco años. Fue antes de imaginar siquiera que sería Juan Corazón, ¡¡y creo que lo hice muy mal!! En algún momento me quité el vestuario y salí frustrado del lugar. En ese momento, descubrí que tener una rutina de paya-


Septiembre 2010 | | 23


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